LISTA DE TAREAS PARA RADICALIZAR MI FE

 


Estar atento a la presencia de Dios en todos los aspectos de mi vida, como consecuencia buscar agradarlo con todo lo que hago.

Estar atento a la presencia de mi ángel de la guarda, evitar contristarlo

Radicalizarme en la conversión, no volver a cometer pecado mortal en ninguna circunstancia, esforzarme por no cometer pecados veniales y evitar hasta las faltas más pequeñas.  Estar atento a ser diligente en el servicio, en el culto a Dios y en el trato a mí prójimo,

Aspirar a los puestos más altos del cielo, vivir haciendo el bien, la mayor cantidad de bien, a los demás.

Ser fiel a las enseñanzas de Jesucristo y de su Iglesia, conocer el credo y vivirlo, en consecuencia, observar lo dispuesto en el Catecismo, estar atentos a las palabras de Cristo plasmadas en los Evangelios, en el magisterio, en las vidas de los santos, y ser fiel con las enseñanzas recibidas de mis padres, antepasados y maestros que me trasmitieron la fe para vivirla como la recibí.

Pedir a diario y varias veces durante el día la asistencia del Espíritu Santo para ser espiritual y no de la carne, tal y como se me pide en la carta a los Gálatas, para que sea capaz de privilegiar las obras del espíritu sobre las de la carne siempre.

Someterme a Dios, como dice Santiago 4,7, en su carta, “así que sométanse a Dios.  Resistan al diablo, y huirá de ustedes”.

este someterse consiste en: 

1.  Confiar totalmente en que Dios cuida bien de mí, incluso cuando las cosas son horribles en mi vida.

2.  Decirle a Dios, tan a menudo como sea posible, que lo amo.

3.  Pedirle a Dios que tome mi voluntad y la aplaste y que, en su lugar, ponga Su Santa Voluntad.

4.  Pedirle a Dios que derrita mi corazón en Su Sagrado Corazón, para que pueda llegar a ser humilde, casto, amoroso y valiente, como Él.

5.  Orar día a día para ser cada vez más como Jesús, con el poder del Espíritu Santo.

6.  Pedir humildemente la intercesión de los santos en el cielo y de las almas en el purgatorio por el bienestar de mi familia, amigos, enemigos y parientes políticos.

7.  Empezar rezando por las santas almas del purgatorio, por los pobres pecadores en la tierra, y por los enfermos y los moribundos.

8.  Practicar las obras corporales y espirituales de misericordia. Dios nos habló de esto en Mateo 25: 31-46.

9.  Desarrollar una fuerte devoción a la Virgen María igual que Jesús la tiene.

10.  Arrodillarme frente al Tabernáculo con más frecuencia.

11.  Leer y estudiar las Escrituras todos los días.

12.  Portarme de tal manera que los demás me vean como un testigos de Jesús, es decir honrar mi nombre de católico portándome como tal.  Es decir, no solo ser católico sino parecer serlo.

13. Crear grupos de oración y de estudio, organizar conferencias sobre la enseñanza de la Iglesia en todos los temas.

14. seguir cada vez más la vida ejemplar de los Santos y de los mártires,

 

EL SANTO ROSARIO Y LA INDULGENCIA PLENARIA

 


Hacer el Rosario en la capilla, antes de misa, y no hacerlo para ganar la indulgencia plenaria es una falta de caridad grande porque al ganarla podríamos aplicarla a una alma y sacarla del purgatorio.  Todos los días del año podríamos sacar una alma del purgatorio.

Cuando se peca se producen dos consecuencias la culpa y la pena, de la primera nos libramos arrepintiéndonos y confesando, de la segunda mediante el cumplimiento de la penitencia recibida de parte del confesor para satisfacerla, muchas veces quedamos como deudores de la pena temporal del pecado que se ha de satisfacer, bien en la vida terrena, o bien, en la otra vida, es decir en el purgatorio.

EL Papa como administrador de las llaves de la Iglesia con poder para atar y desatar en el cielo y en la tierra toma los méritos infinitos de Nuestro Señor Jesucristo, de la santísima Virgen María y de todos los santos y permite aplicarlos para la remisión de la pena temporal del pecado, de nosotros los pecadores, esto se conoce como las indulgencias.

En el texto “Enchiridion indulgentiarum” o manual de las indulgencias de Pablo VI de 1968 se especifican cuales son y como se pueden obtener.

7. Son dignas de especial mención las concesiones que se refieren a algunas obras, enriquecidas con indulgencia plenaria, con las cuales el fiel cristiano puede ganarla todos los días del año, quedando en pie la norma 18 § 1, según la cual sólo puede ganarse una indulgencia al día:

            a.  —la adoración del Santísimo Sacramento durante al menos media hora (conc. 7 § 1, 1.°);

b. —el piadoso ejercicio del Via Crucis (conc. 13, 2.°);

c. —el rezo del Rosario mariano o del himno Akhátistos en una iglesia o un oratorio, o en familia, en una comunidad religiosa, en una asociación piadosa y, en general, siempre que varios fieles se reúnan para un buen fin (conc. 17 § 1, 1.° y conc. 23 § 1);

d. —la lectura piadosa de la Sagrada Escritura durante al menos media hora (conc. 30).

17. Plegarias a la Santísima Virgen María

 § 1. Se concede indulgencia plenaria al fiel cristiano que

   1. (29) rece devotamente el Rosario mariano en una iglesia u oratorio, o en familia, en una comunidad religiosa, en una asociación piadosa y, en general, en cualquier reunión de fieles;

(el Rosario es el más importante de los ejercicios piadosos en honor de la Santísima Virgen María).

  2. se una devotamente al rezo de esta plegaria llevado a cabo por el Sumo Pontífice y retransmitida por radio o por televisión.

Fuera de estas circunstancias, la indulgencia será parcial.

El Rosario es una determinada manera de orar en la que distinguimos veinte decenas de Avemarías, intercalando la oración del Señor, y meditando piadosamente en cada una de estas decenas los misterios de nuestra redención. Sin embargo, se introdujo la costumbre de llamar también Rosario a una cuarta parte del mismo.

Respecto a la indulgencia plenaria, se establece lo siguiente:

  a) Basta el rezo de sólo una cuarta parte del Rosario; pero las cinco decenas deben rezarse seguidas.

  b) A la oración vocal hay que añadir la piadosa meditación de los misterios.

  c) En el rezo público, los misterios deben enunciarse de acuerdo con la costumbre admitida en cada lugar; en el rezo privado, basta con que el fiel cristiano junte a la oración vocal la meditación de los misterios.

Norma 7. Para ganar la indulgencia plenaria se requiere la ejecución de la obra enriquecida con la indulgencia y el cumplimiento de las tres condiciones siguientes: la confesión sacramental, la comunión eucarística y la oración por las intenciones del Romano Pontífice. Se requiere además, que se excluya todo afecto al pecado, incluso venial.

Norma 8. Las tres condiciones pueden cumplirse algunos días antes o después de la ejecución de la obra prescrita; sin embargo, es conveniente que la comunión y la oración por las intenciones del Sumo Pontífice se realicen el mismo día en que se haga la obra.

Norma 9. Con una sola confesión sacramental se pueden ganar muchas indulgencias plenarias; en cambio, con una sola comunión eucarística y con una sola oración por las intenciones del Sumo Pontífice solamente se puede ganar una indulgencia plenaria.

Norma 10. La condición de orar por las intenciones del Sumo Pontífice se cumple plenamente recitando un Padrenuestro y un Ave María por sus intenciones; aunque cada fiel puede rezar otra oración, según su devoción y piedad por el Romano Pontífice.

Cuando para obtener la indulgencia se prescribe orar por las intenciones del Papa, se ha entendido siempre que las intenciones del Papa por las que se pide son: (i) La propagación de la fe, (ii) el retorno de los herejes, apóstatas y cismáticos a la verdadera fe, (iii) la paz de la Iglesia y las naciones, (iv) la conversión de los pecadores y (v) la perseverancia de los justos.

5 razones por las que un católico debe formarse en la fe.

1. Porque conociendo la fe se le ama

“Conocer nuestra fe para amarla, porque nadie ama lo que no conoce. Los católicos debemos conocer los contenidos de nuestra fe, porque la fe no es esencialmente un sentimiento sino que es la adhesión de todo nuestro ser a un conjunto de verdades”, explicó Echandía.
Por lo tanto, añadió, “debemos para ello conocer a fondo la fe de la iglesia. La fe que no se conoce, no se ama”.
2. Porque aprendemos a vivir cristianamente
Si queremos servir al Señor y amar a la Iglesia debemos esforzarnos por formarnos integralmente ¿Cómo podemos vivir cristianamente si no sabemos lo que es nuestro cristianismo? Esta formación no puede ser superficial sino encarnada e integral. Conocer y amar para vivir.
3. Porque debemos dar razón de nuestras creencias
El experto manifestó que para compartir nuestra fe debemos aprender a dar razón de lo que creemos.
“San Pedro invitaba a los cristianos a que ‘estén siempre dispuestos a dar a todos los que le pidan la razón de su esperanza’ (1 Pe 3,15). Estas palabras también se aplican a nosotros. Mostrar nuestra convicción con argumentos”, precisó.
4. Porque nos permite defendernos
La formación del cristiano es especialmente necesaria en nuestro tiempo ya que vivimos en un ambiente contrario a la fe. Se atacan nuestras creencias y valores a través de la prensa, el gobierno de turno, etc.
5. Porque nos ayuda a dialogar con aquellos que están alejados de la Iglesia
Finalmente, aseguró que formarnos ayudará al diálogo con los hermanos separados y de otras religiones.
“La mejor manera de dialogar es saber bien cuál es nuestra fe y saber encontrar los puntos que tenemos en común y los que nos diferencian”, concluyó el experto.

GERONIMO EL APACHE ERA CATÓLICO Y HABLABA EN ESPAÑOL

 Gerónimo, el legendario líder apache, era católico y hablaba español

Estamos acostumbrados a ver en los Western de Hollywood que en la conquista del Viejo Oeste, las caravanas debían enfrentar un territorio inhóspito plagado de tribus salvajes que pronunciaban gritos ininteligibles mientras se llevaban la mano a la boca.
Pero estas películas olvidan que para la conquista del “salvaje oeste” ya habían pasado cientos de años de convivencia entre aquellas etnias y el dominio español primero y la República mexicana después.
Las primeras expediciones españolas a Kansas, el cañón del Colorado y el sudoeste del actual Estados Unidos, datan de 1540 encabezadas por Vasquez de Coronado. Este territorio ya tenía unos 3 siglos de tradición hispana para la época de Buffalo Bill, Toro Sentado, Gerónimo y la fiebre del oro del siglo XIX.
Por ello, no es de sorprender que en la zona ya se hablaba el español y muchos de sus habitantes se habían convertido al cristianismo, uno de ellos, el legendario Gerónimo, según ha sido revelado en el reciente descubrimiento de las partidas de bautizo de Gerónimo y sus padres (Apaches. Fantasmas de Sierra Madre, M. Rojas, 2008).
La leyenda de Gerónimo nace después de sobrevivir una incursión de militares mexicanos en su campamento. Desde ese día empezó a escuchar a los espíritus que le pedían defender la vida de su pueblo. Entonces encabezaría una serie de ataques contra el ejército mexicano y colonos que luego desembocaban en una fuga imposible. Los apaches y mexicanos afirmaban que no era un simple mortal y él mismo llegó a decir que no existía bala capaz de matarle.
Una y otra vez lo atraparon y en todas lograba fugarse acrecentando más su leyenda. Lo llegaron a perseguir hasta 5000 soldados estadounidenses y 3000 mexicanos.
Según el mexicano Alvaro Enrigue (Ahora me rindo y esto es todo), Gerónimo era más mexicano que la “salsa verde” y la colonización no encontró un salvaje Oeste lleno de tribus hostiles sino un mundo hispano mestizo donde el Virreinato de Nueva España había reconocido su derecho de propiedad sobre la tierra que luego negaron los colonos estadounidenses, apoyados por una República de México luchaba por consolidarse luego de su independencia.
Una vez más, el imaginario colectivo es formado por las fantasías de Hollywood antes de la verdad histórica, una Historia hispanomestiza que pareciera quieren borrar.
Fuente: El silencio tiene un precio, María Elvira Roca Barea, 2018

LA IGLESIA NO CONDENA LA VIDA MILITAR

 "Lo cierto es que ni Cristo ni los apóstoles condenaron la vida militar. Y si todo el Antiguo Testamento está recorrido por paradigmas heroicos de recio perfil épico, es el mismo Cristo Nuestro Señor, ya en la plenitud del Nuevo Testamento, el que anuncia una vez y para siempre, que no ha venido al mundo a traer la paz, sino la espada (Mt. 10,34). Y es el mismo Cristo, al que la tradición eclesial supo representar en la figura de un guerrero, el que a la hora de poner un ejemplo perdurable de Fe, lo encuentra en un centurión romano. Y no justamente porque éste hubiera abdicado de

su estilo castrense, sino precisamente, porque proyectó en su adhesión a Dios, la misma disciplina, el mismo sentido jerárquico, la misma actitud obediencial y reverente que en su conducta de soldado: "Señor, no soy digno de que entres en mi casa. Por eso, ni me he atrevido ir a Ti. Di una sola palabra y mi siervo quedará curado. Porque yo, que soy hombre sujeto al mando, tengo a mis órdenes soldados, y digo a éste: Ve, y va; y a otro: Ven, y viene; y a mi siervo: haz esto, y lo hace. Al oírlo, Jesús se maravilló de él y volviéndose a la multitud que le seguía dijo: Os digo que ni en Israel he encontrado fe como esta" (Lc 7, 1-10).


Así, a despecho de tanto sentimentalismo pacifista, este centurión, tal vez el primer caballero cristiano de la historia, se convierte en ejemplo digno de imitación. Y siguen siendo sus palabras las que decimos antes de recibir la Sagrada Forma: "Señor, yo no soy digno de que entres en mi casa..." Es igualmente cierto que soldados fueron los miembros de la guarnición de Cesárea, en la costa del Mediterráneo, que colaboraron con Pedro cuando éste va a evangelizar más allá de Palestina (Hechos 10, 1-48). Como soldados son los amigos de Pablo en Filipos, con los que se construye la primera comunidad cristiana de Europa (Hechos 61, 25-34)


Y serán hombres de armas infinidad de santos, reyes, mártires y papas que a lo largo de veinte siglos ofrendaron sus vidas para mejor gloria de Dios. Porque la Iglesia no es esa "mugrienta pereza disfrazada de idealismo", ni la milonga y los ósculos vagabundos, ni los cánticos sensibleros y las palomas de la ONU. La Iglesia es Lepanto y las Cruzadas, es Covadonga y Roncesvalles, es el Alcázar de Toledo y la Gesta de los Cristeros. Es la legión de capellanes repartiendo escapularios a la tropa. Es el Rosario en el campo de batalla y la empuñadura en Cruz de los sables enhiestos...


"Cruz y Fierro, la tradición cristiana desde su origen reunía el ascetismo y la Caballería en equilibrio de sapiencia humana." 


— J. Norberto Ferro/ Prólogo a "La Caballería" por Alfredo Sáenz S. J.

FORMAS DE PENITENCIA INTERIOR: AYUNO Y ABSTINENCIA

Para lograr el arrepentimiento, alejarse del pecado y volverse a Dios, se es necesario alguna forma de penitencia, sin la cual al Cristiano le es difícil permanecer en el camino angosto y ser salvado ( Jer 18:11, 25:5; Ez 18:30, 33:11-15; Jl 2:12; Mt 3:2; Mt 4:17; He 2:38 ). Cristo mismo dijo que sus discípulos ayunarían una vez que El partiera (Lc 5:35). La ley general de la penitencia, por ello, es parte de la ley de Dios para el hombre.


La Iglesia por su parte ha especificado ciertas formas de penitencia, para asegurarse de que los católicos hagan algo, como lo requiere la ley divina, y a la vez hacerle más fácil al católico cumplir la obligación. El Código de Derecho Canónico de 1983 que específica las obligaciones de los Católicos de Rito Latino ( Los Católicos de Rito Oriental tienen sus propias prácticas penitenciales como se especifica en el Código Canónico de las Iglesias Orientales ).


Canon 1250 En la Iglesia universal, son días y tiempos penitenciales todos los viernes del año y el tiempo de cuaresma.

Canon 1251 Todos los viernes, a no ser que coincidan con una solemnidad, debe guardarse la abstinencia de carne o de otro alimento que haya determinado la Conferencia Episcopal; ayuno y abstinencia se guardarán el Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo.

Canon 1252 La ley de la abstinencia obliga a los que han cumplido catorce años; la del ayuno, a todos los mayores de edad, hasta que hayan cumplido cincuenta y nueve años. Cuiden sin embargo los pastores de almas y los padres de que también se formen en un auténtico espíritu de penitencia quienes, por no haber alcanzado la edad, no están obligados al ayuno o a la abstinencia.

Canon 1253 La Conferencia Episcopal puede determinar con más detalle el modo de observar el ayuno y la abstinencia, así como sustituirlos en todo o en parte por otras formas de penitencia, sobre todo por obras de caridad y prácticas de piedad.

La Iglesia tiene por lo tanto, dos formas oficiales de prácticas penitenciales - tres si se incluye el ayuno Eucarístico de una hora antes de la Comunión.


Abstinencia 

La ley de abstinencia exige a un católico de 14 años de edad y hasta su muerte, a abstenerse de comer carne los Viernes en honor a la Pasión de Jesús el Viernes Santo. La carne es considerada carne y órganos de mamíferos y aves de corral. También se encuentran prohibidas las sopas y cremas de ellos. Peces de mar y de agua dulce, anfibios, reptiles y mariscos son permitidos, así como productos derivados de animales como margarina y gelatina sin sabor a carne. Los Viernes fuera de Cuaresma, la Conferencia de Obispos de USA obtuvo permiso de la Santa Sede para que los Católicos en los Estados Unidos pudieran sustituir esta penitencia por un acto de caridad o algún otro de su propia escogencia. Ellos deben llevar a cabo alguna práctica de caridad o penitencia en estos Viernes. Para la mayoría de las personas la práctica más sencilla para cumplir con constancia, sería la tradicional de abstenerse de comer carne todos los Viernes del año. En Cuaresma la abstinencia de comer carne los Viernes es obligatoria en Estados Unidos así como en otro lugar.


Ayuno 

La ley de ayuno requiere que el católico desde los 18 hasta los 59 años reduzca la cantidad de comida usual. La Iglesia define esto como una comida más dos comidas pequeñas que sumadas no sobrepasen la comida principal en cantidad. Este ayuno es obligatorio el Miercoles de Ceniza y el Viernes Santo. El ayuno se rompe si se come entre comidas o se toma algún líquido que es considerado comida (batidos, pero no leche). Bebidas alcohólicas no rompen el ayuno; pero parecieran contrarias al espíritu de hacer penitencia. 

Aquellos excluídos del ayuno y la abstinencia Aparte de los ya excluídos por su edad, aquellos que tienen problemas mentales, los enfermos, los frágiles, mujeres en estado o que alimentan a los bebés de acuerdo a la alimentación que necesitan para criar, obreros de acuerdo a su necesidad, invitados a comidas que no pueden excusarse sin ofender gravemente causando enemistad u otras situaciones morales o imposibilidad física de mantener el ayuno.

Aparte de estos requisitos mínimos penitenciales, los Católicos son motivados a imponerse algunas penitencias personales a si mismos en ciertas oportunidades. Pueden ser modeladas basadas en la penitencia y el ayuno. Una persona puede por ejemplo, aumentar el número de días de la abstención. Algunas personas dejan completamente de comer carne por motivos religiosos (en oposición de aquellos que lo hacen por razones de salud u otros). Algunas ordenes religiosas nunca comen carne. Igualmente, uno pudiera hacer más ayuno que el requerido. La Iglesia primitiva practicaba el ayuno los Miércoles y Sábados. Este ayuno podía ser igual a la ley de la Iglesia (una comida más otras dos pequeñas) o aún más estricto, como pan y agua. Este ayuno libremente escogido puede consistir en abstenerse de algo que a uno le gusta- dulces, refrescos, cigarillo, ese cocktail antes de la cena etc. Esto se le deja a cada individuo.

Una consideración final. Antes que nada estamos obligados a cumplir con nuestras obligaciones en la vida. Cualquier abstención que nos impida seriamente llevar adelante nuestro trabajo como estudiantes, empleados o parientes serían contrarias a la voluntad de Dios.

LA IGLESIA CATÓLICA ES LO MÁS GRANDE DEL MUNDO

 «No hay en el mundo nada más grande que la Iglesia Católica. A pesar de las terribles persecuciones que ha padecido, en los casi dos mil años que lleva de existencia, siempre ha triunfado. No ha habido religión más perseguida, ni tampoco más victoriosa. Los grandes imperios y los crueles perseguidores han pasado, pero ella sigue en pie. Es que Cristo le prometió que duraría hasta el fin del mundo, y que los poderes del infierno nunca podrían vencerla . La Iglesia podrá ser combatida, pero jamás será vencida.


Muchos perseguidores de la Iglesia han afirmado que acabarían para siempre con ella. Sin embargo, ellos fueron los que acabaron; no la Iglesia. Lo mismo ocurrirá con todos los perseguidores del presente y del futuro.


Los emperadores romanos, Nerón, Decio y Diocleciano, martirizaron a miles de cristianos.


Ellos tres están en la tumba, y el cristianismo sigue en pie dos mil años después. También Hitler y Stalin quisieron acabar con el catolicismo. Ellos están en la tumba, y la Iglesia Católica sigue en pie.


Lo mismo pasará con los que hoy combaten a la Iglesia en España [y en todas las partes del mundo]. Todos ellos irán a la tumba y la Iglesia quedará en pie, pues Cristo ha prometido que ella durará hasta el fin de los tiempos, y contra Dios no puede nadie»


-Para Salvarte, P. Jorge Loring SJ.

EVANGELIZACIÓN DEL TERRITORIO GRINGO

 “Nuevo Méjico y Arizona, verdaderos países de maravillas de los Estados Unidos, fueron descubiertos, como es sabido, en 1539, por aquel misionero español a quien todos los jóvenes americanos debieran recordar con veneración: Fray Marcos de Nizza (…). Nuevo Méjico fue por espacio de trescientos cincuenta años, y lo es aún hoy día, en su mayor parte un páramo salpicado de unos pocos pequeños oasis (…), cientos de miles de millas cuadradas donde el viajero fácilmente muere de sed y donde todos los años hay infelices víctimas de ese horrendo martirio (…). Cuando el colono o el misionero español salía de Nueva España para atravesar un desierto de mil millas y sin caminos, con rumbo a Nuevo Méjico, su vida se hallaba en constante riesgo, y no pasaba un día en que no se hallase en peligro en aquella provincia salvaje. Si conseguía no morir de sed o de hambre durante el camino; si no perecía a manos de los apaches, se instalaba en el vasto erial, lejos de cualquier otro hogar de gente blanca. Si era misionero, se quedaba, por regla general, solo con un rebaño de centenares de indios (…).

Los varios sacerdotes que Coronado llevó consigo a Nuevo Méjico, en 1540, hicieron muy buena labor catequista; pero pronto fueron muertos por los indios (…). Los españoles, por lo que toca a la construcción de hogares, se vieron limitados, por las imposiciones del desierto, al valle del Río Grande (…), pero sus misioneros no reconocieron ese límite. Donde las colonias no podían vivir, ellos podían orar y enseñar, y muy pronto empezaron a penetrar en los desiertos que se extienden a gran distancia a ambos lados de aquella estrecha faja de tierra colonizable. En Zuni, muy al oeste del río, y a trescientas millas de Santa fe, los misioneros se habían establecido ya por el año 1629 (…). Los misioneros también cruzaron las montañas del este del Río Grande, y establecieron misiones entre los Pueblos que vivían al borde de las grandes llanuras (…). Las iglesias de Cuaray, Abó y Cabirá son las ruinas más grandiosas que hay en los Estados Unidos, y mucho más hermosas que muchas que los americanos van a admirar al extranjero (…). Un siglo antes del nacimiento de los Estados Unidos, habían construido los españoles, en uno de nuestros territorios, medio centenar de iglesias permanentes, casi todas de piedra, y casi todas expresamente para beneficio de los indios. Esa labor de los misioneros no ha tenido igual en ningún otro punto de los Estados Unidos hasta el presente; y en todo el país no habíamos construido en aquel tiempo tantas iglesias para nosotros mismos.

Una ojeada a la vida de los misioneros que iban a Nuevo Méjico por entonces, antes de hubiese quien predicase en inglés en todo el hemisferio de occidente, presenta rasgos que fascinan a cuantos admiran el heroísmo solitario, que no necesita ni aplauso ni espectadores para mantenerse vivo. Ser valiente en campo de batalla o en casos de excitación parecida es muy fácil; pero es cosa muy distinta hacer una heroicidad cuando nadie la presencia y en medio, no tan sólo de peligros sino de toda clase de penalidades y obstáculos (…). Llegado al Nuevo Méjico después de una peligrosa jornada, el misionero se dirigía a Santa Fe. Allí su superior no tardaba en designarle una parroquia, y volviendo la espalda a la pequeña colonia de sus compatriotas, el buen fraile recorría a cien cincuenta, cien, o trescientas millas, según el caso, hasta llegar a su nuevo y desconocido puesto. Algunas veces le acompañaba una escolta de tres o cuatro soldados españoles; pero a menudo tenía que hacer aquel peligroso recorrido enteramente solo. Sus nuevos feligreses lo recibían unas veces con una lluvia de flechas, y otras con un hosco silencio. Él no podía hablarles, y tampoco ellos a él, y lo primero que tenía que hacer era aprender su extraña lengua (…) Si decidían matarle, le era imposible hacer resistencia. Si rehusaban darle alimento, tenía que morirse de hambre (…) No creo que la historia presente otro cuadro de tan absoluta soledad, desamparo y desconsuelo como era la vida de aquellos mártires desconocidos, y por lo que toca a peligros, no ha habido hombre alguno que los haya arrostrado mayores (…). Y no eran pocas sus tareas. No tan sólo tenía que convertir a aquellos paganos al cristianismo, sino además enseñarles a leer y escribir, a cultivar mejor sus tierras y, en general, a trocar su barbarie por la civilización (…) Veinte diferentes poblaciones asesinaron a sus respectivos misioneros. Algunas reincidieron en el crimen varias veces. Hasta el año 1700, cuarenta de esos pacíficos héroes grises habían sido inmolados pro los indios en Nuevo Méjico (…) .

En 1629, Fray Juan Ramírez salió solo de Santa Fe para fundar una misión en la encumbrada ciudad de Acoma. Se le ofreció una escolta de soldados, pero él la rehusó y salió a pie, enteramente solo y sin más armas que su crucifijo. Recorriendo con dificultad su penoso y arriesgado camino, llegó al cabo de muchos días al pie de la gran isla de roca, y empezó el ascenso. En cuanto los indios vieron a una persona extraña, corrieron hasta el borde del risco y le lanzaron una lluvia de flechas, algunas de las cuales atravesaron su hábito. En aquel momento, una niña de Acoma, que estaba en el mismo borde de la ingente roca, se asustó y perdiendo el equilibrio se despeñó. Pero quiso la Providencia que sólo cayese unas cuantas yardas sobre un reborde arenoso cerca de donde estaba Fray Juan, y donde no podían verlos los indios, quienes supusieron que había caído hasta la sima. Fray Juan se acercó a recogerla y la llevó sana y salva hasta arriba, y al ver este aparente milagro, los salvajes quedaron desarmados y lo recibieron como a un mago. El buen hombre vivió solo en Acoma más de veinte años, amado por los naturales como un padre, y enseñando a sus conversos con tanto éxito, que con el tiempo muchos de ellos sabían el catecismo y podían leer y escribir en español. Además, bajo su dirección y con muchísimo trabajo construyeron una gran iglesia. Cuando murió, en 1664, los acomas, que habían sido los indios más feroces, llegaron a ser los más dóciles de Nuevo Méjico y los más adelantados en civilización. Pero pocos años después de su muerte, ocurrió el levantamientos de los indios Pueblo, y durante las largas y desastrosas guerras que se siguieron, fue destruida la iglesia y desaparecieron, en gran parte, los frutos del trabajo del valiente Fray Juan. En aquella rebelión, Fray Lucas Maldonado, que era entonces misionero en Acoma, fue asesinado por su rebaño el diez o el once de agosto de 1680 (…).

Conviene no perder de vista un hecho muy importante. No tan sólo llevaron a cabo esos maestros españoles una obra de catequesis como no se ha realizado en parte alguna, sino que, además, contribuyeron grandemente a aumentar los conocimientos humanos. Había entre ellos algunos de los más notables historiadores que América ha tenido, y eran contados entre los hombres más doctos en todos los ramos del saber, especialmente en el estudio de las lenguas. No eran menos cronistas, sino versados en las antigüedades del país, en sus artes y en sus costumbres” Charles F. Lummis.

DOMINIO PROPIO

Pero para un cristiano, esta cualidad va mucho más allá de controlar nuestro temperamento. Para un cristiano, el dominio propio se trata de resistir la tentación de quebrantar la ley de Dios (incluyendo perder los estribos) y reaccionar ante otros sin demostrar el fruto del Espíritu Santo en nuestros pensamientos y acciones. Toda acción comienza en la mente y, por lo tanto, tener dominio propio implica tener control absoluto de nosotros mismos, “llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo” (2 Corintios 10:5).
Nuestra naturaleza humana siempre nos dirá que el pecado es “natural”. En Romanos 7:23, Pablo describe esta tendencia como “otra ley en mis miembros, que se rebela contra la ley de mi mente, y que me lleva cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros”.
Debemos recordar que lo “natural” es parte de este mundo que está temporalmente gobernado por Satanás el diablo (2 Corintios 4:3-4) y, como cristianos, reconocemos que el dominio propio incluye abstenernos del mal de este mundo.

El Papa es la cabeza visible de la Iglesia

La Iglesia tiene una cabeza visible que es el Romano Pontífice  a quien Dios entregó las llaves del Reino de los Cielos y dio una autoridad suprema de tal manera que lo que el Papa ata en la tierra será atado en el cielo, y lo que desata en la tierra será desatado en el cielo; Cristo puso al Papa como centro de unidad y de Gobierno y le confió la misión de apacentar no solo a los fieles, sino a los demás pastores, es decir, a los Obispos.  Es doctrina esencial de los protestantes  rechazar rotundamente el primado de jurisdicción del Romano pontífice, a quien desde la época de Lutero se le llama el Anticristo en persona. 

Cristo instituyó una sociedad jerárquica, en la que dotó a los Apóstoles de la triple potestad; de orden, de magisterio y de jurisdicción para regir a los cristianos.  Esta potestad fue trasmitida a sus sucesores.  Esto es una verdad de Fe enseñada por León XIII y definida por el concilio Vaticano I. es decir que es obligatorio creerlo.

La Iglesia es el reino de Dios en la tierra, el cual recibirá su plenitud en el cielo.  Cristo lo compara con el redil, alrededor del cual habrán de congregarse todos los hombres, hasta constituir un solo redil bajo el cuidado de un solo pastor (San Juan X,16)

La identificación del reino de Dios, que Cristo vino a predicar con la Iglesia, aparece claramente en las palabras con las cuales Jesús prometió a San Pedro el primado de Jurisdicción: “Yo te digo a ti que eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia… Yo te daré las llaves del reino de los cielos y cuanto atares en la tierra será atado en los cielos, y cuanto desatares en la tierra será desatado en los cielos (San Mateo 16, 18,19)

Pero, ¿cómo alcanza el hombre el reino de Cristo?  El hombre para alcanzar el Reino de Cristo en el Cielo, necesita pertenecer al Reino de Cristo en la tierra, o sea, a la Iglesia y practicar la vida cristiana que le ha sido comunicada con el bautismo y para cuya conservación es necesario recibir la Sagrada Eucaristía: “En verdad, en verdad os digo que si no coméis la carne del hijo del Hombre y no bebéis su sangre, no tendréis vida en vosotros”… EL que come de este pan vivirá para siempre (San Juan 6, 53 y 58).

Hay quienes juzgan que pueden dividir la unidad de la doctrina cristina y que se puede creer y practicar algo de la Religión y que es lícito no creerla ni practicarla toda, y así, toman del cristianismo, no lo que este prescribe, tanto en sus dogmas, como en sus preceptos, sino lo que a ellos acomoda.  ¿Es, acaso este, una especie de disfraz con el cual se pretende cumplir una clase de ateísmo?

Muchos de los que conservan un sentimiento religioso y algo de piedad, en la práctica no consideran como un negocio de importancia vivir cristianamente.

No bastan las creencias floja e indecisas en un Dios vagamente definido; no basta practicar el bien de la manera que cada uno lo entiende; no basta ser honrado y virtuoso a la manera que lo son los que no tienen fe; ni basta invocar para ello el dictamen de la razón y de la propia conciencia, porque esto, a pesar de las apariencias de rectitud y buena intención, no pasa de der un racionalismo orgulloso, que no quiere ley superior para la creencia y las para las costumbres.

La religión en sí no puede partirse, ni mutilarse.  La doctrina de Cristo forma un todo, tanto en sus dogmas como en sus preceptos, que es indivisible.  Por lo tanto no es posible servir a dos señores: a Dios y al mundo.

Jesucristo instituyó una sociedad jerárquica y visible que llamó Iglesia, a  la que confió su misión divina.

Se dice que para que alguno pueda llamarse fundador de una sociedad se requiere que: convoque a una multitud; que los una mediante la designación de un fin común;  que establezca los medos necesarios para conseguir ese fin; y que, cree una autoridad como principio de unión.  Pues bien,  Nuestro Señor Jesucristo, cumplió con estas condiciones:  (i) Convocó una multitud “Enseñad a todas las gentes” (San Mateo 28, 19); (ii) Señaló un fin común y sobrenatural, que es la salvación del alma: “El que creyere y fuere bautizado se salvará”, (San Marcos 16,16); Instituyó medios aptos para alcanzar este fin: aceptar la doctrina y recibir los sacramentos: “el que creyere y fuere bautizado se salvará”, (San Marcos 16,16); y, (iv)  designó e instituyó la autoridad: “Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra: Id, pues, enseñad a todas las gentes”… (San Mateo 28, 18,19).  “Como me envió mi Padre, así os envío yo”, dijo a los Apóstoles. San Juan 20,21 “El que a vosotros oye a mí me oye, y el que a vosotros desecha, a mí me desecha…  (San Lucas 10, 16.

Con toda razón se puede decir que Cristo es el fundador de una sociedad a la cual Él mismo llamó Iglesia.  Esta sociedad, es jerárquica, es decir que en ella una persona, o un conjunto de personas ejercen el imperio o sea la autoridad.

Hay tres jerarquías, todas presentes en la Iglesia: la de orden, para ejercer los actos que buscan la santificación de las almas, el culto y los sacramentos; la de magisterio, para enseñar a los fieles las verdades que se refieren a la fe y a las costumbres; y, la de jurisdicción, la de jurisdicción que es la potestad sagrada de gobernar a los fieles.

Laa Jerarquía de jurisdicción está compuesta por el Romano Pontífice, que gobierna toda la Iglesia, los Obispos que gobiernan las diócesis con sujeción al Romano Pontífice y los Párrocos que gobiernan las parroquias con sujeción a sus respectivos Obispos.

Cristo dio esta potestad a la Iglesia cuando dijo a los Apóstoles:

1. “El que os recibe a vosotros a mí me recibe, y el que me recibe a mí recibe al que me envió” (San Mateo 10, 40)  a Contrario Sensu,  el que no los recibe, no recibe a Jesús, y no recibe al que lo envió, o sea al Padre. 

2.  “El que a vosotros oye, a mí me oye y el que a vosotros desecha a mí me desecha, y el que me desecha a mí desecha al que me envió” (San Lucas 10, 16), a Contrario Sensu…

3. Pero además Cristo empeñó su palabra a los Apóstoles, haciéndose solidario con ellos en el ejercicio de su autoridad.  “En verdad os digo, cuanto atareis en la tierra será atado en el cielo, y cuanto desatareis en la tierra será desatado en el cielo” (San Mateo 18,18).

No olvidemos que atar y desatar en el lenguaje rabínico significa prohibir y permitir.

4. Cristo también dio a la Iglesia la potestad de dirimir las controversias, así hablando de la corrección fraterna  ordena que se haga particularmente, luego delante de testigos y, finalmente, “si los desoyere, comunícalo a la Iglesia y si a la Iglesia desoyere sea para ti como gentil o publicano” (Sn Mateo 18, 15,17). Considerar a una persona gentil o publicano es excluirla de la comunidad de los fieles

5. Finalmente,  Cristo prometió a San Pedro, después de que el Apóstol hizo una confesión pública de su divinidad darle la potestad de gobernar a toda la Iglesia “Yo te daré las llaves del reino de los cielos y cuanto ates (prohíbas) en la tierra será atado en los cielos y cuanto desatares (permitas) en la tierra será desatado en los cielos, (san Mateo 16,19.

No somos las ovejas las encargadas de decir sin el Papa lo es, o no lo es, por supuesto que tenemos que conocer nuestra Fe, y la doctrina que nos enseñó Cristo y tenemos el Sensus Fidei y tantas cosas que ayudan al discernimiento, tenemos la obligación de pedir al pastor que explique y se corrija dónde veamos que hay un error.

Última consideración, ¿por qué tener tanto miedo a la Divina Providencia?  ¿No está acaso Dios pendiente de cada cosa que nos pasa a cada uno de nosotros?, ¿no estará al tanto de lo que ocurre en su Santa Iglesia? Vale la pena recordar la doctrina de Cristo acerca de la Divina Providencia.

Dios vela por los suyos y tiene una especial Providencia sobre cada uno de nosotros y de nuestras cosas, sin escapársele ni un detalle: “Aún los cabellos de vuestra cabeza están contados todos…” “pero no se perderá un solo cabello de vuestra cabeza…” (San Lucas 12,7 y 21,18).

Mirad las aves del cielo no siembran, ni siegan, ni encierran en graneros, y vuestro Padre celestial las alimenta…  mirad los lirios del campo cómo crecen; no se fatigan, ni hilan… Pues si la hierba del campo que hoy es y mañana es arrojada al fuego, Dios así la viste, ¿no hará mucho más con vosotros, hombres de poca fe? (San Mateo 6, 26-31).

PERSECUSIÓN A LOS CRISTIANOS DE VERDAD, ES DECIR A LOS CATÓLICOS


Durante los primeros 300 años de la Iglesia todos los papas fueron santos y casi todos mártires. Que diferencia con lo que tenemos hoy en día. Con la cruz indicados los mártires

+San Pedro (+67). –San Lino (+76). +San Anacleto (+88). +San Clemente I (+97). –San Evaristo (+105). –San Alejandro I (+115). –San Sixto I (+125). +San Telesforo (+136). +San Higinio (+140). +San Pío I (+155). +San Aniceto (+166). +San Sotero (+175). +San Eleuterio (+189). +San Víctor I (+199). +San Ceferino (+217). +San Calixto (+222). +San Urbano (+230). –San Ponciano (+235). +San Anterus (+235). +San Fabián (+250). +San Cornelio (+253). +San Lucio I (+254). +San Esteban I (+257). +San Sixto II (+258). –San Dionisio (+268). –San Félix I (+274). +San Eutiquiano (+283). +San Cayo (+296). +San Marcelino (+304). +San Marcelo I (+309). +San Eusebio (+309). Con la conversión del emperador Constantino (312-337) cesan las persecuciones y logra la Iglesia la libertad civil.

Tácito hablando de la persecución de Nerón contra los Cristianos Católicos: «A su suplicio se unió el escarnio, de manera que perecían desgarrados por los perros tras haberlos hecho cubrirse con pieles de fieras. O bien clavados en cruces, al caer el día, [untados de brea] eran quemados de manera que sirvieran como iluminación durante la noche». Fueron tales los tormentos que llegaron a suscitar compasión y horror en el mismo pueblo romano. «Entonces –sigue diciendo Tácito– se manifestó un sentimiento de piedad, aun tratándose de gente merecedora de los más ejemplares castigos, porque se veía que eran eliminados no por el bien público, sino para satisfacer la crueldad de un individuo», Nerón. Y la persecución no terminó en aquel fatal verano del 64, sino que continuó hasta el año 67.

«En verdad, en verdad os digo que si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, quedará solo; pero si muere, llevará mucho fruto» (Jn 12,24).

En el año 197 escribe Tertuliano: «La sangre [de los mártires] es semilla de los cristianos» (sanguis martyrum semen christianorum: Apologeticum 50,13). Por ese mismo tiempo se escribe en una carta de autor anónimo al pagano Diogneto: «¿No ves cómo [los cristianos] son arrojados a las fieras para obligarles a renegar de su Señor, y no son vencidos? ¿No ves cómo, cuanto más se los castiga de muerte, en mayor cantidad aparecen otros? Eso ya se ve que no es obra de hombres; eso pertenece al poder de Dios; eso son pruebas de su presencia» (VII,7­8). Por esos años también, Hipólito Romano escribe durante la persecución de Septimio Severo, que un gran número de hombres, atraídos a la fe por medio de los mártires, se convertían a su vez en mártires (cf. Com. sobre Daniel II, 38).

Los cristianos denunciaban con su testimonio y también con su palabra los vergonzosos pecados que invadían a los hombres de su tiempo, que habían llegado a ver los peores vicios como excelsas virtudes (Rm 1). Se negaban a participar en los cultos del Imperio: preferían la muerte, antes que quemar unos granitos de incienso ante la estatua del emperador divinizado. Y aunque en nada accidental se distinguían de sus contemporáneos, y eran los más cumplidores de las leyes, se diferenciaban claramente de la sociedad vigente, porque NO ADMITÍAN EN ABSOLUTO ABORTOS O INFANTICIDIOS, DIVORCIOS, CONCUBINATOS Y ADULTERIOS, ESPECTÁCULOS INDECENTES Y CRUELES, Y SE DISTANCIABAN INCLUSO DE COSTUMBRES POR TODOS ACEPTADAS, como las termas… Y para colmo, en todo el Imperio se multiplicaban en una cantidad alarmante. El pueblo, estimulado por los políticos y los intelectuales, fue creando siniestras calumnias, que hacían ver a los cristianos como «un pueblo miseriable y odioso».

El Imperio romano perseguía sobre todo los cuerpos por la violencia. Pero el Mundo actual apóstata, usando más la seducción que la fuerza, procura la destrucción de la Iglesia por la corrupción de las almas, por el engaño de la mentira, por la estimulación multiforme del pecado, por la destrucción del matrimonio y de la familia, por la depravación de niños, adolescentes y jóvenes, por la sistemática negación de Dios y de la vida eterna. La apocalíptica Bestia anti-Cristo del mundo moderno, guardando cierta discreción en los modos, persigue implacablemente todo lo cristiano con la complicidad poderosa de los Grandes Organismos Internacionales.

Tres datos fundamentales.
1.       La Iglesia de nuestro tiempo ha tenido innumerables mártires. De los 40 millones de mártires habidos en toda la historia de la Iglesia, cerca de 27 millones son del siglo XX (Symposium «Testigos de la fe en el s. XX, Roma 2000). Es muy difícil en tal asunto hacer una estadística segura. Antonio Socci, en el libro I nuovi perseguitati (2002), estima en 70 millones los cristianos mártires, de los cuales 45 millones (el 65%) serían del siglo XX. Y a la vez:

2.       En veinte siglos de su historia, la historia de la Iglesia nunca ha tenido una cantidad de apostasías comparable con el actual, tanto en número como en extensión. No pocas Iglesias locales se han visto reducidas en no muchas décadas a la mitad o a un quinto de lo que eran. Incontables cristianos han apostatado de la fe en Cristo, quizá sin enterarse. Despreciando los mandamientos del Señor, han aceptado el sello de la Bestia en su frente y en su mano –en el pensamiento y la acción– (Ap 13,16-17). Se han alejado masivamente de la Eucaristía, y aún más de la Penitencia. Es decir, han abandonado la unión sacramental con Cristo y la vida de la gracia. No pueden ya, en estas condiciones, vivir la vida cristiana, ni mucho menos transmitirla a sus hijos.

3.       La persecución del naturalismo liberal y relativista contra la Iglesia es en nuestro tiempo mucho más fuerte y eficaz que la de los primeros siglos. El Imperio romano era para los cristianos un perro de mal genio, con el que se podía convivir a veces, aunque en cualquier momento podía morder, comparado con el león terrible del Mundo moderno apóstata: éste pretende destruir la Iglesia física y espiritualmente, desde fuera y desde dentro. Y es lógico que así sea: corruptio optimi pessima.

Los católicos teocéntricos, es decir que orbitan, giran, dependen de Dios: ...Por eso, al combatir el mal y al promover el bien bajo la acción de la gracia, no temen verse marginados, encarcelados o muertos. Llegada la persecución –que en uno u otro modo es continua en el mundo–, ni se les pasa por la mente pensar que aquella fidelidad martirial, que pueda traerles desprecios, marginaciones, empobrecimientos, desprestigios y disminuciones sociales o incluso la pérdida de sus vidas, va a frenar la causa del Reino en este mundo. Muy al contrario, están ciertos de que la docilidad incondicional a la gracia de Dios es lo más fecundo para la evangelización del mundo, aunque eventualmente pueda traer consigo proscripciones sociales, penalidades y muerte. Están, pues, prontos para el martirio.

Los católicos antropocéntricos, es decir los que orbitan en torno de sí mismos, los falsos cristianos: ...En consecuencia, rehuyen el martirio en conciencia, como sea, en cualquiera de sus formas. Procuran por todos los medios estar bien situados y considerados en el mundo, aunque esto exija hacerse más o menos cómplices, al menos pasivos, de las abominaciones mundanas. Así, estando a bien con el mundo, podrán servir mejor al Reino de Dios en la vida presente. Esperan que, «salvando su vida» en este mundo, conseguirán que su parte humana colabore mejor y más eficazmente con la parte de Dios en el servicio al Reino.

Por último, La Iglesia voluntarista, puesta en el mundo en el trance del Bautista, es decir de tener que dar razón de su fe, se dice a sí misma: «no le diré la verdad al rey, pues si lo hago, me cortará la cabeza, y sin ella no podré seguir evangelizando. Yo debo proteger ante todo el ministerio profético que Dios me ha confiado». ¡Cuántos Obispos, párrocos, teólogos, padres de familia, políticos, profesores, misioneros, laicos comprometidos y feligreses de toda índole piensan y actúan así! Por el contrario, sabiendo que la salvación del mundo la obra Dios, la Iglesia, la Iglesia verdadera de Cristo, dice y hace la verdad, sin miedo a verse pobre y marginada. Y entonces es cuando, sufriendo persecución, evangeliza al mundo y crece más y más: «no te es lícito tener la mujer de tu hermano» (Mt 14,1-12).

El horror a la Cruz ha llegado a expresarse en teología y espiritualidad: «Dios nos quiso la cruz de Cristo», «El Padre celestial no necesita para perdonar a sus hijos verlos afligidos por penalidades voluntarias», etc. Los santos de nuestro tiempo han conocido la perversidad de estas doctrinas. Edith Stein, Santa Benedicta de la Cruz, escribe: «Los seguidores del Anticristo… deshonran la imagen de la cruz y se esfuerzan todo lo posible para arrancar la cruz del corazón de los cristianos. Y muy frecuentemente lo consiguen, incluso entre los que», etc. (Exaltación de la Cruz, meditación 14-IX-1939).

–Hoy los cristianos fieles a Cristo son mártires del mundo y también mártires de aquella Iglesia local descristianizada en donde la providencia del Señor les ha dado vivir. Los fieles de Misa dominical, oración y sacramentos, apostolado y espíritu de pobreza (no gastos superfluos, para poder acordarse de los pobres y de la Iglesia), castidad juvenil y conyugal (no anticonceptivos), que «no se configuran a este siglo», es decir, al pecado del mundo (lujo, culto al cuerpo, a la riqueza, al poder político, impudor en vestir, espectáculos, ocasiones próximas de pecado, malas doctrinas y costumbres, uso abusivo de los medios de comunicación, etc.), sino que, por el contrario, procuran «transformarse por la renovación de la mente, procurando conocer cuál es en todo la voluntad de Dios» (Rm 12,2), son doblemente mártires, pues sufren la persecución del mundo y la de su Iglesia local. Por supuesto, la más dolorosa es la persecución que sufren de la Iglesia.

Los tiempos se terminan y el Fin se acerca. Cristo Viene! 

Viva Cristo Rey


ORACIÓN DE RENUNCIA Y ROMPIMIENTO DE ATADURAS INTERGENERACIONALES


En tu nombre Jesucristo, yo (___________________) de manera personal y a nombre de mis antepasados desde la quinceava generación (15) generación en línea materna y paterna pido perdón por los pecados con que ellos y yo hemos ofendido a un Dios tan bueno y Señor si muchos de mis ancestros se encuentran en un estado purgativo te pido que por medio de la intersección poderosa de la Siempre Virgen María y de estas Eucaristías se rompan, se anulen, se destruyan  toda las maldiciones heredadas en mí y en mi familia en la generación presente y futuras

Pido perdón por todas las  prácticas  ocultistas realizadas por mí y por mis antepasados como:

Conjuros, encantamientos, Experiencia extra corporal, Gnosticismo  (proyección astral), Tabla ouija, Mal de ojo, Orinoterapia, Hechizos o maldiciones, Participación en  Sectas satánicas, Control mental,  Escritura automática,  Trances,  Guías espirituales, Lectura del: Tabaco, cartas, cigarrillo, (hojas de té, chocolate etc.),  Cartas Tarot,  Levitación, Magia, Numerología, sortilegios es decir apuestas, juegos de carta etc, Lectura de manos o quiromancia, Astrología, horóscopos, Sesiones de espiritismo,  Magia blanca negra, roja, Pactos de sangre, Objetos de adoración cristales, cuarzos, amuletos para la buena suerte, Supersticiones, Mormonismo (santos de los últimos días),  Testigos de Jehová, Nueva Era (libros, objetos, seminarios, medicinas etc.),  Masonería,  Ciencia de la mente, Iglesia de la unificación (Moonies), Control mental Silva, Meditación Transcendental, Hare Krishna, Yoga, Metafísica (libros y practicas), José Gregorio Hernández (invocación), Matas de sábila u otras,  Herraduras en la puertas, Baños, riegos, sahumerios, bebedizos y  otros, Películas pornográficas, juegos por computadora ocultistas que evocan al maligno, Hipnosis, clarividencia,  Encuentros con ovnis, Orientalismo, Ekekos, Música: Rock, Nueva era, Metálica, Ritos sahumerios, baños, bebedizos, Androginia, Antroposofía, Chamanismo, Channeling (canalización), Conciencia planetaria, Cristales, Eneagrama, Era de Acuario, Esoterismo, Feng-shui, Gran Hermandad Blanca, Hermetismo, Holismo, Monismo, Movimiento del Potencial Humano, Neopaganismo, Música New Age, Ocultismo, Mensaje Subliminal, Panteísmo, Parapsicología, Pensamiento Nuevo, Pensamiento Positivo, vudú
Psicología profunda, Rebirthing: (v. Renacer), Reencarnación, Teosofía, Wicca, sacerdotes negros, obispos negros, iluministas, telequinesis, regresiones, desdoblamientos astrales, sacrilegios humanos y animales, rituales demoniacos, consagraciones realizadas a personas de la familia al demonio.   

En el nombre de Jesús reprendo, rompo y libero y Renuncio a Satanás, a todas sus fascinaciones, seducciones y mentiras. Renuncio a toda práctica de brujería, magia blanca, negra, de cualquier color, santería, hechicería o vudú. Renuncio a toda limpia con huevo, yerbas, bálsamos, vino, sangre o fuego. Renuncio a todo pacto, reto, sello, alianza o consagración al demonio; a conjuros, perjuros, maleficios e invocaciones diabólicas.

En el nombre de Jesús reprendo, rompo libero y renuncio a toda maldición, mal deseo, envidia, odio, rencor, ruina, miseria económica,  resentimiento, codicia, avaricia, soborno, robo, fraude, despojo o enriquecimiento ilícito. Renuncio a todo acto de orgullo, soberbia, prepotencia, vanidad y egolatría. Renuncio a todo rito de iniciación chamánica, espiritista, espiritualista, masonería, filosofía rosacruz, dianética y a toda secta o sociedad secreta.

En el nombre de Jesús reprendo, rompo libero y renuncio a todo conocimiento de la nueva era, creencia en la re-encarnación, esoterismo, metafísica, meditación trascendental, yoga, a todo acto de curanderismo, a las operaciones espirituales, hipnotismo con regresiones, baños con flores, especies, yerbas, sangre de animales o humana o con otras substancias con fines mágicos.

En el nombre de Jesús reprendo, rompo libero y renuncio a toda lujuria, aborto, adulterio, homosexualidad, bisexualidad, lesbianismo, masturbación, travestismo, sexo oculto, sexo ilícito, imaginaciones asquerosas, esterilidad, fantasías sexuales, frigidez, impotencia, desnudez, promiscuidad, el ligar       incesto, violación, pornografía, bestialismo, promiscuidad y prostitución. A todo lo que yo y mis antepasados hayan hecho ilícitamente para controlar, nulificar o desbordar mi sexualidad, espíritus íncubos y súcubos, lascivia, obscenidad, amor al dinero, sadismo, sodomía, masoquismo, lujuria de la sangre, lujuria de los ojos, lujuria de la carne. Lujuria que salga de los órganos del sexo, de los labios, de la lengua, de los brotes del gusto, de la garganta y de la mente, orgías, celos.    

En el nombre de Jesús pido perdón por mí y por mis antepasados, reprendo, rompo libero y renuncio al culto y veneración a la llamada "santa muerte" o al vampirismo, a todo encantamiento, invocación y evocación de muertos, a espíritus custodios, guardianes, cósmicos, protectores, espías, vigilantes, a seres espirituales nombrados "maestros de sabiduría", o a cualquier otro ser maléfico en forma oculta o manifiesta.

En el nombre de Jesús pido perdón por mí y por mis antepasados, reprendo, rompo libero y renuncio a todo acto o juego de mediumnidad, a la ouija, al control mental, al manejo del péndulo, a instrumentos para encontrar "tesoros ocultos" o dinero enterrado. Renuncio también a toda clase de adivinación, sortilegio, lectura de cartas, café y caracoles, a toda forma de astrología, horóscopos o cartas astrales, tarot

En el nombre de Jesús pido perdón por mí y por mis antepasados, reprendo, rompo libero y renuncio a los amuletos y talismanes, a las herraduras, pirámides, cuarzos, imanes, agujas, sábilas o ajos con moños rojos, imágenes de santos mezcladas con tierra de panteón, velas y veladoras de colores "curadas", fetiches y representaciones de mi persona de cualquier material y forma que se encuentren enterrados o sean manipulados por mí mismo y mis antepasados.

En el nombre de Jesús pido perdón por mí y por mis antepasados, reprendo, rompo libero y renuncio  a toda forma  equivocada de "medicina alternativa" que bajo engaños haya ritualizado mi ser al demonio. En el nombre de Jesús, renuncio a toda comida o bebida mezclada con brujería que haya yo ingerido, y a todo lo que haya sido tirado, rociado o untado en mi cuerpo, ropa, zapatos, casa, trabajo, negocio o cualquier pertenencia u objeto que esté cercano a mí, que haya sido maldecido o consagrado al mal.

Pido perdón por todos los pecados que originaron enfermedades traídas por maldición sobre mí y sobre mi familia. En el nombre de Jesús reprendo, rompo libero y renuncio y echo fuera de mí de mi familia,  esta generación y de las futuras todo espíritu de traición, destrucción, muerte, esclavitud, ausencia de Dios, miseria, mendicidad, soltería, infelicidad matrimonial, viudez, orfandad, amargura, envejecimiento o muerte prematura, persecución, problemas con las leyes o la justicia humana, esterilidad, humillación, rechazo, insomnio, deseos de suicidio, aislamiento, locura, soledad, neurosis, depresión, obsesión, asma, enfermedades bronquiales, órganos que no funcional (páncreas, venas, corazón, oídos espalda, huesos, hígados, riñones etc)  esc   miedo, angustia, debilidad, enfermedades crónicas (diabetes, hipertensión, infartos)invalidez, ceguera, sordera, mudez, falta de olfato, imposibilidad de saborear la comida, insensibilidad, celos, inconformidad, incapacidad para vivir, conseguir o conservar un trabajo, una pareja, un matrimonio o una familia, la desesperación , odio de padre/madre, odio al esposo/a obstinación infantil, violencia, guerra lucha, hiperactividad locura, miseria y condenación corazón roto la esquizofrenia, abortos, infanticidio, fratricidio, venganza, celos, lengua indomable, liberación y actividad de la mujer, holgazanería, odio a las mujeres, madre, esposa, miedo de mujer, miedo de hombres, odió de si mismo, desaliento fatal de coraje de valores, exilios ociosidad, dejadez, divorcios destierros, desheredación,  no gozo del fruto del trabajo,  soledad.  

Ruego por la curación de cualquier desequilibrio o daño del cerebro de químicos y neuronas. 

En el nombre de Jesús reprendo, rompo libero y renuncio y echo fuera de mí, de mi familia, de esta generación y de las futuras todo espíritu  de alcoholismo o de cualquier otra adicción, de mal carácter, de falta de memoria, de falta de control y dominio de mi ser, irrealidad, inconsciencia, envidia, abandono, gula, suciedad, desorden, malos olores crónicos en mi cuerpo, ropa o casa, de falta de fe, esperanza y caridad, de falta de interés en la vida, de desprecio a la eucaristía y de aborrecimiento o flojera para tener vida de oración, apego a las drogas, al alcohol, síndrome alcohólico .

Corto a través de la Sangre de Cristo, destruyo y nulifico los medios a través de los cuales fueron hechos los daños antes mencionados, si fueron veladoras, fotos, ropa, tijeras, agujas, fetiches, entierros, lo que haya sido.

En el nombre de Jesús reprendo, rompo libero y renuncio a lo que en forma consciente o inconsciente haya yo hecho y mis antepasados para obtener poderes, dinero, éxito, buena suerte o pretender saber el futuro, o bien para conseguir el amor y la salud propios o ajenos, o tener dominio y control sobre personas, objetos, animales, lugares, espíritus y fuerzas de la naturaleza.

Pido perdón al Señor por todos los pecados míos y mis antepasados por dañar a otras personas en sus bienes materiales y espirituales, robos, homicidios, atracos, envidias, calumnias, critica, mentira, difamación, división, maldecir, traición, arrogancia, terquedad, superioridad, inferioridad, engaño, mañosidad, caprichos, tibieza, rechazo a la autoridad de Dios, furia, epilepsia, venganzas, odios desear l mal, vanidades, orgullo, soberbia, crecer mas que los demás humillándolos, mal genios, mal trato a otras razas y etnias. Nulifico los efectos de cualquier práctica contraria al compromiso adquirido a través de mi bautismo, de fidelidad y reconocimiento a Jesucristo como mi único Salvador, a los Sacramentos, a la Virgen María y a la iglesia católica.

Pido perdón al Señor por todos los pecados míos y por los de mis antepasados, por no pagar impuestos, diezmos, amor al dinero, avaricia, codicia, hurto, robo escalas injustas pobreza, carencia, polilla moho, pestes en los campos.

Pido perdón al Señor por todos los pecados míos y de mis antepasados por no honrar a Padre y Madre, trabajar el día de descaso dedicado al Señor, por no santificar las fiestas de guarda, deshonesto en el trabajo.

A lo que impida el ejercicio de mi sentido común, capacidad de juicio, entendimiento y voluntad. Echo fuera de mí, de esta generación y de las generaciones futuras  todo aquello con lo que haya intentado sustituir el amor y la confianza de Jesús. Renuncio al rechazo de mis padres desde el instante de mi concepción y durante mi vida en el seno materno. Renuncio al mal que me causaron por intentar abortarme: con yerbas, sustancias químicas o con objetos punzo cortantes. Renuncio a todo el rencor que tengo si fui dado en adopción o abandonado sin haber conocido a mis padres biológicos o a maldiciones recibidas durante mi gestación.

Nulifico por las llagas de Jesús todo mandato de fracaso, muerte en vida y suicidio que hay en mí por estas causas, la incapacidad para aceptar el amor de Dios, para aceptarme a mí mismo o a las personas, para estudiar, trabajar y ser feliz.

En el nombre de Jesús reprendo, rompo libero y renuncio a todo lo que sea contrario a la salud, el respeto y la dignidad que como templo del Espíritu Santo, necesita todo mi ser y que esté impidiendo relacionarme con Dios, conmigo mismo (a), con mi entorno en una forma sana, tener una familia unida y un trabajo digno y bien remunerado.

Porque Jesucristo se manifestó para deshacer las obras del diablo: habiendo denunciado, renunciado y echado fuera de mí todos los espíritus del mal, los envío atados y amordazados a los pies de la Santa Cruz y les prohíbo regresar.

Habiendo nulificado todos los efectos, causas y consecuencias, tomo autoridad, en el nombre de Jesús, para que caigan todos los bloqueos, tinieblas y barrer, las que satanás construyó a mi alrededor y le ordenó a todo ser demoníaco que despojó a mi familia o a mí mismo ___________ que nos devuelva, lo que nos quitó.

Padre Santo, te lo ruego, sana toda mi vida, perdona a mis antepasado y dales el descanso eterno, libera a mis  toda mi historia personal, perdóname, ayúdame, libérame, bendíceme. Padre Dios, acepto que Tú seas mi Padre, Jesucristo mi Hermano, la Virgen María mi Madre, porque hoy, yo (__________) les pertenezco para siempre. A través de Tu Santo Espíritu, guíame para la reparación de todas las faltas que cometí y enséñame a amar Tu Voluntad.

Gracias Padre. Amén