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LAS INDULGENCIAS (SEGUNDA PARTE)


Cómo se dijo la indulgencia es la remisión ante Dios de la pena temporal por los pecados ya borrados en cuanto a la culpa, que el fiel cristiano, debidamente dispuesto y cumpliendo unas ciertas y determinadas condiciones, consigue por mediación de la Iglesia, la cual, como administradora de la redención, distribuye y aplica con autoridad el tesoro de las satisfacciones de Cristo y de los santos.
Puede ser parcial o plena; según libre en parte o en todo de la pena temporal debida por los pecados.
La obra prescrita para la obtención de una indulgencia plenaria aneja a una iglesia u oratorio consiste en la visita piadosa a este lugar, rezando el Padrenuestro y el Credo, a no ser que en algún caso especial se establezcan otras condiciones.
Para ganar una indulgencia plenaria, además de la exclusión de todo afecto a cualquier pecado, incluso venial, se requiere la ejecución de la obra enriquecida con indulgencia y el cumplimiento de tres condiciones, que son: la confesión sacramental, la comunión eucarística y la oración por las intenciones del Sumo Pontífice.
Con una sola confesión sacramental, pueden ganarse varias indulgencias plenarias; en cambio, con una sola comunión eucarística y una oración por las intenciones del Sumo Pontífice sólo se gana una indulgencia plenaria.
Las tres condiciones pueden cumplirse unos días antes o después de la ejecución de la obra prescrita:  pero conviene que la comunión y la oración por las intenciones del Sumo Pontífice se realicen el mismo día en que se cumple la obra.
La condición de orar por las intenciones del Sumo Pontífice se cumple si se reza según su intención un solo Padrenuestro y Avemaría; pero se concede a cada fiel la facultad de rezar cualquier otra fórmula, según su piedad y devoción.
Una obra que deba cumplirse por ley o por precepto no puede ser indulgenciada, a no ser que en la concesión se diga expresamente lo contrario; pero el que cumple una obra impuesta como penitencia sacramental, y que al mismo tiempo está indulgenciada, puede satisfacer la penitencia y ganar las indulgencias al mismo tiempo.
La indulgencia aneja a una oración puede ganarse cualquiera que sea el idioma en que se rece la oración, con tal de que conste la fidelidad de la traducción por declaración de la Sagrada Penitenciaría o de alguno de los Ordinarios o jerarcas de los lugares donde es habitual la lengua a la que se ha traducido la oración.
Para ganar las indulgencias, es suficiente rezar la oración alternando con otro o siguiéndola mentalmente mientras otro la reza.
TRES CONCESIONES GENERALES
I. Se concede indulgencia parcial al fiel cristiano que, en el cumplimiento de sus obligaciones y en el sufrimiento de las dificultades de la vida, eleva su alma a Dios con humilde confianza, añadiendo -aunque sólo sea mentalmente- alguna piadosa invocación.
Con esta primera concesión los fieles cristianos son como llevados de la mano a cumplir el mandato de Cristo:  "Hay que orar siempre sin desanimarse", y al mismo tiempo se les enseña a cumplir las propias obligaciones de manera que conserven y aumenten la unión con Cristo.
Mt 7, 7-8: Pedid y se os dará, buscad y encontraréis, llamad y se os abrirá; porque quien pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre.
Mt 26, 41: Velad y orad para no caer en la tentación.
Lc 21, 34-36: Tened cuidado: no se os embote la mente con los agobios de la vida... Estad siempre despiertos, pidiendo fuerza.
Hch 2, 42: Eran constantes en escuchar la enseñanza de los apóstoles, en la vida común, en la fracción del pan y en las oraciones.
Rm 12, 12: Que la esperanza os tenga alegres, estad firmes en la tribulación, sed asiduos en la oración.
4 Le 18, 1.
1 Co 10, 31: Cuando comáis o bebáis o hagáis cualquier otra cosa, hacedlo todo para gloria de Dios.
Ef 6, 18: Orad en toda ocasión con la ayuda del Espíritu. Tened vigilias en que oréis con constancia por todos los santos.
Col 3, 17: Todo lo que de palabra o de obra realicéis, sea todo en nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él.
Col 4, 2: Sed constantes en la oración; que ella os mantenga en vela, dando gracias a Dios.
1 Ts 5, 17-18: Sed constantes en orar. Dad gracias en toda ocasión.
Concilio Vaticano II, Constitución dogmática Lumen gentium sobre la Iglesia, núm. 41: Todos los fieles cristianos, en las condiciones, ocupaciones o circunstancias de su vida, y a través de todo eso, se santificarán cada día más si lo aceptan todo con fe de la mano del Padre celestial y colaboran con la voluntad divina, haciendo manifiesta a todos, incluso en su dedicación a las tareas temporales, la caridad con que Dios amó al mundo.
Concilio Vaticano II, Decreto Apostolicam actuositatem, sobre el apostolado de los laicos, núm. 4: Esta vida de unión íntima con Cristo en la Iglesia se nutre con los auxilios espirituales... Los seglares deben servirse de estos auxilios de tal forma que, al cumplir como es debido las obligaciones del mundo en las circunstancias ordinarias de la vida, no separen la unión con Cristo de su vida personal, sino que crezcan intensamente en ella, realizando sus tareas según la voluntad de Dios... Ni las preocupaciones familiares ni los demás negocios temporales deben ser ajenos a esta orientación espiritual de la vida, según el aviso del apóstol: "Todo lo que de palabra o de obra realicéis, sea todo en nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él".
5Col .1, 17.
Concilio Vaticano II, Constitución pastoral Gaudium et spes, sobre la Iglesia en el mundo actual, núm. 43: La separación entre la fe que profesan y la vida cotidiana de muchos debe ser considerada como uno de los errores más graves de nuestro tiempo... Por consiguiente, no deben oponerse falsamente entre sí las actividades profesionales y sociales, por una parte, y la vida religiosa por otra... Siguiendo el ejemplo de Cristo, que ejercitó un trabajo manual, alégrense más bien los cristianos de poder ejercer todas sus actividades terrestres, uniendo en una síntesis vital los esfuerzos humanos, domésticos, profesionales, científicos o técnicos con los bienes religiosos, bajo cuya altísima ordenación todo se coordina para la gloria de Dios.
II. Se concede indulgencia parcial al fiel cristiano que, movido por el espíritu de fe, se entrega a sí mismo o sus bienes, con sentimientos de misericordia, al servicio de los hermanos necesitados.
Con la concesión de esta indulgencia, se incita al fiel cristiano a que, siguiendo el ejemplo y el mandamiento de Cristo Jesús, practique con más frecuencia obras de caridad o misericordia.
Sin embargo, no se enriquecen con indulgencia todas las obras de caridad, sino tan sólo las que se hacen "al servicio de los hermanos necesitados", como son los que carecen de comida o vestido para el cuerpo, o de instrucción o consuelo para el espíritu.
Mt 25, 35-36. 40: Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me hospedasteis, estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme... Os aseguro que cada vez que lo hicisteis con uno de éstos, mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis.'
Jn 13, 34-35: Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros, como yo os he amado; amaos también entre vosotros. La señal por la que conocerán todos que sois discípulos míos será que os améis unos a otros.
Rm 12, 8. 10-11. 13: El que se encarga de la distribución, hágalo con generosidad... el que reparte la limosna, con agrado... Como buenos hermanos, sed cariñosos unos con otros, estimando a los demás más que a uno mismo. En la actividad, no seáis descuidados; en el espíritu, manteneos ardientes. Servid constantemente al Señor... Contribuid en las necesidades de los santos; practicad la hospitalidad.
1 Co 13, 3: Podría repartir en limosnas todo lo que tengo..., si no tengo amor, de nada me sirve.
Ga 6, 10: Así que, mientras tengamos oportunidad, hagamos el bien a todos, pero especialmente a nuestros hermanos en la fe.
Ef 5, 2: Vivid en el amor como Cristo os amó.
1 Ts 4, 9: Dios mismo nos ha enseñado a amarnos los unos a los otros.
Hb 13, 1: Conservad el amor fraterno.
St 1, 27: La religión pura e intachable a los ojos de Dios Padre es ésta: visitar huérfanos y viudas en sus tribulaciones y no mancharse las manos con este mundo.'
1 P 1, 22: Ahora que estáis purificados por vuestra obediencia a la verdad y habéis llegado a quereros sinceramente como hermanos, amaos unos a otros de corazón e intensamente.
1 P 3, 8-9: Procurad todos tener un mismo pensar y un mismo sentir: con afecto fraternal, con ternura, con humildad. No devolváis mal por mal o insulto por insulto; al contrario, responded con una bendición, porque para esto habéis sido llamados: para heredar una bendición.
8 Cf. St 2, 15-16.
2 P 1, 5. 7: Poned todo empeño en... la piedad... el cariño fraterno... el amor.
I Jn 3, 17-18: Si uno tiene de qué vivir y, viendo a su hermano en necesidad, le cierra sus entrañas, ¿cómo va a estar en él el amor de Dios? Hijos míos, no amemos de palabra y de boca, sino de verdad y con obras.
Concilio Vaticano II, Decreto Apostolicam actuositatem sobre el apostolado de los laicos, núm. 8: Dondequiera que haya hombres carentes de alimentos, vestido, vivienda, medicinas, trabajo, instrucción, medios necesarios para llevar una vida verdaderamente humana, o afligidos por la desgracia o por la falta de salud, o sufriendo el destierro o la cárcel, allí debe buscarlos y encontrarlos la caridad cristiana, consolarlos con diligente cuidado y ayudarles con la prestación de auxilio... Para que este ejercicio de la caridad sea verdaderamente irreprochable y aparezca como tal, es necesario ver en el prójimo la imagen de Dios, según la cual ha sido creado, y a Cristo Señor, a quien en realidad se ofrece lo que se da al necesitado.
Concilio Vaticano II, Decreto Apostolicam actuositatem sobre el apostolado de los laicos, núm. 31c: Como las obras de caridad y de misericordia ofrecen un testimonio excelente de la vida cristiana, la formación apostólica debe llevar también a la práctica de tales obras, para que los fieles cristianos aprendan desde niños a compadecerse de los hermanos y a ayudarlos generosamente cuando lo necesiten.
Concilio Vaticano II, Constitución pastoral Gaudium et spes, sobre la Iglesia en el mundo actual, conclusión, núm. 93: Los cristianos, recordando las palabras del Señor: "La señal por la que conocerán todos que sois discípulos míos será que os améis unos a otros", no pueden tener otro anhelo mayor que el de servir con creciente generosidad y con suma eficacia a los hombres de hoy... Quiere el Padre que reconozcamos y amemos efectiva-mente a Cristo, nuestro hermano, en todos los hombres, con la palabra y con las obras.
9 Jn 13, 35.
III Se concede indulgencia parcial al fiel cristiano que, con espíritu de penitencia, se priva voluntariamente de alguna cosa lícita y agradable.
Con esta tercera concesión se estimula al fiel cristiano a que, refrenando sus concupiscencias, aprenda a dominar su propio cuerpo y a identificarse con Cristo pobre y sufriente, pero la privación tendrá más valor si va unida a la caridad, según las palabras de san León Magno: "Consagremos a la virtud lo que negamos al placer. Conviértase en alimento de los pobres la abstinencia del que ayuna".
Lc 9, 23: El que quiera seguirme, que se niegue a sí mismo, cargue con su cruz cada día y se venga conmigo."
Lc 13, 5: Si no os convertís, todos pereceréis de la misma manera."
Rm 8, 13: Si con el Espíritu dais muerte a las obras del cuerpo, viviréis.
Rrn 8, 17: Sufrimos con él para ser también con él glorificados.
1 Co 9, 25-27: Un atleta se impone toda clase de privaciones.  Ellos, para ganar una corona que se marchita; nosotros, en cambio, una que no se marchita.  Por eso corro yo, pero no al azar.  boxeo, pero no contra el aire; mis golpes van a mi cuerpo y lo tengo a mi servicio...
2 Co 4, 10: En toda ocasión y por todas partes, llevamos en el cuerpo la muerte de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestro cuerpo.
2 Tm 2, 11-12: Es doctrina segura: si morimos con él, viviremos con él. Si perseveramos, reinaremos con él.
Tt 2, 12: Enseñándonos a renunciar... a los deseos mundanos y a llevar ya desde ahora una vida sobria, honrada y religiosa.
I I' 4, 13: Estad alegres cuando compartís los padecimientos de Cristo, para que, cuando se manifieste en su gloria, reboséis de gozo.
Concilio Vaticano II, Decreto Optatam totius, sobre la formación sacerdotal, núm. 9: Con singular cuidado, edúqueseles en la obediencia sacerdotal, en el tenor de vida pobre y en el espíritu de la propia abnegación, de suerte que se habitúen a renunciar con prontitud incluso a las cosas lícitas...Y a asemejarse a Cristo crucificado.
Concilio Vaticano II, Constitución dogmática Lumen gentium sobre la Iglesia, núm. 10:  Los fieles, en virtud de su sacerdocio regio, cooperan a la oblación de la Eucaristía y lo ejercen en la recepción de los Sacramentos, en la oración y acción de gracias, mediante el testimonio de una vida santa en la abnegación y caridad operante.
Concilio Vaticano II, Constitución dogmática Lumen gentium sobre la Iglesia, núm. 41:  Una misma es la santidad que cultivan en los múltiples géneros de vida y ocupaciones, todos los que son guiados por el Espíritu de Dios y, obedientes a la voz del Padre, y adorando a Dios Padre en espíritu y verdad, siguen a Cristo pobre, humilde y cargado con la cruz, a fin de merecer ser hechos partícipes de su gloria.
Constitución apostólica Paenitemini, III, c: La Iglesia exhorta a todos los fieles a que, además de las molestias y sacrificios que forman parte de la vida cotidiana, hagan caso del precepto divino de la penitencia, afligiendo también al cuerpo con algunos actos de mortificación... La Iglesia desea indicar que hay tres formas principales, recibidas de la tradición, con que puede satisfacerse el precepto divino de la penitencia, a saber, la oración, el ayuno y las obras de caridad, aunque se fije de manera especial en la abstinencia de carne y el ayuno. Estas maneras de practicar la penitencia han sido corrientes en todo tiempo, pero en nuestra época se aducen unos motivos por los cuales, según las circunstancias de cada lugar, se insiste en cierto modo de penitencia por encima de los demás. Y así, entre la gente que goza de una superior situación económica, se ha de urgir el testimonio de abnegación de manera que los fieles cristianos no se identifiquen con los criterios de este mundo, y se ha de urgir al mismo tiempo el testimonio de la caridad hacia los hermanos, incluso los que viven en países lejanos, que sufren pobreza y hambre.
OTRAS CONCESIONES
1. A estas tres concesiones se suman otras, teniendo en cuenta tanto las tradiciones del tiempo pasado como las necesidades de nuestra época, tienen un significado especial.
Todas estas concesiones se complementan mutuamente y, al mismo tiempo que con el don de la indulgencia se estimula a los fieles cristianos a realizar obras de piedad, de caridad y de penitencia, se les induce también a unirse más íntimamente por la caridad a Cristo cabeza y al cuerpo de la Iglesia.
2. Se citan algunas preces venerables por su inspiración y que son de uso generalizado, por ejemplo el Credo, Desde lo hondo, Proclama mi alma, Bajo tu protección, Dios te salve, Reina y Madre, Señor, que tu gracia, Te damos gracias.
Que se citan expresamente en su calidad de indulgencias, con el fin de evitar cualquier duda y destacar su importancia.
3. Cada una de las obras que luego se citan están indulgenciadas.  Algunas veces se declara expresamente la concesión de Indulgencia parcial.
Cf. Constitución apostólica Indulgentiarum doctrina, núm. 11.
Para ganar indulgencia plenaria, se requiere la ejecución de la obra, el cumplimiento de las tres condiciones y una plena disposición interior que excluya todo afecto pecaminoso.
-Desde luego, mi intención de ganar la Indulgencia.
-Después, que haya sido perdonado de mi culpa y de mi pena eterna mediante la Reconciliación, por eso una de las condiciones para ganar la Indulgencia es haberse confesado.
También se me pide un acto de arrepentimiento en el que manifieste que detesto el pecado.  Un arrepentimiento sincero perdona mis pecados veniales.
-Otra condición es que reciba la santa Comunión y, por lo tanto, que asista a la Santa Misa.
-Finalmente, se me pide que haga oración por las intenciones del Papa, Credo, Padre Nuestro, Avemaría y Gloria.
Si la obra enriquecida con indulgencia plenaria es susceptible de ser dividida en partes (por ejemplo, el Rosario mariano en decenas), el que por una causa razonable no realiza la obra completa puede ganar, por la parte que ha realizado, indulgencia parcial.
Son dignas de especial mención las concesiones que se refieren a algunas obras que, enriquecidas de indulgencia plenaria, el fiel cristiano puede ganar todos los días del año,
- la adoración del Santísimo Sacramento durante al menos media hora.
- la lectura piadosa de la sagrada Escritura durante al menos media hora;
- el piadoso ejercicio del vía crucis.
- el rezo del rosario mariano en una iglesia u oratorio, o en familia, en una comunidad religiosa, en una asociación piadosa.

LAS INDULGENCIAS (PRIMERA PARTE)


Últimamente he oído mucho respecto de las indulgencias, pero como ocurre con casi todas las cosas de la Iglesia hay muchas opiniones y desafortunadamente no todas son iguales, ni en la misma dirección.  Me puse a investigar y encontré, y leí, los textos oficiales donde se plasma la “doctrina oficial” sobre las indulgencias, la que me permití resumir y condensar en un par de paginitas, las siguientes:

Todos cometemos pecados, los pecados tienen consecuencias de varios órdenes, particularmente la penal temporal del pecado, para vernos completamente libres de ellas, todos, necesitamos de la misericordia de Dios.  La remisión de la pena temporal debida por los pecados ya libres de la culpa, es lo que se llama propiamente "indulgencias". 

Por disposición de Dios, todos los hombres estamos unidos por un vínculo sobrenatural, de tal suerte que mí conducta beneficia o perjudica al resto, en el caso del pecado, perjudica a todos los demás, así ocurrió con Adán, su pecado pasa a todos los hombres, pero, también, en el caso de la virtud beneficia a los demás, así, la santidad de uno aporta un beneficio para todos los demás.  Y la mayor muestra de esto se ve en Cristo, que no cometió pecado, padeció por nosotros"'; "fue herido por nuestras rebeliones, triturado por nuestros crímenes... y sus cicatrices nos curaron" y liberaron del pecado.

De acuerdo con el dogma de la comunión de los santos, "la vida de cada uno de los hijos de Dios, en Cristo y por Cristo, está unida con un nexo admirable con la vida de los demás hermanos, en la unidad sobrenatural del Cuerpo místico de Cristo, formando como una sola mística persona”.  Desde siempre los fieles cristianos se han esforzado en ayudarse mutuamente en el camino hacia el Padre celestial:  con la oración, con el testimonio de los bienes espirituales y con la expiación penitencial; cuanto más fervorosa era la caridad que los movía, más iban en pos de Cristo paciente, llevando su propia cruz en expiación de los pecados suyos y de los demás, convencidos de que podían ayudarlos ante Dios, Padre misericordioso, a conseguir la salvación."  

Este, es el tesoro de la Iglesia.  El valor infinito e inagotable que tienen ante Dios las expiaciones y merecimientos de Cristo Señor, ofrecidas para que toda la humanidad sea liberada del pecado y llegue a la comunión con el Padre.  Es el mismo Cristo redentor, en el cual se hallan con toda su eficacia las satisfacciones y merecimientos de su redención. 

A este tesoro se le suma también el valor inmenso e inconmensurable que tienen ante Dios las oraciones y las buenas obras de santa María Virgen, junto con las de todos los santos que tuvieron los merecimientos necesarios para estar en la presencia de Dios.

Además, entre quienes ya gozan de la patria celestial, Iglesia triunfante; como los que expían las culpas en el purgatorio, Iglesia purgante; y quienes aún peregrinamos por el mundo, Iglesia militante, existe un perenne vínculo de caridad y un abundante intercambio de todos los bienes, con el cual se expían todos los pecados de todo el cuerpo místico y se aplaca la justicia divina; la misericordia de Dios incita al perdón, y así los pecadores, arrepentidos, llegan más pronto a la plena fruición de los bienes de la familia de Dios.

"En efecto, todos los que son de Cristo, por poseer su Espíritu, constituyen una misma Iglesia y mutuamente se unen en él (cf. Ef 4, 16).  La unión de los vivos con los hermanos que durmieron en la paz de Cristo de ninguna manera se interrumpe, antes bien, según la constante fe de la Iglesia, se robustece con la comunicación de bienes espirituales.  Por lo mismo que los bienaventurados están más íntimamente unidos a Cristo, consolidan más eficazmente toda la Iglesia en la santidad... y contribuyen de múltiples maneras a su más amplia edificación (cf. 1 Co 12, 12-27). Porque ellos, habiendo llegado a la patria y viviendo junto al Señor (cf. 2 Co 5, 8), no cesan de interceder por él, con él y en él en favor nuestro ante el Padre, presentando los méritos que en la tierra consiguieron por el mediador único entre Dios y los hombres, Cristo Jesús (cf. 1 Tm 2, 5), como fruto de haber servido al Señor en todas las cosas y de haber completado en su carne los dolores de Cristo, sufriendo por su cuerpo, que es la Iglesia (cf. Col 1, 24).

La Iglesia, consciente de estas verdades desde tiempo remoto, tuvo en cuenta y puso en práctica diversos métodos para que se aplicaran a todos los fieles los frutos de la redención del Señor y para que los fieles contribuyeran a la salvación de los hermanos, y así todo el cuerpo de la Iglesia se fuera disponiendo en la justicia y la santidad para la perfecta venida del reino de Dios, cuando Dios lo será todo para todos.

Los apóstoles exhortaban a sus discípulos a orar por la salvación de los pecadores, costumbre antiquísima que la Iglesia conservó santamente, máxime cuando los penitentes imploraban la intercesión de toda la comunidad, y en el hecho de ayudar a los difuntos con sufragios, sobre todo con la oblación del sacrificio eucarístico.

La Iglesia de la edad patrística estaba firmemente persuadida que realizaba su obra salvadora en comunión y bajo la autoridad de los pastores, que el Espíritu Santo ha puesto para apacentar a la Iglesia de Dios?  Así, los obispos, después de una prudente reflexión, establecían el modo y la medida de la satisfacción que se había de cumplir, más aún, permitían también que las penitencias canónicas fueran redimidas con otras obras, quizá más fáciles, provechosas para el bien común o favorecedoras de la piedad, realizadas por los mismos penitentes, e incluso a veces por otros fieles.

La convicción vigente en la Iglesia de que los pastores del rebaño del Señor pueden librar a cada fiel de las secuelas de los pecados mediante la aplicación de los méritos de Cristo y de los santos, introdujo progresivamente, bajo la inspiración del Espíritu santo, que alienta constantemente al pueblo de Dios, la práctica de las indulgencias, la cual representó un progreso, no un cambio, en la misma doctrina y disciplina de la Iglesia, y un nuevo bien sacado de la raíz de la revelación, para aprovechamiento de los fieles y de toda la Iglesia.

La práctica de las indulgencias, propagada progresivamente, se manifestó como un hecho destacado en la historia de la Iglesia principalmente cuando los Romanos Pontífices decretaron que ciertas obras, convenientes para el bien común de la Iglesia, "habían de ser consideradas como substitutivas de cualquier penitencia", y que a los fieles "verdaderamente arrepentidos y confesados", que realizaban alguna de estas obras "apoyados en la misericordia de Dios todopoderoso y en los méritos y autoridad de sus apóstoles", "con plenitud de la autoridad apostólica", concedían "no sólo un pleno y amplio, sino más bien un plenísimo perdón de los pecados".

En efecto, "el Hijo único de Dios...adquirió un tesoro para la Iglesia militante...Este tesoro...por mediación de Pedro, encargó que fuera distribuido en provecho de los fieles y, por causas propias y razonables, para la remisión total o parcial, de la pena temporal debida por los pecados, de manera tanto general como especial según vieran que convenía ante Dios, para ser aplicado misericordiosamente a los verdaderamente arrepentidos y confesados. A este tesoro acumulado...es sabido que contribuyen los méritos de la bienaventurada Madre de Dios y de todos los elegidos".

En la indulgencia, la Iglesia, usando de su potestad de administradora de la redención de Cristo Señor, otorga autoritativamente al fiel cristiano, debidamente dispuesto, el tesoro de las satisfacciones de Cristo y de los santos, para la remisión de la pena temporal."

Pero ojo, la finalidad que se propone la autoridad eclesiástica, al conceder indulgencia, consiste en ayudar a los fieles cristianos a satisfacer las penas debidas, pero también, a inducirlos a realizar obras de piedad, de penitencia y de caridad, principalmente aquellas que conducen a un aumento de fe y al bien común."

Y si los fieles cristianos transfieren las indulgencias en sufragio de los difuntos, practican la caridad de un modo excelente, y así, pensando en las cosas celestiales, enderezan con más rectitud las terrenales.

Se critican las indulgencias, porque en la práctica en algunos momentos se han introducido abusos, o bien porque su abuso por concederlas para cualquier cosa hacían que perdieran su valor o bien porque se abusó de ellas para obtener algunas ganancias torcidas, de todas maneras sean cual sean los errores que se hayan presentado a lo largo de la historia en el uso de las indulgencias, la Iglesia corrigió y enseñó que “la práctica de las indulgencias, tan saludable para el pueblo cristiano y aprobada por la autoridad de los sagrados concilios, ha de conservarse en la Iglesia, y condena con anatema a los que afirman que son inútiles o niegan que la Iglesia tenga el poder de concederlas".

La Iglesia, invita a todos sus hijos a que ponderen y consideren el gran valor de la práctica de las indulgencias para la vida de cada uno, más aún, para la vida de toda la sociedad cristiana.  "Es cosa mala y amarga apartarse...del Señor Dios".  Los fieles, cuando ganan indulgencias, comprenden que con sus propias fuerzas no pueden expiar el mal que al pecar se han hecho a sí mismos e incluso a toda la comunidad, y ello, los lleva a una saludable humildad.  El culto de las indulgencias levanta los ánimos hacia la confianza y la esperanza de la plena reconciliación con Dios Padre; pero lo hace de manera que no da ocasión a negligencia alguna ni disminuye en modo alguno el interés por las disposiciones requeridas para la plena comunión con Dios. 

Las indulgencias, en efecto, aunque son beneficios gratuitos, sin embargo, tanto para los vivos como para los difuntos, sólo se conceden si se cumplen unas determinadas condiciones, ya que para conseguirlas se requiere de un lado que se realicen determinadas obras buenas y de otro que el fiel esté dotado de las debidas disposiciones:  a saber, que ame a Dios, y crea firmemente que la comunión de los santos le es de gran utilidad.

Los fieles, al ganar indulgencias, contribuyen a presentar ante Cristo una Iglesia sin mancha ni arruga, una Iglesia santa e inmaculada, unida admirablemente a Cristo con el vínculo sobrenatural de la caridad.  Gracias a las indulgencias, los miembros de la Iglesia purgante se incorporan antes a la Iglesia celestial, y así, por medio de las indulgencias, el reino de Cristo se instaura con mayor intensidad y prontitud, "hasta que lleguemos todos a la unidad en la fe y en el conocimiento del Hijo de Dios, al hombre perfecto, a la medida de Cristo en su plenitud".

La Iglesia recomienda a sus fieles la práctica de las indulgencias, pero también mantener como centrales en la práctica cristiana todos los otros procedimientos de santificación y purificación, como la Santa Misa, el Sacramento de la Penitencia, las obras de piedad, de penitencia y de caridad, pues todas ellas realizan la santificación y la purificación con tanta más eficacia cuanto más estrecha sea la unión por la caridad con Cristo cabeza y con la Iglesia, su cuerpo.

Las indulgencias reafirman también la supremacía de la caridad, ya que las indulgencias no pueden ganarse sin un sincero cambio “metanoia” y unión con Dios, a lo que se añade el cumplimiento de las obras prescritas.

LAS INDULGENCIAS (CUARTA PARTE)


33.       MISERICORDIA, DIOS MÍO (MISERERE)


Salmo 50 - CONFESIÓN DEL PECADOR ARREPENTIDO
Misericordia, Dios mío, por tu bondad;
por tu inmensa compasión borra mi culpa;
lava del todo mi delito,
limpia mi pecado.
Pues yo reconozco mi culpa,
tengo siempre presente mi pecado:
contra ti, contra ti solo pequé,
cometí la maldad que aborreces.
En la sentencia tendrás razón,
en el juicio brillará tu rectitud.
Mira, que en la culpa nací,
pecador me concibió mi madre.
Te gusta un corazón sincero,
y en mi interior me inculcas sabiduría.
Rocíame con el hisopo: quedaré limpio;
lávame: quedaré más blanco que la nieve.
Hazme oír el gozo y la alegría,
que se alegren los huesos quebrantados.
Aparta de mi pecado tu vista,
borra en mí toda culpa.
¡Oh Dios!, crea en mí un corazón puro,
renuévame por dentro con espíritu firme;
no me arrojes lejos de tu rostro,
no me quites tu santo espíritu.
Devuélveme la alegría de tu salvación,
afiánzame con espíritu generoso:
enseñaré a los malvados tus caminos,
los pecadores volverán a ti.
Líbrame de la sangre, ¡oh Dios,
Dios, Salvador mío!,
y cantará mi lengua tu justicia.
Señor, me abrirás los labios,
y mi boca proclamará tu alabanza.
Los sacrificios no te satisfacen;
si te ofreciera un holocausto, no lo querrías.
Mi sacrificio es un espíritu quebrantado:
un corazón quebrantado y humillado
tú no lo desprecias.
Señor, por tu bondad, favorece a Sión,
reconstruye las murallas de Jerusalén:
entonces aceptarás los sacrificios rituales,
ofrendas y holocaustos,
sobre tu altar se inmolarán novillos.
34.       NOVENAS

Se concede indulgencia parcial al fiel cristiano que asista devotamente al piadoso ejercicio de la novena anterior a la solemnidad de Navidad, de Pentecostés o de la Inmaculada Concepción de santa María Virgen.


35.       USO DE OBJETOS PIADOSOS

El fiel cristiano que con piadosa actitud interna use algún objeto piadoso (crucifijo o cruz, rosario, escapulario, medalla), debidamente bendecido por cualquier sacerdote o diácono' gana Indulgencia parcial.

Si el objeto piadoso ha sido bendecido por el Sumo Pontífice o por cualquier Obispo, el fiel cristiano que use este objeto con sentimientos de piedad puede también ganar indulgencia plenaria en la solemnidad de los santos apóstoles Pedro y Pablo, pero añadiendo la profesión de fe, con cualquier fórmula legítima (credo de los apóstoles, Padre Nuestro, Avemaría y Gloria).


36.       OFICIOS PARVOS

Quedan enriquecidos con indulgencia parcial todos los Oficios parvos: (de la Pasión de nuestro Señor Jesucristo, del Sagrado Corazón de Jesús, de santa María Virgen, de la Inmaculada Concepción, de san José(El “Oficio parvo” es una práctica muy antigua de la devoción mariana en la Iglesia, en especial promovida por la “tradición inmaculista”. Proviene del siglo XV, cuando el papa Sixto IV instituyó la fiesta de la Inmaculada para el rito romano (28 febrero 1476) y encargó la confección del “Pequeño oficio” a semejanza del Oficio divino. A partir de entonces, las versiones de los textos se divulgaron, y la práctica devocional fue apoyada por los papas posteriores, hasta llegar a su cumbre con la proclamación del dogma de la Inmaculada (1854)).


37.       ORACIÓN PARA PEDIR VOCACIONES SACERDOTALES O RELIGIOSAS

Se concede indulgencia parcial al fiel cristiano que rece alguna oración aprobada para este fin por la autoridad eclesiástica.


38.       ORACIÓN MENTAL

Al fiel cristiano que haga piadosamente oración mental se le concede indulgencia parcial.


39        ORACIÓN POR NUESTRO PONTÍFICE

Oremos por nuestro Pontífice, el Papa ________________. El Señor lo guarde y lo conserve con vida, para que sea dichoso en la tierra, y no lo entregue a la saña de sus enemigos. Indulgencia parcial


40.       OH SAGRADO BANQUETE

¡Oh sagrado banquete, en que Cristo es nuestra comida, se celebra el memorial de su pasión, el alma se llena de gracia y se nos da la prenda de la gloria futura! Indulgencia parcial


41.       PARTICIPACIÓN EN LA PREDICACIÓN SAGRADA

Se concede indulgencia parcial al fiel cristiano que asista atenta y devotamente a la predicación sagrada de la Palabra de Dios.

Se concede indulgencia plenaria al fiel cristiano que durante la santa Misión escuche algunos sermones y además asista a la solemne conclusión de la Misión.


42        PRIMERA COMUNIÓN

Tanto a los fieles cristianos que por primera vez se acercan a la sagrada comunión como a los que piadosamente los acompañan se les concede indulgencia plenaria.

Primera misa de los neo-sacerdotes

Se concede indulgencia plenaria al sacerdote que en un día determinado celebra la primera misa en presencia del pueblo, y a los fieles que asistan devotamente a esta misa.


43        ORACIÓN POR LA UNIDAD DE LOS CRISTIANOS

Dios omnipotente y misericordioso, que por medio de tu Hijo has querido unir en un solo pueblo a gente tan diversa, haz, te pedimos, que cuantos nos gloriamos de llamarnos cristianos, rechazando toda división, seamos una sola cosa en la verdad y en la caridad, y que todos los hombres, iluminados por la fe verdadera, formemos una misma Iglesia, animada por la comunión fraterna. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén. Indulgencia parcial


45        RETIRO MENSUAL

Se concede indulgencia parcial al fiel cristiano que participe en un retiro mensual.


46        SEÑOR, DALES EL DESCANSO (REQUIEM AETERNAM)

Señor, dales el descanso eterno, y brille sobre ellos la luz eterna. Descansen en paz. Amén. Indulgencia parcial, aplicable solamente a las almas del purgatorio.


47        SEÑOR, A TODOS LOS QUE POR AMOR

Señor, a todos los que por amor a ti se han hecho nuestros bienhechores, dígnate recompensarlos con la vida eterna. Amén. Indulgencia parcial


48        ROSARIO MARIANO

Indulgencia plenaria si el rezo del rosario se hace en una iglesia u oratorio, o en familia, en una comunidad religiosa, en una asociación piadosa; parcial, fuera de estas circunstancias.

El rosario es una determinada manera de orar en la que distinguimos quince decenas de Avemarías, intercalando la oración del Señor, y meditando piadosamente en cada una de estas decenas los misterios de nuestra redención.  Sin embargo, se introdujo la costumbre de llamar también "rosario" a una tercera parte del mismo.

Respecto a la indulgencia plenaria se establece lo siguiente:

1.         Basta el rezo de sólo una tercera parte del rosario:  pero las cinco decenas deben rezarse seguidas.

2.         A la oración vocal hay que añadir la piadosa meditación de los misterios.

3.         En el rezo público, los misterios deben enriquecerse de acuerdo con la costumbre admitida en cada lugar; en el rezo privado, basta con que el fiel cristiano junte a la oración vocal la meditación de los misterios.

4.         Entre los Orientales, donde no existe la práctica de esta devoción, los patriarcas pueden establecer otras oraciones en honor de santa María Virgen (por ejemplo, entre los bizantinos el himno "Akathistos", o el oficio "Paraclisis"), que gozarán de las mismas indulgencias que el rosario.*


49        HIMNO: "AKÁTHISTOS

Se concede indulgencia plenaria a los fieles que bajo las debidas condiciones -confesión sacramental, comunión eucarística y oración por las intenciones del Sumo Pontífice-, recite el himno "Akáthistos" en una iglesia u oratorio, en familia, en una comunidad religiosa o en una asociación piadosa. Y será parcial en otras circunstancias


AKATHISTOS

Salve, por ti resplandece la dicha;

Salve, por ti se eclipsa la pena.

Salve, levantas a Adán, el caído;

Salve, rescatas el llanto de Eva.

Salve, oh cima encumbrada a la mente del hombre;

Salve, abismo insondable a los ojos del ángel.

Salve, tú eres de veras el trono del Rey;

Salve, tú llevas en ti al que todo sostiene.

Salve, lucero que el Sol nos anuncia;

Salve, regazo del Dios que se encarna.

Salve, por ti la creación se renueva;

Salve, por ti el Creador nace niño.

Salve, ¡Virgen y Esposa!

Salve, ¡Virgen y Esposa!

Salve, tú guía al eterno consejo;

Salve, tú prenda de arcano misterio.

Salve, milagro primero de Cristo;

Salve, compendio de todos los dogmas.

Salve, celeste escalera que Dios ha bajado;

Salve, oh puente que llevas los hombres al cielo.

Salve, de angélicos coros solemne portento;

Salve, de turba infernal lastimero flagelo.

Salve, inefable, la Luz alumbraste;

Salve, a ninguno dijiste el secreto.

Salve, del docto rebasas la ciencia;

Salve, del fiel iluminas la mente.

Salve, ¡Virgen y Esposa!

Salve, ¡Virgen y Esposa!

Salve, oh tallo del verde Retoño;

Salve, oh rama del Fruto incorrupto.

Salve, al pío Arador tú cultivas;

Salve, tú plantas quien planta la vida.

Salve, oh campo fecundo - de gracias copiosas;

Salve, oh mesa repleta - de dones divinos.

Salve, un Prado germinas - de toda delicia;

Salve, al alma preparas - Asilo seguro.

Salve, incienso de grata plegaria;

Salve, ofrenda que el mundo concilia.

Salve, clemencia de Dios para el hombre;

Salve, del hombre con Dios confianza.

Salve, ¡Virgen y Esposa!

Salve, Nutriz del Pastor y Cordero;

Salve, aprisco de fieles rebaños.

Salve, barrera a las fieras hostiles;

Salve, ingreso que da al Paraíso.

Salve, por ti con la tierra - exultan los cielos;

Salve, por ti con los cielos - se alegra la tierra.

Salve, de Apóstoles boca - que nunca enmudece;

Salve, de Mártires fuerza - que nadie somete.

Salve, de fe inconcuso cimiento;

Salve, fulgente estandarte de gracia.

Salve, por ti es despojado el averno;

Salve, por ti revestimos la gloria.

Salve, ¡Virgen y Esposa!

Salve, oh Madre del Sol sin ocaso;

Salve, aurora del místico Día.

Salve, tú apagas hogueras de errores;

Salve, Dios Trino al creyente revelas.

Salve, derribas del trono - al tirano enemigo;

Salve, nos muestras a Cristo - el Señor y el Amigo.

Salve, nos has liberado - de bárbaros ritos;

Salve, nos has redimido - de acciones de barro.

Salve, destruyes el culto del fuego;

Salve, extingues las llamas del vicio.

Salve, camino a la santa templanza;

Salve, alegría de todas las gentes.

Salve, ¡Virgen y Esposa!

Salve, levantas al género humano;

Salve, humillas a todo el infierno.

Salve, conculcas engaños y errores;

Salve, impugnas del ídolo el fraude.

Salve, oh mar que sumerge - al cruel enemigo;

Salve, oh roca que das de beber - a sedientos de Vida.

Salve, columna de fuego - que guía en tinieblas;

Salve, amplísima nube - que cubres el mundo.

Salve, nos diste el Maná verdadero;

Salve, nos sirves Manjar de delicias.

Salve, oh tierra por Dios prometida;

Salve, en ti fluyen la miel y la leche.

Salve, ¡Virgen y Esposa!

Salve, azucena de intacta belleza;

Salve, corona de noble firmeza.

Salve, la suerte futura revelas;

Salve, la angélica vida desvelas.

Salve, frutal exquisito - que nutre a los fieles;

Salve, ramaje frondoso - que a todos cobija.

Salve, llevaste en el seno - quien guía al errante;

Salve, al mundo entregaste - quien libra al esclavo.

Salve, plegaria ante el Juez verdadero;

Salve, perdón del que tuerce el sendero.

Salve, atavío que cubre al desnudo;

Salve, del hombre supremo deseo.

Salve, ¡Virgen y Esposa!

Salve, mansión que contiene el Inmenso;

Salve, dintel del augusto Misterio.

Salve, de incrédulo equívoco anuncio;

Salve, del fiel inequívoco orgullo.

Salve, carroza del Santo - que portan querubes;

Salve, sitial del que adoran - sin fin serafines.

Salve, tú sólo has unido - dos cosas opuestas:

Salve, tú sola a la vez - eres Virgen y Madre.

Salve, por ti fue borrada la culpa;

Salve, por ti Dios abrió el Paraíso.

Salve, tú llave del Reino de Cristo;

Salve, esperanza de bienes eternos.

Salve, ¡Virgen y Esposa!

Salve, sagrario de arcana Sapiencia;

Salve, despensa de la Providencia.

Salve, por ti se confunden los sabios;

Salve, por ti el orador enmudece.

Salve, por ti se aturden - sutiles doctores;

Salve, por ti desfallecen - autores de mitos;

Salve, disuelves enredos - de agudos sofistas;

Salve, rellenas las redes - de los Pescadores.

Salve, levantas de honda ignorancia;

Salve, nos llenas de ciencia superna.

Salve, navío del que ama salvarse;

Salve, oh puerto en el mar de la vida.

Salve, ¡Virgen y Esposa!

Salve, columna de sacra pureza;

Salve, umbral de la vida perfecta.

Salve, tú inicias la nueva progenie;

Salve, dispensas bondades divinas.

Salve, de nuevo engendraste - al nacido en deshonra;

Salve, talento infundiste - al hombre insensato.

Salve, anulaste a Satán - seductor de las almas;

Salve, nos diste al Señor - sembrador de los castos.

Salve, regazo de nupcias divinas;

Salve, unión de los fieles con Cristo.

Salve, de vírgenes Madre y Maestra;

Salve, al Esposo conduces las almas.

Salve, ¡Virgen y Esposa!

Salve, oh rayo del Sol verdadero;

Salve, destello de Luz sin ocaso.

Salve, fulgor que iluminas las mentes;

Salve, cual trueno enemigos aterras.

Salve, surgieron de ti - luminosos misterios;

Salve, brotaron en ti - caudalosos arroyos.

Salve, figura eres tú - de salubre piscina;

Salve, tú limpias las manchas - de nuestros pecados.

Salve, oh fuente que lavas las almas;

Salve, oh copa que vierte alegría.

Salve, fragancia de ungüento de Cristo;

Salve, oh Vida del sacro Banquete.

Salve, ¡Virgen y Esposa!

Salve, oh tienda del Verbo divino;

Salve, más grande que el gran Santuario.

Salve, oh Arca que Espíritu dora;

Salve, tesoro inexhausto de vida.

Salve, diadema preciosa - de reyes devotos;

Salve, orgullo glorioso - de sacros ministros.

Salve, firmísimo alcázar - de toda la Iglesia;

Salve, muralla invencible - de todo el Imperio.

Salve, por ti enarbolamos trofeos;

Salve, por ti sucumbió el adversario.

Salve, remedio eficaz de mi carne;

Salve, inmortal salvación de mi alma.

Salve, ¡Virgen y Esposa!


49        CELEBRACIONES JUBILARES DE LA ORDENACIÓN SACERDOTAL

Se concede indulgencia plenaria al sacerdote que en el 25, 50 y 60 aniversario de su ordenación sacerdotal renueva ante Dios el propósito de cumplir fielmente los deberes de su vocación.

Los fieles cristianos que acompañen al sacerdote en la celebración de la misa jubilar pueden ganar ellos también indulgencia plenaria.


50        LECTURA DE LA SAGRADA ESCRITURA

Se concede indulgencia parcial al fiel cristiano que lea la sagrada Escritura con la veneración debida a la palabra divina y a manera de lectura espiritual.  La indulgencia será plenaria si lo hace por espacio de media hora por lo menos.


51        DIOS TE SALVE, REINA Y MADRE

Dios te salve, Reina y Madre de misericordia, vida, dulzura y esperanza nuestra; Dios te salve. A ti llamamos los desterrados hijos de Eva; a ti suspiramos, gimiendo y llorando, en este valle de lágrimas Ea, pues, Señora, abogada nuestra, vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos, y después de este destierro, muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre. ¡Oh clemente, oh piadosa, oh dulce Virgen María!  Indulgencia parcial


52        SANTA MARÍA, SOCORRE A LOS DESGRACIADOS

Santa María, socorre a los desgraciados, ayuda a los apocados, consuela a los afligidos, ruega por el pueblo, preocúpate por el clero, intercede por las mujeres; que experimenten tu ayuda cuantos te recuerdan con piedad. Indulgencia parcial


53        SANTOS APÓSTOLES, PEDRO Y PABLO

Santos apóstoles Pedro y Pablo, interceded por nosotros.

Protege Señor, a tu pueblo y, ya que confía en la protección de tus apóstoles Pedro y Pablo, guárdalo y protégelo siempre. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén. Indulgencia parcial


54        CULTO DE LOS SANTOS

Al fiel cristiano que en el día de la celebración litúrgica de cualquier santo rece en su honor una oración tomada del Misal Romano, u otra aprobada por la legítima autoridad, se le concede indulgencia parcial.


55        SEÑAL DE LA CRUZ

Se concede indulgencia parcial al fiel cristiano que haga la señal de la cruz diciendo las palabras de costumbre: En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.


56        VISITA A LAS IGLESIAS ESTACIONALES

Al fiel cristiano que visite devotamente una iglesia estacional en su día propio, se le concede indulgencia parcial; si además asiste a las sagradas funciones que se realizan por la mañana o por la tarde, la indulgencia será plenaria


57        BAJO TU PROTECCIÓN

Bajo tu protección nos acogemos, santa Madre de Dios; no deseches las súplicas que te dirigimos en nuestras necesidades; antes bien, líbranos siempre de todo peligro, oh Virgen gloriosa y bendita. indulgencia parcial


58        SÍNODO DIOCESANO

Se concede una sola vez indulgencia plenaria al fiel cristiano que, mientras dura el Sínodo diocesano, -visite piadosamente la iglesia en que se celebra el Sínodo y rece allí el Padrenuestro y el Credo.


59        ADORAD POSTRADOS (TANTUM ERGO)

Adorad postrados

este Sacramento.

Cesa el viejo rito;

se establece el nuevo.

Dudan los sentidos

y el entendimiento:

que la fe

lo supla con asentimiento.

Himnos de alabanza,

bendición y obsequio;

por igual la gloria

y el poder y el reino

al eterno Padre

con el Hijo eterno

y el divino Espíritu,

que procede de ellos. Amén.

V/. Les diste pan del cielo.

R/. Que contiene en sí todo deleite.

Oremos: Oh Dios que en este sacramento admirable nos dejaste el memorial de tu pasión, te pedimos nos concedas venerar de tal modo los sagrados misterios de tu cuerpo y de tu sangre, que experimentemos constantemente en nosotros el fruto de tu redención. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

Al fiel cristiano que rece piadosamente las mencionadas estrofas se le concede indulgencia parcial.  La indulgencia será plenaria el jueves santo después de la misa de la Cena del Señor y en la acción litúrgica de la solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo.


60        TE DEUM

Al fiel cristiano que recite en acción de gracias el himno Te Deum, se le concede indulgencia parcial.  La indulgencia será plenaria si lo recita públicamente el último día del año.


A ti, oh Dios, te alabamos,

 a ti, Señor, te reconocemos.

 A ti, eterno Padre,

 te venera toda la creación.

 Los ángeles todos, los cielos

 y todas las potestades te honran.

 Los querubines y serafines

 te cantan sin cesar:

 Santo, Santo, Santo es el Señor,

 Dios de los ejércitos.

 Los cielos y la tierra

 están llenos de la majestad de tu gloria.

 A ti te ensalza el glorioso coro de los apóstoles,

 la multitud admirable de los profetas,

 el blanco ejército de los mártires.

A ti la Iglesia santa,

 extendida por toda la tierra,te aclama:

 Padre de inmensa majestad,

 Hijo único y verdadero, digno de adoración,

 Espíritu Santo, defensor.

 Tú eres el Rey de la gloria, Cristo.

 Tú eres el Hijo único del Padre.

 Tú, para liberar al hombre,

 aceptaste la condición humana sin desdeñar el seno de la Virgen.

 Tú, rotas las cadenas de la muerte,

 abriste a los creyentes el Reino de los Cielos.

 Tú sentado a la derecha de Dios

 en la gloria del Padre.

 Creemos que un día has de venir como juez.

 Te rogamos, pues, que vengas en ayuda de tus siervos,

 a quienes redimiste con tu preciosa sangre.

 Haz que en la gloria eterna

 nos asociemos a tus santos.

 Salva a tu pueblo, Señor,

 y bendice tu heredad.

 Sé su pastor

 y ensálzalo eternamente.

 Día tras día te bendecimos

 y alabamos tu nombre para siempre,

 por eternidad de eternidades.

 Dígnate, Señor, en este día

 guardarnos del pecado.

 Ten piedad de nosotros, Señor,

 ten piedad de nosotros.

 Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros,

 como lo esperamos de ti.

 En ti, Señor, confié,

 no me veré defraudado para siempre


61        VENI, CREATOR

Al fiel cristiano que rece devotamente el himno Ven, Espíritu creador, se le concede indulgencia parcial. La indulgencia será plenaria el día 1 de enero y en la solemnidad de Pentecostés, si este himno se reza públicamente.


62        VEN, ESPÍRITU SANTO

Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos la llama de tu amor. Indulgencia parcial


63        VÍA CRUCIS

Al fiel cristiano que practique el piadoso ejercicio del Vía crucis se le concede indulgencia plenaria.

Con el piadoso ejercicio del Vía crucis se actualiza el recuerdo de los sufrimientos que soportó el divino Redentor en el camino desde el pretorio de Pilato, donde fue condenado a muerte, hasta el monte de la Calavera o Calvario, donde murió en la cruz por nuestra salvación.

Para ganar indulgencia plenaria se establece lo siguiente:

1. El piadoso ejercicio debe practicarse ante las estaciones del Vía crucis legítimamente erigidas.

2. Para erigir el Vía crucis se requieren catorce cruces, a las que provechosamente se acostumbra añadir otros tantos cuadros o imágenes que representan las estaciones de Jerusalén.

3. Según la costumbre más extendida, este piadoso ejercicio consta de catorce lecturas piadosas, a las que se añaden algunas oraciones vocales.  No obstante, para realizar este piadoso ejercicio, se requiere únicamente la piadosa meditación de la Pasión y Muerte del Señor, sin que sea necesaria una consideración sobre cada uno de los misterios de las estaciones.

4. Se requiere el paso de una estación a otra.

Si el piadoso ejercicio se practica públicamente y el movimiento de todos los presentes no puede efectuarse sin evitar el desorden, basta con que quien dirige el ejercicio se traslade a cada estación, sin que los demás se muevan de su lugar.

5. Los que están legítimamente impedidos pueden ganar la misma indulgencia, si al menos por un tiempo, por ejemplo, un cuarto de hora, se dedican a la piadosa lectura y meditación de la Pasión y Muerte del Señor Jesucristo.

6. Al piadoso ejercicio del Vía crucis se asimilan, también en lo que se refiere a la consecución de la indulgencia, otros piadosos ejercicios, aprobados por la autoridad competente, en los que se recuerda la Pasión y Muerte del Señor, sin prescindir de las dichas catorce estaciones.


64        VISITA, SEÑOR

Visita, Señor, esta habitación: aleja de ella las insidias del enemigo; que tus santos ángeles habiten en ella y nos guarden en paz, y que tu bendición permanezca siempre con nosotros. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén. Indulgencia Parcial

65        VISITA A LA IGLESIA PARROQUIAL

Se concede indulgencia plenaria al fiel cristiano que visite la iglesia parroquial:

- en el día de la fiesta titular;

- el día 2 de agosto, en que coincide la indulgencia de la "Porciúncula".

Una y otra indulgencia podrán ganarse tanto en el día anteriormente designado como en otro día que establezca el Ordinario en provecho de los fieles.

Gozan de las mismas indulgencias la iglesia catedral y, si la hay, la iglesia concatedral, aunque no sean parroquiales, y también las Iglesias parroquiales.'

En esta piadosa visita, se reza la oración del Señor y el símbolo de la fe (Padrenuestro y Credo).


66        VISITA A UNA IGLESIA O ALTAR EN EL DÍA DE LA DEDICACIÓN

Se concede indulgencia plenaria al fiel cristiano que visite piadosamente una iglesia o altar, en el mismo día de la dedicación y rece allí el Padrenuestro y el Credo.


67        VISITA A UNA IGLESIA U ORATORIO EN LA CONMEMORACIÓN DE TODOS LOS FIELES DIFUNTOS

Se concede indulgencia plenaria, aplicable sólo a las almas del purgatorio, a los fieles cristianos que, el día en que se celebra la Conmemoración de todos los fieles difuntos, visiten piadosamente una iglesia u oratorio.

Dicha indulgencia podrá ganarse, o en el día antes indicado, o con el consentimiento del Ordinario, el domingo anterior o posterior, o en la solemnidad de Todos los Santos.

En esta piadosa visita, se reza la oración del Señor y el símbolo de la fe (Padrenuestro y Credo.


68        VISITA A UNA IGLESIA U ORATORIO DE RELIGIOSOS EN EL DÍA DE SU SANTO FUNDADOR

Se concede indulgencia plenaria al fiel cristiano que visite piadosamente una iglesia u oratorio de Religiosos en el día de su santo fundador y rece allí el Padrenuestro y el Credo


69        VISITA PASTORAL

Al fiel cristiano que visite piadosamente una iglesia u oratorio durante el tiempo en que se practica en ellos la visita pastoral se le concede indulgencia parcial; se le concede una sola vez indulgencia plenaria, si durante el mismo tiempo asiste a la función sagrada que preside el visitador.


70        RENOVACIÓN DE LAS PROMESAS DEL BAUTISMO

Se concede indulgencia parcial al fiel cristiano que renueve las promesas del bautismo, valiéndose de cualquier fórmula usual:  si lo hace en la celebración de la Vigilia pascual o en el día aniversario de su bautismo, gana indulgencia plenaria.



INVOCACIONES PIADOSAS (jaculatorias)

Por lo que se refiere a cualquier invocación piadosa, hay que tener en cuenta lo siguiente:

1. La invocación, en cuanto a la indulgencia, ya no se considera una obra distinta o completa, sino como un complemento de la obra, con el cual el fiel cristiano, en el cumplimiento de sus obligaciones y en el sufrimiento de las dificultades de la vida, eleva su alma a Dios con humilde confianza. Por tanto, la invocación piadosa complementa la elevación del alma; y ambas son como una piedra preciosa que se engasta en las actividades corrientes y las embellece, como la sal que condimenta adecuadamente estas actividades.

2. Es preferible aquella invocación que mejor corresponde a las circunstancias y estado de ánimo del momento; y ésta, o bien sale espontáneamente del corazón, o bien se elige entre aquellas que ya hace tiempo han sido admitidas por la práctica de los fieles cristianos, y de las cuales se añade más adelante una breve lista

3. La invocación puede ser muy breve, expresada en una o pocas palabras, o concebida sólo mentalmente.

Invocaciones introducidas por la costumbre presentadas a modo de ejemplo:

1. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos, porque con tu cruz has redimido al mundo.

2. Bendita sea la santa Trinidad.

3. Cristo vence, Cristo reina, Cristo impera.

4. Corazón de Jesús, ardiente de amor a nosotros, inflama nuestro corazón en el amor a ti.

5. Corazón de Jesús, en ti confío.

6. Corazón de Jesús, todo por ti.

7. Sagrado Corazón de Jesús, ten piedad de nosotros.

8. Dios mío y todo mi bien.

9. ¡Oh Dios! ten compasión de este pecador.

10. Permite que te alabe, Virgen sagrada; dame fuerza contra tus enemigos.

11 Enséñame a cumplir tu voluntad ya que tú eres mi Dios.

12. Señor, auméntanos la fe.

13. Señor, que se realice la unidad de las mentes en la verdad y la unidad de los corazones en la caridad.

14. ¡Señor, sálvanos que nos hundimos!

15. ¡Señor mío y Dios mío!

16. Dulce corazón de María, sé mi salvación.

17. Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

18. Jesús, María, José.

19. Jesús, José y María os doy el corazón y el alma mía; Jesús, José y María, asistidme en mi última agonía; Jesús, José y María, descanse en paz con vos el alma mía.

20. Jesús, manso y humilde de corazón, haz nuestro corazón semejante al tuyo.

21. Sea alabado y adorado por siempre el santísimo Sacramento.

22. Quédate con nosotros, Señor.

23. Madre dolorosa, ruega por nosotros.

24. Madre mía, confianza mía.

25. Envía, Señor, obreros a tu mies.

26. Que nos bendiga la Virgen María, junto con su santísimo Hijo.

27. Dios te salve, cruz, única esperanza.

28. Santos y santas de Dios, interceded por nosotros.

29. Ruega por nosotros, santa Madre de Dios, para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Jesucristo.

30. Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu.

31. Jesús, Señor compasivo, dales el descanso eterno.

32. Reina concebida sin pecado original, ruega por nosotros.

33. Santa Madre de Dios, siempre Virgen María, intercede por nosotros.

34. Santa María, Madre de Dios, ruega por mí.

35. Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo.