Acá exponemos la Doctrina Cristiana que comprende las verdades que debemos creer, los deberes que hemos de practicar y los medios que hemos de emplear para santificarnos. Las verdades son los artículos de nuestra Fe, o sea, el Credo. Los deberes son la Moral, o sea, los 10 Mandamientos de Dios. Los medios de santificación son los Siete Sacramentos y la Oración y también expondremos vidas de santos y algo de apologética.
INTENCIONES DEL PAPA
Cuando para obtener la indulgencia se prescribe orar por las intenciones del Papa, como pasa por ejemplo con el rezo del Santo rosario, se ha entendido siempre que las intenciones del Papa por las que se pide son: La propagación de la fe, el retorno de los herejes, apóstatas y cismáticos a la verdadera fe, la paz de la Iglesia y las naciones, la conversión de los pecadores y la perseverancia de los justos, es, en consecuencia, un error aclarar que se pide por las intenciones de Francisco o de Benedicto XVI, o por el Papa Emérito, o tal o cual, claro está que en la oración personal se puede pedir por ellos, o por el Obispo de la diócesis o por el cura párroco, o el cura amigo, o el cura pariente, pero tener en claro cuales son las Intenciones del Papa para evitar engañar o ser engañados.
LA VIDA MÍSTICA
Se ha entendido tradicionalmente, que la mística es un camino de tres vías o etapas: la vía purgativa, la vía iluminativa y la vía unitiva.
En la vía purgativa, se purga la memoria, entendida esta como potencia del alma para limpiarla de los apegos sensitivos que provienen del cuerpo. En palabras de San Juan de la Cruz: “Hay que perder el gusto por el apetito de las cosas”. El apetito como tal no tiene por qué ser malo, pero sí lo es el apego o gusto que provoca en la memoria, porque la impide orientarse plenamente hacia Dios. La privación corporal y la oración son los principales medios purgativos. El estado en que se sume la memoria, en esta etapa, se llama esperanza.
En la vía iluminativa, se eleva el entendimiento hacia Dios, entendido este como potencia del alma. Una vez limpio el entendimiento de toda relación con las criaturas queda vacío para entregarse a la sabiduría, sabiduría en que se sabe sin necesidad de entender, esta experiencia en la mística se llama Fe.
Por último la vía unitiva, que consiste en la purificación de la voluntad, entendida esta como potencia del alma, en ella el alma alcanza el grado más perfecto de la unión con Dios, pues vaciado el hombre de su propia voluntad, que es lo más suyo, se entrega a Dios en el grado más perfecto de caridad.
En la vía purgativa, se purga la memoria, entendida esta como potencia del alma para limpiarla de los apegos sensitivos que provienen del cuerpo. En palabras de San Juan de la Cruz: “Hay que perder el gusto por el apetito de las cosas”. El apetito como tal no tiene por qué ser malo, pero sí lo es el apego o gusto que provoca en la memoria, porque la impide orientarse plenamente hacia Dios. La privación corporal y la oración son los principales medios purgativos. El estado en que se sume la memoria, en esta etapa, se llama esperanza.
En la vía iluminativa, se eleva el entendimiento hacia Dios, entendido este como potencia del alma. Una vez limpio el entendimiento de toda relación con las criaturas queda vacío para entregarse a la sabiduría, sabiduría en que se sabe sin necesidad de entender, esta experiencia en la mística se llama Fe.
Por último la vía unitiva, que consiste en la purificación de la voluntad, entendida esta como potencia del alma, en ella el alma alcanza el grado más perfecto de la unión con Dios, pues vaciado el hombre de su propia voluntad, que es lo más suyo, se entrega a Dios en el grado más perfecto de caridad.
Los católicos si juzgamos y al hacerlo obramos bien
Es importante
saber juzgar los actos morales, al final del “sermón de la montaña”, somos
advertidos por Nuestro Señor Jesucristo sobre los falsos profetas, la única
manera que tenemos de desenmascarar a esos falso profetas es haciendo un ejercicio
racional de discernimiento, o de raciocinio, sobre sus prédicas, lo cual
consiste fundamentalmente en el análisis con juicios sucesivos de sus afirmaciones contrastándolas según las
reglas de la lógica formal contra las afirmaciones de la Biblia, del Catecismo
de la Iglesia Católica y del magisterio infalibles de la Iglesia Católica.
Es decir que
de manera racional y lógica deberemos reconocer a los falsos profetas, algunas
señales se nos darán, los reconoceremos por sus frutos, es decir que deberemos
estar atentos a la doctrina que predican, al estilo de vida que llevan, de tal
suerte que podamos distinguir al falso profeta así venga vestido con piel de
oveja, o al falso profeta que predica un evangelio Light, un evangelio sin
puerta estrecha, sin camino angosto, sin infierno, sin condenación, porque a la
gente no le gusta esas prédicas porque las considera agresivas. La única manera que tenemos de distinguir el
árbol bueno del árbol malo, es por los frutos que de él se cosechan.
Las personas
de hoy no solamente no saben cómo juzgar, sino que peor aún ahora están mal entendiendo
que juzgar es un pecado, y por no meterse en la vida de los demás no corrigen
al que yerra, no exhortan al que está actuando mal, es decir que se quedan
cruzados de brazos con toda tranquilidad mirando como su prójimo se dirige
hacia la perdición sin hacer nada por evitarlo, pero además e igual de grave
tampoco oran por ellos, porque ni siquiera vislumbran la maldad de su conducta.
Las personas que dicen y quien es
usted para juzgar quieren imitar a los protestantes que cogen una cita y la
descontextualizan a su favor, pues ni se dan por enterados de que Mateo 7 1No
juzguéis, para que no seáis juzgados -no
condena el acto de juzgar sino la hipocresía, tal y como podemos ver en los
versículos siguientes. Nada hay en ese texto bíblico que pueda significar, o
tan siquiera insinuar que por ningún motivo debamos juzgar como si de un pecado
se tratase- .2 Porque con el juicio con
que juzgáis, seréis juzgados, y con la medida con que medís, os será medido. 3 ¿Y por qué miras la paja que está en el ojo
de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo? 4 ¿O cómo
dirás a tu hermano: Déjame sacar la paja de tu ojo, y he aquí la viga en el ojo
tuyo? 5 !!Hipócrita! saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás
bien para sacar la paja del ojo de tu hermano.
Algunos
sacerdotes y obispos de la Iglesia Católica, inmersos en el modernismo están imponiendo
un velo, el velo del “buenismo”, a lo que ha enseñado como correcto la Iglesia
desde siempre. Un cardenal alemán, de
apellido Marx, ha dicho que las uniones de los homosexuales tienen mucho de
bueno, para un católico medianamente formado esto es impensable, así venga de
un cardenal, porque esto contradice totalmente la doctrina católica.
Un católico
formado, partiendo del magisterio infalible de la Iglesia y la recta razón, deberá juzgar que esa afirmación contradice la fe y la ley natural y optará
por rezar y hacer penitencia por este prelado, Marx, para que se convierta,
pero también corregirá y denunciará el
error, a quienes no tengan las cosas claras, pues entiende que solo así
podremos ser como la iglesia de Éfeso que se menciona en Apocalipsis 2, 2 a la
que nuestro Señor felicita por haber juzgado y sacado de entre
ellos a los falsos maestros y evitará que vengamos a ser como la iglesia de
Pérgamo de Apocalipsis 2, 14 – 15 que es
regañada por no haber hecho lo mismo.
En otros
apartes, de mi Biblia, encuentro que San Pablo describe y juzga a la clase de
personas con las que no debemos juntarnos, cuando en la segunda de Timoteo 3
afirma que cuando sepamos juzgar
mejor los actos humanos podremos alejarnos del vicio y acercarnos mejor a la
virtud, es decir, a la santidad.
El católico
bien formado pide a Dios sabiduría para juzgar y rezar, tal y como aparece en 1
Reyes 3, 9 “Concede,
pues, a tu siervo, un corazón que entienda para juzgar a tu pueblo,
para discernir entre el bien y el mal, pues ¿quién será capaz de juzgar a este
pueblo tuyo tan grande?”
Pero también
dice uno de los mandamientos de Dios, el octavo que: “No dirás falso testimonio ni mentirás”, y
en la explicación detallada en los catecismos se nos dice que prohíbe atestiguar en falso en juicio, prohíbe además la
detracción o murmuración, la calumnia, la adulación, el juicio y
sospecha temeraria y toda suerte de mentiras. Sobre este último dice
que el “Juicio o sospecha temeraria es un pecado
que consiste en juzgar o sospechar mal de UNO SIN JUSTO FUNDAMENTO.”
Pero qué es ese
Justo Fundamento, la respuesta se puede encontrar en las
llamadas fuentes de moralidad, es decir aquellas normas que permiten saber si
un acto humano es conforme u opuesto a la norma moral y así así lo es en qué
grado o medida. Estos elementos son
tres: objeto, fin y circunstancias, y cuando el hombre actúa, por su libertad y
el ejercicio que hace de ella es un sujeto moral, es decir que es padre de sus
actos, por eso el Catecismo de la Iglesia Católica, al hablar de la moralidad
de los actos humanos, nos dice claramente que la libertad hace
del hombre un sujeto moral. Cuando actúa de manera deliberada, el hombre es,
por así decirlo, el padre de sus actos. Los actos humanos,
es decir, libremente realizados tras un juicio de conciencia, son
calificables moralmente: son buenos o malos.” Y como se hace dicha
calificación por el JUICIO que se hace de su objeto, del fin y de las
circunstancias de los mismos.
Queda claro
que los actos humanos son juzgables y que tenemos muchos elementos para
hacerlo, tenemos las herramientas y el mandato para hacerlo. Pero, también, es necesario precisar que hay un
juicio que es de Dios, qué es el juicio de las conciencias, y ese solo le compete a Él, pues es en esa conciencia,
el núcleo más secreto y el sagrario del hombre, en el que está solo con Dios,
cuya voz resuena en lo más íntimo de ella.
Sólo Dios podría juzgarla, sabemos, también, que el hombre tiene una ley
escrita por Dios en su corazón, en cuya obediencia consiste la dignidad humana y
por la cual será juzgado personalmente.
El juicio personal solo puede hacerlo Dios por ser el único que
penetra las conciencias individuales,
pero el juicio moral, lo hacemos
todos porque la Iglesia así lo ha enseñado y además se ha esmerado
para enseñarnos a realizarlo de forma correcta. Es decir que no podemos ni
siquiera aventurarnos a pensar en cual ha sido el destino de una persona luego
de su juicio, pues las circunstancias del mismo solo son entre él y Dios, pero
con total tranquilidad podremos juzgar, como buenos o como malos, como morales
o inmorales los actos que cometió, pues sabemos por las mismas normas que se
nos han dado que cosas están bien y que cosas están mal.
Los
modernistas, nos están empujando hacia el absurdo por cuenta de su insistencia
en condenar los juicios sobre los actos humanos, pues a la final ni el padre de
familia podrá corregir al hijo que yerra porque lo está juzgando, mientras que
los pervertidores desde la academia le estarán enseñando por ejemplo que la homosexualidad
es buena, la sociedad no podrá juzgar y condenar a sus delincuentes porque no
puede juzgar los actos humanos, y así sin fin.
Prácticamente
en todos los actos humanos hay un juicio, al comprar comida juzgo si es más o
menos rica, si engorda o adelgaza; con una amistad si me conviene o no, y no
estoy hablando de acepción de personas.
Casi todas las actividades de un día normal se hacen con criterio de
juicio, si veo una película la juzgo, buena o mala, divertida o aburrida, moral
o inmoral, etcétera.
Vivimos
dentro de un relativismo generalizado en que se niega la existencia de una
verdad absoluta, salvo que sea para afirmar que todo vale, llevando
gradualmente, a los moralistas, a convertirse en enemigos de la moral enseñada
por Jesucristo, y repetida por la Iglesia durante dos mil años, y pasamos de la
Verdad enseñada al “es que a mí me parece”.
No olvidemos
la enseñanza que recibimos del cielo y que aparece citado en la Biblia, de las
cuales traigo adicionalmente estas:
En Juan 7:24 dice “No juzguéis según las apariencias, sino juzgad
con justo juicio.” En esta cita es Cristo mismo quien manda a juzgar con
justicia.
En 1 Corintios 5: 1-3 podremos leer cómo San
Pablo juzga un acto inmoral cuando dice: “De cierto se oye
que hay entre vosotros fornicación, y tal fornicación cual ni aun se nombra
entre los paganos; tanto que alguno tiene la mujer de su padre. Y vosotros
estáis envanecidos. ¿No debierais más bien haberos lamentado, para que fuese
quitado de en medio de vosotros el que cometió tal acción? Ciertamente yo,
como ausente en cuerpo, pero presente en espíritu, ya como presente he
juzgado al que tal cosa ha hecho.” Aquí San Pablo no solo juzga la
inmoralidad del acto, si no que manda a expulsar al inmoral de la comunidad.
1 Corintios 5:9-11 cómo san Pablo manda enérgicamente a no juntarnos con
quienes juzguemos como fornicarios, avaros, ladrones o
idólatras de entre la comunidad cristiana.
En 1 Timoteo 5:20 incluso nos pide que los
reprendamos en público para que los demás aprendan. Esto evidentemente en
completa armonía con Mateo 18:15- Por tanto, si tu hermano peca contra ti, ve y
repréndele estando tú y él solos; si te oyere, has ganado a tu hermano.
EL PODER ENGAÑOSO QUE ENVÍA DIOS
Sin duda podemos afirmar que estamos viviendo en el Fin de los Tiempos, podríamos intentar discutir sobre en qué momento específico a situación mundial estamos: empezando las siete semanas de Daniel, empezando los 1260 días es decir en la mitad de la tribulación o creyendo que ya estamos en el final del final, listos para los últimos momentos y estar aprestándonos a partir hacia los refugios, como ocurre con los seguidores del discípulo mexicano.
Es claro que la iniquidad actúa con total libertad sobre pueblos y naciones, y que sus siervos a nivel mundial, han comenzado a ejecutar todo lo necesario para sacar a Dios del mundo, momento hacia el que nos dirigimos y que llegará porque así está escrito. Nada de esto parará, ni dejará de agravarse hasta la instauración del reinado del Anticristo y su Nuevo Orden Mundial.
Muchos se condenan por no conocer la Verdad, la idea de este grupo es dar a conocer los principios religiosos que la Iglesia Católica ha enseñado desde siempre, para obtener herramientas que nos preparen para la urgencia de los tiempos en que vivimos y nos ayuden a desenmascarar las artimañas del enemigo que quiere esclavizarnos y someternos en contra de los planes de Dios.
Es fundamental abrir los ojos a la verdad para poder conocer la realidad tal cual es, y dejar de vivir como si no estuviera pasando nada, dejar de vivir ciegos dando traspiés mientras que el alma va viendo comprometida cada vez más su propia salvación. “Conoceréis la Verdad, y la Verdad os hará libres” (Jn 8,32).ad
La mayoría de los textos compartidos, para no decir que casi la totalidad, han sido escritos por otras personas y mi aporte ha sido simplemente re-redactarlos para que sean más fáciles de leer, que las cosas sean como contadas, porque hay algunas cuestiones que son de una profundidad teológica, con lenguaje técnico y citas en latín que de solo verlos da pereza leer y la verdad, siempre tengo presente la cita bíblica de Oseas 4 "contra ti, sacerdote es mi pleito porque mi pueblo perece por falta de conocimiento" y a pesar, de que me gusta pensar que el pleito sea contra los sacerdotes ministeriales, también tengo presente que soy sacerdote laical por ministerio del bautismo y prefiero ayudar con la divulgación del conocimiento y no hacerme sujeto del pleito con Dios. Leo, selecciono, oro, vuelvo y leo y después redacto, llevo años más de diez haciéndolo, tengo una colección de cerca de setecientos artículos entre propios y ajenos, que me han llamado la atenciòn en algún momento y todos los días le dedico mi tiempo y oración personal a esta actividad.
Estamos en el medio de una guerra espiritual enorme, en la que el botín, el premio es su alma y la mía, es necesario entender que estamos a merced de los embates de un enemigo poderoso e invisible.
Jesucristo, Nuestro Señor, en su amor infinito, murió en la cruz para ganarle la guerra a este enemigo. Si pedimos la asistencia del Espíritu Santo podremos encontrar la verdad, conocerla, descubrir que es Jesucristo. Y aprender, para salvar nuestra alma, que sólo por el camino de la cruz podremos encontrar la salvación, pues por nuestros propios medios nada podremos, pues, y así lo dice San Pablo: “Nuestra lucha no es contra enemigos de carne y sangre, sino contra los Principados y Potestades, contra los Soberanos de este mundo de tinieblas, contra los espíritus del mal que habitan en el espacio.” (Ef 6,12)
Y como los enemigos a los que nos enfrentamos en esta batalla son de carácter sobrenatural, únicamente podremos vencerla por medio de Cristo, sólo por Él, con Él y en Él, en unidad con la verdadera fe, enseñanzas y Tradición de la Santa Iglesia Católica, no va a ser con el seguimiento de un falso Cristo adalid de la Modernidad y de la Nueva Era, ni tampoco de doctrinas seductoras como las de Bergoglio, que han sido creadas para dividir y extraviar al rebaño al pretender acabar con la verdad desde la cátedra de Pedro.
Y como los enemigos a los que nos enfrentamos en esta batalla son de carácter sobrenatural, únicamente podremos vencerla por medio de Cristo, sólo por Él, con Él y en Él, en unidad con la verdadera fe, enseñanzas y Tradición de la Santa Iglesia Católica, no va a ser con el seguimiento de un falso Cristo adalid de la Modernidad y de la Nueva Era, ni tampoco de doctrinas seductoras como las de Bergoglio, que han sido creadas para dividir y extraviar al rebaño al pretender acabar con la verdad desde la cátedra de Pedro.
Bergoglio es el Falso Profeta profetizado para el actual Fin de los Tiempos imponiendo las doctrinas de la teosofía y de la masonería, es decir, las de Lucifer, a todo el mundo para unirlo en apostasía final contra el Altísimo, desencadenando así la Gran Tribulación, que no se trata de ninguna alegoría, sino de un tiempo real previo a la Parusía verdadera de Nuestro Señor Jesucristo.
Que el Señor tenga misericordia de nosotros y del mundo entero, porque en toda la historia de la humanidad no ha habido nada que se asemeje ante lo que está a las puertas de ocurrir, lo más grave que se nos ocurra, es pálido reflejo de lo que se nos viene encima.
Dice San Pablo en la segunda carta a los Tesalonicenses que: “El misterio de la iniquidad ya está actuando. Sólo falta que desaparezca el que lo retiene,(el Papa Benedicto XVI) y entonces se manifestará el Impío, a quien el Señor Jesús destruirá con el aliento de su boca y aniquilará con el resplandor de su Venida. La venida del Impío será provocada por la acción de Satanás y está acompañada de toda clase de demostraciones de poder, de signos y falsos milagros, y de toda clase de engaños perversos, destinados a los que se pierden por no haber amado la verdad que los podía salvar. Por eso, Dios les envía un poder engañoso que les hace creer en la mentira, a fin de que sean condenados todos los que se negaron a creer en la verdad y se complacieron en el mal”. (2 Tesalonicenses, 2, 7-12).
MI POSICIÓN, COMO LAICO CATÓLICO QUE SOY
Desde mi punto de vista la Iglesia Católica sigue siendo la
que está en Roma, y así lo será mientras Dios permita que el Vaticano siga
existiendo. No me importa que la Sede
esté usurpada, eso no la cambia.
Siempre que utilizo el término falso refiriéndome a un obispo o a un jerarca, lo estoy haciendo en referencia a sus errores y omisiones de la verdad, no a la validez de su sucesión apostólica o de su ministerio. En eso no entro.
La jerarquía válida de la Iglesia Católica sigue siendo la
jerarquía oficial, así en muchos casos, demasiados, se profese el error o la
omisión de la verdad. En cuanto a los obispos y los jerarcas no
tengo nada que decir en contra de su sucesión apostólica, lo único, tal vez, sea
tener en cuenta que Judas, también fue un apóstol y elegido por Jesús, quien
según sus propias palabras era un diablo Juan 6,70 “no os escogí Yo a
vosotros, los doce, y sin embargo uno de vosotros es un diablo”.
Siempre que utilizo el término falso refiriéndome a un obispo o a un jerarca, lo estoy haciendo en referencia a sus errores y omisiones de la verdad, no a la validez de su sucesión apostólica o de su ministerio. En eso no entro.
Estoy absolutamente convencido de que los Sacramentos son
total y absolutamente válidos y además eficaces, siempre y cuando la persona que
los recibe tenga la disposición requerida por la Iglesia desde todos los
tiempos. Como consecuencia no comparto, en lo absoluto, los argumentos de los
sedevacantistas y sus condenas a la existencia de Iglesia que sólo puede
derivar en un diabólico abandono de los sacramentos por parte de la gran
mayoría de miembros de la Iglesia y de la sociedad.
Mis críticas
reiteradas y persistentes a la herejía y a la mentira evidentes en la Iglesia
actual no me sacan de la Iglesia Católica, de hecho estoy en plena comunión con
la Santa Iglesia Católica y con sus enseñanzas reiterativas y consistentes con
el magisterio de más de dos mil años, los sedevacantistas predican una herejía
y buscan un cisma con la Iglesia romana, ellos si se ubican fuera de la Iglesia
por lo tanto, no pretendo unirme a ellos, ni tampoco que me unan con ellos.
Uno de los mayores triunfos de satanás, precisamente, ha
sido conseguir que muchos buenos elementos de la Iglesia se queden por fuera de
ella, y dejen de combatir por la verdad.
Sabemos que Nuestro Señor Jesucristo concibió a su Iglesia como
una sola Iglesia, como un cuerpo único, no como un conjunto de grupúsculos
independientes o resistentes en la lejanía, de hecho en la parábola del trigo y
la cizaña le dice a los siervos que no arranquen la cizaña, porque al
arrancarla podrían arrancar también el trigo.
Y textualmente en Mateo 13, 30 les dice: “Dejad crecer juntamente lo uno y lo otro hasta la
siega; y al tiempo de la siega yo diré a los segadores: Recoged primero la
cizaña, y atadla en manojos para quemarla; pero recoged el trigo en mi granero.
Ni al trigo le compete cegar a la cizaña, ni tampoco salirse
del campo, el que se sale del cuerpo sale del estadio en que se desenvuelve la
lucha. Leer Mateo 13 36-43 y que “El que
tiene oídos para oír, oiga”.
Dios ha permitido, indudablemente, como castigo, que Bergoglio
esté a la cabeza de la Iglesia en estos momentos. Estoy firmemente convencido de que el Papa
Benedicto XVI fue víctima de un golpe de estado por parte de la Sinagoga de
Satanás que opera en el interior de la Iglesia por el misterio de iniquidad. Bergoglio, sin duda, es el Falso Profeta
bíblico que, según Ap 13:11, “ostenta los cuernos del Cordero” -es decir, es el
vicario de Cristo -“pero habla como dragón” -produce en sí el verbo, el mensaje
de Lucifer: la tentación sobre la misma
Iglesia, Esposa de Cristo-.
Cabe preguntarnos ¿según Apocalipsis, es Papa? Ciertamente lo es en cuanto a su cargo de
poder, de cara al mundo, reconocido por la gran mayoría como Papa, pero no lo
es en su intención ni en su corazón (“¿Quién soy yo para juzgar?”), y ahí está precisamente la trampa para que
arrastre a los que son como él consigo, el “engaño para perder a los mismos
elegidos” de 2 Tes, 2. Pero además también se debate mucho sobre cuál fue el
alcance verdadero de la renuncia de Benedicto.
Francisco es el Falso Profeta, el precursor del Anticristo, y los tiempos ya están
maduros para que quien quiera ver y entender, lo haga. Si no fuera él, se me hace difícil imaginar
un personaje con mayor capacidad de engaño que éste, pero cabe, por supuesto, la
posibilidad de que aparezca.
Sin embargo, por lo característico del personaje y tal y como
los medios mundanos le publicitan es claro que él es el Falso Profeta en
persona. Quizás a la muerte de S.S. el
Papa Benedicto XVI el plan de satanás se acelere vertiginosamente, pero lo que
si es cierto es que “El misterio de la iniquidad ya está actuando y sólo falta
que desaparezca el que lo retiene”, 2Tes 2,7; es decir, que desaparezca el
verdadero Papa católico que siempre ha estado presente desde San Pedro.
Bergoglio sólo podría ser depuesto por un concilio de
obispos, algo que, a día de hoy -y, a diferencia de lo que probablemente hubiera
pasado en otro tiempo no podemos esperar, parecería que la gran mayoría de los
obispos están atrapados en la mentira de la iniquidad o callan, cobardemente, a
la espera de que llegue otro Papa, atrapados en las Conferencias Episcopales
que han liquidado la defensa de la fe. Los
que alzan su voz, son escandalosamente poco y de ninguna manera suficientes
para iniciar ese cambio.
En realidad lo que ha ocurrido es que Dios ha permitido este
triunfo del mal en la cabeza de la Iglesia, tal y como estaba profetizado, esto
no es poner en duda la promesa de Cristo sobre la indefectibilidad de la
Iglesia, sino, más bien, confirmar que se trata de la Voluntad de Dios
expresada desde toda la eternidad sobre la misma y así está expresado en el propio
Catecismo de la Iglesia Católica:
La última prueba de
la Iglesia 675 Antes del
advenimiento de Cristo, la Iglesia deberá pasar por una prueba final que
sacudirá la fe de numerosos creyentes (cf. Lc 18, 8; Mt 24, 12). La persecución que acompaña a su peregrinación
sobre la tierra (cf. Lc 21, 12; Jn 15, 19-20) desvelará el “misterio de
iniquidad” bajo la forma de una impostura religiosa que proporcionará a los
hombres una solución aparente a sus problemas mediante el precio de la
apostasía de la verdad. La impostura religiosa suprema es la del Anticristo, es
decir, la de un seudo-mesianismo en que el hombre se glorifica a sí mismo
colocándose en el lugar de Dios y de su Mesías venido en la carne (cf. 2 Ts 2,
4-12; 1Ts 5, 2-3;2 Jn 7; 1 Jn 2, 18.22).
676 Esta impostura del Anticristo aparece esbozada ya en el
mundo cada vez que se pretende llevar a cabo la esperanza mesiánica en la
historia, lo cual no puede alcanzarse sino más allá del tiempo histórico a
través del juicio escatológico: incluso en su forma mitigada, la Iglesia ha
rechazado esta falsificación del Reino futuro con el nombre de milenarismo (cf.
DS 3839), sobre todo bajo la forma política de un mesianismo secularizado,
“intrínsecamente perverso” (cf. Pío XI, carta enc. Divini Redemptoris,
condenando “los errores presentados bajo un falso sentido místico” “de esta
especie de falseada redención de los más humildes”; GS 20-21).
677 La Iglesia sólo entrará en la gloria del Reino a través
de esta última Pascua en la que seguirá a su Señor en su muerte y su
Resurrección (cf. Ap 19, 1-9). El Reino no se realizará, por tanto, mediante un
triunfo histórico de la Iglesia (cf. Ap 13, 8) en forma de un proceso
creciente, sino por una victoria de Dios sobre el último desencadenamiento del
mal (cf. Ap20, 7-10) que hará descender desde el cielo a su Esposa (cf. Ap 21,
2-4). El triunfo de Dios sobre la rebelión del mal tomará la forma de Juicio
final (cf. Ap 20, 12) después de la última sacudida cósmica de este mundo que
pasa (cf. 2 P 3, 12-13).
¿JESÚS ES DISTINTO AL DE LAS ESCRITURAS?
La figura del anticristo no ha
aparecido en el mundo, pero su espíritu está operando. Y está falsificando al verdadero Jesús
haciendo una caricatura de su mensaje. Presentándonos
una prédica de Jesús diferente a la que relatan los evangelios. Debemos ser conscientes de esta estrategia
del maligno y estar en guardia para detectar las mentiras.
ISRAEL COMENZÓ LA BÚSQUEDA DE UN REY HASTA LLEGAR A JESÚS
La historia del pueblo judío
narrada en la Biblia se puede definir como la búsqueda de un rey terrenal que
lo guíe hacia un destino glorioso. El
pueblo le pide a Samuel un rey, lo que está relatado en 1 Samuel. El Señor le dice que nombre a Saúl, pero Saúl
demostró ser un rey débil y celoso. Luego
el Señor Elige a David como rey en su reemplazo. Que gobernó en una época de
oro para Israel. Lo sucedió su hijo
Salomón, bajo cuya administración el reino de Israel se dividió en dos: Judá en
el sur con dos tribus e Israel en el norte con 10 tribus.
Luego vienen los periodos de
cautiverio las 10 tribus del Norte son cautivas por los asirios en el año 722 AC. Y luego se mezclan con los gentiles
convirtiéndose mayoritariamente en los samaritanos. Mientras que las dos tribus de Judá fueron
llevados a cautiverio por los babilonios en el año 597 AC.
Regresaron 70 años después. Uno de los cautivos fue el profeta Daniel. Quien escribió en Daniel 2: 44 que vendría un
día el Mesías a restaurar el reino de Dios en la Tierra. Y estableció que ese reino jamás será
destruido, ni su soberanía dejada a otro pueblo, y permanecerá para siempre.
Cinco siglos más tarde aparece
Jesús en la escena. Y su mensaje es “arrepentíos
porque el reino de los cielos ha llegado”, como se pude leer en Mateo 4. El reino no era terrenal sino el que da
entender Daniel. Un reino que no tendrá
fin y que reunirá a todo el mundo. La
promesa de Jesús no es que llegará el reino de Dios sino que ya llegó con Él. Y además que somos sus hijos adoptados por
Jesús, en su reino, como se puede ver en Gálatas 4: 5.
Enormes promesas de Jesucristo
que hasta el día de hoy se manifiesta con luces y sombras. Por un lado Jesucristo nos legó la religión
más grande del mundo y que ha sobrevivido 2000 años. Pero en estos dos mil años la figura de Jesús
ha sido fuente de continuas discusiones y conflictos. Incluso dentro de los cristianos se discute
cual es la modalidad y la moralidad que Jesús nos vino a traer. Para muchos Jesús es un maestro moral, para
otros un activista, para otros un ser de alta espiritualidad, y para otros más
modernamente trajo a la tierra la noticia de una nueva sexualidad.
Y a pesar de que para algunos o
para muchos de ellos es también el hijo de Dios, todas estas son
falsificaciones, y como tales son ajenas a la Biblia y son fruto del
anticristo.
¿COMO ERA JESÚS EN REALIDAD?
Si nos basamos en lo que dice la
Biblia Jesús físicamente era una persona musculosa, con cabello largo y barba. Una persona de gran resistencia física como
para recorrer durante 3 años una enorme cantidad de kilómetros, completamente impensable
para un hombre de nuestra época, incluso personas como Ana Catalina Emmerick,
muestran en sus relatos como muchas veces estaba solo, o acompañado solo por
algunos e incluso algunas veces por personas que no están en los relatos
bíblicos.
Jesús fue un hombre que mostró
que tenía la capacidad de restaurar la salud de la gente y expulsar demonios y
de hacer milagros como la multiplicación de los panes y los peces y tantos
otros.
Era un predicador fuerte y
desafiante, no una persona tímida. Sus
prédicas no tenían concesiones. No eran
suaves ni políticamente correctas, sino más bien comprometidas y exigentes para
con la gente. Las personas debían
arrepentirse y creer en su evangelio y en la moralidad que Él expresaba. Era Jesús un predicador firme y decidido, que
no aceptaba un compromiso a medias, mostraba que era urgente la conversión. No vino a debatir que era lo bueno y que era
lo malo sino a traer la palabra del Padre.
Era tan exigente que advirtió que “el que no recoge conmigo, dispersa”.
Nada detenía la predicación de
Jesús. Este es el Jesús de quien podemos
leer en la Biblia, que no está permeado por ideologías, o por mentiras y si
creemos que lo que dice la Biblia fue lo que en realidad ocurrió. Es inadmisible pensar lo que manifestó el
superior General de los Jesuitas que no se puede conocer exactamente lo que
dijo Jesús porque no había grabador en aquella época.
Sin embargo la personalidad
pública y manifiesta de Jesús se ha venido desdibujando a través de los siglos
y hoy en día han aparecido otras interpretaciones de su personalidad y discurso,
que son ajenas a los documentos que siempre hemos tenido.
VEAMOS ALGUNAS DE LAS MÁSCARAS QUE LE HAN PUESTO A JESÚS
LA DE JESÚS EL ACTIVISTA
Una caricatura de Jesús es como
activista social radical, promoviendo a los pobres y marginados, para
mejorarles la situación en la Tierra. Esto
fue encarnado más claramente por la Teología de la Liberación, que fue muy
popular en América Latina luego del Concilio Vaticano II, erradicada por Juan Pablo
II y por Benedicto XVI y nuevamente “entronizada” por el antipapa Francisco.
Esta manera de ver a Jesús, como
mínimo, lo despoja de su divinidad y lo sitúa como un maestro moral terrenal cuya
prédica se limita a mejorar las situaciones sociales y económicas terrenales;
que los desposeídos vivan mejor en la Tierra.
Sabemos, por la misma Biblia, que en la Tierra no se puede satisfacer
los anhelos más profundos del corazón, por eso la prédica bíblica de Jesús es
hacia lo trascendente, hacia la vida eterna, de la cual Él se autodenomina el
camino.
JESÚS ESPIRITUAL PERO NO RELIGIOSO
En estos dos mil años se ha
mellado la relación de las iglesias institucionales con buena parte de la
población. Abonado por las denuncias de
abusos sexuales de sacerdotes, corrupción, apostasía, clericalismo. Por otro lado, la reforma protestante
introdujo la noción de qué se podía tener una relación personal con Jesús sin
intermediarios y que era lo deseable. Y
posteriormente la nueva era amplió este criterio del cristianismo individualista
del protestantismo suplantándolo con una vaga orientación espiritual que cree
en un ser superior, que es sobre todo una energía creadora, como el gran
arquitecto del universo en el que creen los masones, pero que cada uno podría
armar a su gusto sin depender de la iglesia institucional.
Y Jesús es religioso, estableció
una estructura de autoridad a través de los apóstoles para el armado de la
Iglesia a Pedro le dio las llaves del reino escogiéndolo para edificar su
iglesia y prometió que los poderes del infierno no la destruirían.
JESÚS EL DÉBILMENTE HÍPER MISERICORDIOSO
Otra máscara falsa de Jesús es
presentarlo como un ser todo amor pero todo permisivo que no obliga a nadie,
que entiende los problemas y las excusas de la gente y siempre perdona sin
exigir demasiado. No hay dudas que Jesús
es misericordioso amoroso y siempre perdona, pero pide que te arrepientas. Pide
que no caigas de vuelta en el pecado. Como
en el caso de la mujer sorprendida en adulterio que relata Juan 8: 1- 1, qué
Jesús no la condena, la perdona, pero lo dice “vete y no peques más”.
Jesús no vino acompañar a la
gente, sino a llamar a la conversión de estilo de vida y esto resulta incómodo
para muchos que no están dispuestos a cumplir las exigencias que Él reclama.
La verdadera misericordia de Jesús
se expresa en su reclamo de cambio de vida y conversión, para evitar el riesgo
de perdición pero sucede que quienes aplican esta máscara a Jesús son también
los que creen que el infierno no existe o está vacío, por lo tanto no hay un
castigo severo para el pecado mortal.
JESÚS GAY
Esta máscara de Jesús es propia
de la última década y de la revolución sexual, algunos pastores hablan en
principio que no saben cuál es la orientación sexual de Jesús. Abonado incluso con que no se casó ni tuvo
hijos, ni tuvo relación con ninguna mujer. Además dicen que Jesús se identifica con los
marginados de nuestra sociedad, y entre los marginados ellos ponen a los
homosexuales.
Otros pastores directamente dicen
que Jesús probablemente fue homosexual y retratan a los apóstoles como una camarilla
gay alrededor de Jesús, así lo dijo un Obispo en Bogotá, cuando dijo que no nos
consta que los apóstoles no hubieran sido homosexuales. Probablemente, para ellos, Jesús entonces se
sentiría atraído por los hombres, por eso se rodeó de hombres y no de mujeres. Y
citan el ejemplo del discípulo amado que recostó su cabeza sobre el pecho de
Jesús en la última cena. Debido a su
homosexualidad Jesús habría exhortado a sus seguidores a romper los lazos
familiares. Lo cual no es un rechazo
hacia la familia sino más bien una invitación positiva a unirse, para afirmar
la alegría y el amor del estilo de vida gay.
Incluso algunos van más allá en
la herejía porque llegan a pensar qué Jesús se hizo gay porque la Santísima
Virgen era una madre posesiva y San José una persona hostil, que deviene de la
ambigüedad de su estatus como padre adoptivo de Jesús. Y cómo dato mencionan cuando Jesús se separó
de sus padres y fue a la sinagoga a predicar cuando tenía 12 años.
Incluso interpretan que Pablo de
Tarso también era homosexual y que como el ambiente en esos años era altamente
homofóbico, los propios guardianes del cristianismo cultivaron en secreto la
homosexualidad.
Estas 4 máscaras con las cuales
se retrata a Jesús son parte del engaño del anticristo.
CÓMO PROTEGERSE DEL ENGAÑO DEL ANTICRISTO
Aunque la figura del anticristo
no se ha manifestado aún, es claro que está operando el espíritu del
anticristo.
El numeral 676 del Catecismo de
la Iglesia Católica dice: “Esta impostura del Anticristo aparece esbozada ya en
el mundo, cada vez que se pretende llevar a cabo la esperanza mesiánica en la
historia, lo cual no puede alcanzarse sino más allá del tiempo histórico a
través del juicio escatológico”.
San Pablo en la segunda carta a
los Tesalonicenses habla que el anticristo se opondrá a todo lo que se
relacione con Dios y se hará pasar por Dios.
Esta es la lógica del espíritu
del anticristo, causar engaño y el Catecismo de la Iglesia Católica numeral 675
hablando de la prueba final de la iglesia dice: “Allí se desvelará el misterio
de la iniquidad en la forma de una impostura religiosa que proporcionará a los
hombres una solución aparente a sus problemas mediante el precio de la
apostasía de la verdad”.
Y dice también que: “La impostura
religiosa Suprema es la del anticristo, un pseudo mesianismo en que el hombre
se glorifica a sí mismo en lugar de Dios y de su Mesías venido en la carne” De
modo que la tendencia al engaño ya está presente.
¿Y cuál es la forma de protegerse
contra el engaño y contra estás máscaras de Jesús? La respuesta la da San Pablo en 2
Tesalonicenses 2:15 cuando dice, “Hermanos estad firmes y retened la doctrina
que habéis aprendido, ya sea por palabra o por carta nuestra” Esto significa aferrarse a las tradiciones, a
la verdad escrita en el evangelio y expresada en el Catecismo de la Iglesia
Católica.
1 Juan 4: 6 expresa lo mismo con
otras palabras cuando dice, “El que conoce a Dios nos escucha y el que no es de
Dios no nos escucha; en esto conocemos el espíritu de la verdad y el espíritu
de error”.
Por lo tanto la tradición es el
antídoto a la presencia de falsas enseñanzas y del espíritu del anticristo. Hay que atenerse a lo escrito en la Biblia a
la predicación apostólica y a la sagrada tradición. La Constitución apostólica Dei Verbum del
Concilio Vaticano II habla, que a través de la tradición de la iglesia en su
doctrina vida y culto perpetuo se transmite a todas las generaciones lo que
ella es y lo que ella cree. La sagrada tradición está compuesta por los
credos de la Iglesia, las doctrinas infalibles, su práctica moral y la sagrada
liturgia.
También y como parte de todo
santos Obispos han dado sus propias fórmulas para que nos mantengamos alejados
y preservados de estas imposturas, por ejemplo Fulton Sheen: que es necesario "Conservar
el estado de gracia quienes tengan fe, y quienes no la tengan que empiecen a
buscarla, porque en los tiempos que vienen solo habrá una forma de que las
rodillas dejen de temblar, y será caer sobre ellas y rezar".
Pero propone también un plan de
vida, para estar preparados y evitar caer en los engaños, que se resume en lo
siguiente:
-Colgar un crucifijo en casa "para
recordar que tenemos una cruz que llevar".
-Rezar cada noche el rosario en
familia.
-Ir diariamente a misa.
-Hacer a diario la Hora Santa
ante el Santísimo, "especialmente en parroquias cuyos párrocos son
conscientes de las necesidades del mundo y llevan a cabo actos de
reparación".
-Rezar a San Miguel Arcángel,
recordándole que ya venció una vez el orgullo de Lucifer.
-Rezar a la Santísima Virgen,
"porque le ha sido dado el poder de aplastar la cabeza de la
serpiente".
ORACIÓN, la de Jacob
En la Biblia encontramos varias maneras de orar, la principal, por supuesto, el Padre Nuestro, en Lucas 11,1 cuando los discípulos
le piden al Señor: “Maestro enséñanos a orar”, y Él nos enseña esta magnífica oración, que, cabe precisar, la Iglesia siempre ha tomado del
evangelio de San Mateo, 6, 9-13. Este, es el mejor, pero no el único ejemplo, hay más formas de
orar desperdigadas por toda la Biblia, donde se nos plantean caminos que es necesario explorar, pues, nada más y nada menos se trata de Dios mismo, enseñándonos distintos caminos de
oración, por ejemplo, la oración de Jacob y la de Esaú.
Nos cuenta la Biblia que Isaac, a los cuarenta años de edad, empezó a orar para que Rebeca, su señora, quedara embarazada, esa bendición, la del embarazo, le llegó cuando tenía 60 años, es decir que pasó 20 años de oración para obtenerla, la oración debe ser insistente, sin desfallecer, y varios son los ejemplos que tenemos al respecto, la de Isaac es una, la de Santa Mónica por su hijo San Agustín es otra.
Y debe ser valiente y sin desfallecer. Debemos conocer la historia y tenerla presente JACOB,
ESAÚ Y REBECA, EL PLATO DE LENTEJAS Y LE TUMBAN LA PRIMOGENITURA A ESAÚ, TUVO
QUE EXILIARSE DE SU CASA DONDE SU PARIENTE LABÁN, HASTA CUANDO DECIDE REGRESAR
A ENFRENTAR A SU HERMANO ESAÚ QUE SALE A ENFRENTARLO CON 400 HOMBRES.
Jacob hace como un lobby y trata de cuentiarse a su hermano y no le da resultado
GENESIS 32,4 Reclama de Dios sus
promesas (LA MISERICORDIA DE DIOS SE DERRAMA SOBRE LOS QUE LE TEMEN) tú me
dijiste vuélvete a tu tierra y a tu parentela y yo te haré bien, líbrame de la
mano de mi hermano porque le temo, tú has dicho yo te hare bien y tui
descendencia será como la arena del mar, que se puede contar por la gran
multitud.
Jacob se aterrorizó y pasó la
noche postrado orando, SINTIÓ una mano
que le tocaba el hombro, comenzó a luchar con ese desconocido, que era Dios
mismo que venía a auxiliarlo, al darse cuenta de quién era le dijo con humildad
“no te dejaré si no me bendices.
Dios obró un milagro en su
hermano se encontraron y se besaron, su deseo de venganza fue mudado por el
anhelo del encuentro con su hermano.
El
que se propone orar y seguir a Cristo ha de tomar las armas de Dios: “abrocharse el ceñidor de la castidad, ponerse
la coraza de la justicia, embrazar el escudo de la fe, tomar por casco la
salvación y tener la espada del Espíritu, la palabra de Dios rebosando en los
labios y en el corazón” Ef 6, 14 sig.
Luchar
con Dios según el texto bíblico es una realidad eminentemente positiva.
Luchar
con Dios es no amilanarse por el desconcierto que Dios mismo provoca en tantas
ocasiones.
Luchar con Él es mantener la sonrisa, la cabeza levantada, la confianza despierta… cuando Él mismo se hace esquivo, huidizo, hostil y difícil de descifrar. LA NOCHE DEL ESPIRITU).
Luchar con Dios es seguir creyendo en Él aun cuando nos hiera y disloque.
Luchar
con Dios es no huir cuando la fascinación ha dado paso al martirio cotidiano de
una entrega sin brillo y sin aplauso. Después del domingo de ramos viene el
viernes de pasión
Luchar con Él es seguir queriendo ahondar en la amistad aún cuando se torne nuestro enemigo.
Aquí se encuentra la gran frontera de los verdaderos amadores y orantes, contra este muro muchos chocaron y se volvieron desolados atrás, otros se aventuraron y descubrieron un mundo nuevo en Dios y en sí mismos.
LA
LUCHA ESTABLECE LA FRONTERA ENTRE UN JACOB ANTERIOR Y UN ISRAEL POSTERIOR. El
cambio de nombre alude a que ese encuentro ha cambiado su vida. Es el gran reto
de la madurez de la vida.
Sale
cojeando de la prueba. No sale ileso, es herido por Dios. Porque del encuentro
con Él nunca se sale ileso. Si es Dios, nunca deja indiferente.
El
litigio es iniciativa de Dios que protesta de esta manera. Al enfrentarse con
Jacob vuelve las cosas a justicia. Es una misteriosa manera de ahondar los
lazos y la amistad entre ambos. Es una pelea,
un disloque, una herida que enamora, que desconcierta en principio, para dejar
sabor a cercanía cálida y amigable.
Las armas de Dios son su fidelidad y la Promesa
renovada. Las de Jacob son su esperanza en Dios. Ambos mantienen hasta el amanecer la tensión, ninguno
de los dos cede, los dos ganan la pelea. Nace una amistad renovada, Dios llama
a Jacob con un nuevo nombre, Jacob ha visto a Dios sin morir. Ambos han
penetrado la intimidad del otro, se han ganado mutuamente.
La
amistad de Dios es un tesoro que reciben los que se atreven a luchar con Él,
los que están dispuestos a perderlo todo menos la esperanza en Él.
“Toda
la vida de Jacob está contenida entre dos encuentros con Dios, cogida entre dos
momentos de encuentro, el sueño de Betel y el combate del vado de Jaboq. Veinte
años separan estos dos momentos. Las dos veces es el tiempo de la prueba y de
la noche. Jacob está solo las dos veces… ”
El Viacrucis de San Leonardo de Porto Maurizzio
Rogámoste,
Señor, prevengas nuestras acciones con tu inspiración, y las prosigas con tu
ayuda para que toda nuestra obra y oración, por tí siempre empiece y en tí
siempre acabe.
Oración preparatoria, o
acto de constricción que se hará antes de dicho santo ejercicio.
Clementísimo
Jesús mío, porque sois infinitamente bueno y misericordioso, os amo sobre todas
las cosas, y de todo corazon me arrepiento de haberos ofendido, Dios mío, y
sumo bien mío: ofreciéndoos este santo viaje, en honra y veneración de aquel
viaje doloroso, que vos hicisteis por mí, indignísimo pecador; e intento ganar
todas las indulgencias, y rogar por todos aquellos fines y motivos por los
cuales fué con cedido un tan grande tesoro: suplicándoos humildemente que yo
haga este santo ejercicio de tal modo que me ayude a conseguir vuestra
misericordia en esta vida, y en la otra, la vida; eterna. Amen.
ESTACIÓN PRIMERA.
V. Adorámoste Señor mío Jesucristo y
te bendecimos.
R. Que por, tu santa cruz redimiste
al mundo.
En esta primera estación se representa
la casa y pretorio de Pilatos, donde nuestro buen Jesús, coronado de
penetrantes espinas, y todo bañado en sangre recibió la inicua sentencia de
muerte.
Considera la admirable sumisión del
inocente Jesús en recibir una tan inicua sentencia de muerte: y sabe; que tus
culpas y pecados fueron los falsos testigos que la firma ron, y tu obstinación,
indujo a aquel impío juez a proferirla, y si asi es vuélvete hacia tu Dios
amoroso, y más con lágrimas del corazón, que con las expresiones de la lengua
dile así:
¡Ay de mí! ¡Amado Jesús mío! Y que amor tan
entrañable es el vuestro, pues por una criatura tan ingrata sufrís prisiones,
cadenas y azotes tan crueles hasta ser sentenciado a una ignominiosa muerte la
que solo esto basta para herirme el corazón, y hacerme detestar tantos, pecados
míos, que fueron la causa de tantos trabajos vuestros. Ya, Señor, abomino mis
pecados, ya los lloro y por todo este camino doloroso andaré suspirando y
repitiendo. Jesús mío misericordia, Jesús misericordia. Amén.
Padre nuestro, Ave María y Gloria.
Señor ten piedad y misericordia de nosotros.
ESTACIÓN SEGUNDA.
V. Adorámoste Señor mío Jesucristo y te bendecimos.
R. Que por, tu santa cruz redimiste al
mundo.
Recibe Jesús la pesada cruz, sobre sus hombros.
En esta segunda estación se representa el lugar,
donde por mano de cruelísimos ministros, fué cargado sobre los lastimados
hombros de Jesús el Madero pesado de la Cruz.
Considera como el Benignísimo Jesús,
lleno de inmensos dolores, se abraza con la Santa Cruz; y mira con cuanta
mansedumbre sufre los golpes y escarnios de aquellos viles hombres, cuando tú,
o miserable, huyes cuanto puedes la Cruz de la verdadera penitencia, sin
reflexionar que sin Cruz no hay entrada en la Gloria. Llora, pues, tu ceguedad,
con la cual, hasta ahora has aborrecido el padecer, y vuelto de corazon a tu
Señor, dile suspirando así:
A mí, Jesús mío, a mí, y no a Vos, se debe esa pesada
Cruz. ¡Oh Cruz pesadísima, que fuiste fabricada de mis feas y enormes culpas!
Ea, pues, Salvador mío, dadme fortaleza para abrazar con amor las cruces de los
trabajos, que merecen mis pecados, a fin de que, en el breve tiempo de esta
vida, teniendo la dichosa suerte de vivir abrazado con la Santa Cruz, muera
crucificado, y por medio de la Cruz, arribe finalmente a gozaros eternamente en
el Cielo. Amén.
Padre nuestro, Ave María y Gloria.
Señor ten piedad y misericordia de nosotros.
ESTACION TERCERA.
V. Adorámoste Señor mío Jesucristo y te bendecimos.
R. Que por, tu santa cruz redimiste al
mundo.
Cae Jesús con la Cruz la primera vez.
En esta tercera, estación, se representa el
lugar, donde el pacientísimo Jesús cayó la primera vez con la Cruz.
Considera como el afligidísimo Jesús, decaído de
fuerzas por la sangre que vertía, y por la fatiga, que con el tropel le
ocasionaban aquellos viles ministros de Satanás, | cayó la primera vez en
tierra, debajo del pesado madero de la Cruz. Ea, pues, mira como aquello
envenenados verdugos lo hieren con palos, puntillones y desprecios; y el
pacientísimo Jesús a todo no abre su boca, sufre y calla, cuando tú en tus
ligerísimos trabajos; eres tan impaciente, que luego te alteras, impacientas y
ensoberbeces; y aun por ventura, tal vez temerariamente blasfemas. Pues esta
vez, a lo menos, arrepentido de tus altiveces, detesta tu soberbia, y ruega a
tu afligido Dios de esta manera:
Amantísimo Redentor mío, aquí está postrado, a vuestros
pies el pecador más pérfido de cuantos viven sobre la tierra. ¡Oh cuantas
caídas! ¡Oh cuantas veces he sido precipitado en un abismo de iniquidad! Ea,
pues, dadme vuestra mano soberana para levantarme. Ayudadme, Jesús mío,
ayudadme, a fin de que en lo restante de mi vida, no vuelva a caer en culpa
alguna mortal, y en la muerte asegure el conseguir la eterna salvación.
Amen.
Padre Nuestro, Ave María y Gloria.
Señor, ten piedad y misericordia de nosotros.
ESTACIÓN CUARTA.
V. Adorámoste Señor mío Jesucristo y te
bendecimos.
R. Que por, tu santa cruz redimiste al
mundo.
Encuentra Jesús a su Santísima Madre.
En esta cuarta estación se representa el lugar, donde
nuestro apasionado Redentor encontró a su afligidísima Madre.
¡Oh qué dolor traspasó el corazon de Jesús! ¡Y oh qué
dolor hirió el corazon de María en aquel encuentro! ¡Oh alma ingrata! ¿Qué mal
te ha hecho mi amado hijo Jesús? Dice la dolorosa María. ¿Qué mal te ha hecho
mi inocente y pobre madre? dice Jesús. Ea, pues, deja la culpa, que fué la
causa de estas nuestras grandes penas. Y tú, ¿qué les respondes? Ya
arrepentido, con lágrimas de dolor, diles así:
¡Oh divino hijo de María! ¡Oh santísima madre de mi
amado Jesús! Aquí me tenéis postrado a vuestros pies santísimos, humillado y
compungido confieso que soy yo aquel traidor, que fabriqué, pecando, el
cuchillo de dolor que traspasó vuestro tiernísimo corazon, ya me arrepiento de
corazon, y pido a entrambos misericordia y perdón, misericordia, Jesús mío,
misericordia, misericordia, Santísima. María, misericordia; a fin de que por
medio de esta gran misericordia, yo me aparte de las culpas, medite vuestras
penas todo el breve tiempo de mi vida y pase de pues a veros en los gozos de la
Gloria. Amén.
Padre Nuestro, Ave, María y Gloria.
Señor ten piedad y misericordia de nosotros.
ESTACIÓN QUINTA.
V. Adorámoste Señor mío Jesucristo y te bendecimos.
R. Que por, tu santa cruz redimiste al mundo.
Ayuda el Cireneo a llevar la Cruz al Redentor.
En esta quinta estación se representa el lugar, donde
precisaron los judíos al Cireneo a que ayudase a llevar la Cruz a nuestro
Redentor Jesús.
Considera, que tú eres aquel Cireneo, el cual llevo
la Cruz de Jesús por cumplimiento o por fuerza, porque estas muy asido a las
conveniencias transitorias de este mundo. Ea, pues, desprende tu voluntad de
los aparentes bienes mundanos y aliviarás de tan crecido peso al fatigado
Jesús, y abrazando de corazón todos los trabajos, que te vienen de la mano de
Dios, te ofrecerás a sufrirlos con paciencia, dando gracias a tu Dios, a quien
dirás así:
¡Oh amantísimo Jesús mío! Gracias te doy por tantas,
y tan oportunas ocasiones de merecer por mí y de padecer por vos. Ea, pues,
haced, Dios mío que sufriendo con paciencia todo aquello que tiene apariencia
de mal en esta vida, consiga los tesoros de bienes eternos en la otra, y
padeciendo vos aquí desconsuelos y trabajos, sea hecho digno de pasar a
reinar también con vos eternamente en el Cielo. Amén.
Padre nuestro, Ave María y Gloria.
Señor ten piedad y misericordia de nosotros.
ESTACIÓN SEXTA.
V. Adorámoste Señor mío Jesucristo y te
bendecimos.
R. Que por, tu santa cruz redimiste al
mundo.
Limpia la Verónica el rostro ensangrentado de Jesús.
En la sexta estación se representa el lugar, donde la
santa mujer Verónica limpió con un paño el rostro ensangrentado de Jesús.
Considera, como en aquel santo lienzo quedo estampado
el pálido rostro de Jesús, mira en aquel paño todo desfigurado el rostro de tu
Dios y movido del amor, procura un propio retrato de aquel rostro en tu
corazón. ¡Oh feliz de ti, si con Jesús esculpido en tu corazón vivieres! ¡Oh
feliz de ti, si con Jesús esculpido en el corazón murieres!; pues para
merecer un bien tan grande ruega a tu Señor así:
Atormentado Salvador mío, yo os suplico que imprimas
de tal manera en mi corazon, la imagen de vuestro santísimo rostro, que de día
y de noche siempre piense en vos, para que puesta delante de mi vista vuestra
pasión dolorosa, llore siempre mis enormes culpas que alimentado aquí, como os
lo ofrezco con el pan del dolor de mis pecados, espero que después me concedáis
el consuelo de ver Vuestro hermoso rostro eternamente en el Cielo. Amen.
Padre nuestro, Ave María y Gloria
Señor ten piedad y misericordia de nosotros.
ESTACIÓN SEXTIMA.
V. Adorámoste Señor mío Jesucristo y
te bendecimos.
R. Que por tu santa cruz redimiste
al mundo.
Cae Jesús segunda vez con la Cruz
En esta sétima estación se representa la puerta de
Jerusalén, llamada Judiciaria, donde nuestro Redentor cayó en tierra segunda
vez con la cruz.
Considera a tu Señor, caído y tendido en el suelo,
abatido de los dolores, pisado con desprecio de los enemigos, y escarnecido de
la plebe; y advierte, que tu soberbia fue quien le impelió a caer, y tu altivez
lo puso tan abatido. Ea, pues, baja esta vez tus altivos pensamientos; y con
dolorosa contrición de lo pasado, propón el humillarte a todos en lo porvenir,
y di a tu Señor así:
¡Oh santísimo Redentor mío! aunque os miro caído en
este suelo, os confieso al mismo tiempo Todopoderoso; y así os suplico el favor
de que yo abata todos mis pensamientos de soberbia, ambición, y de propia
estimación, a fin de que caminando siempre en este abatimiento, abrace de
corazon el retiro y los desprecios; y con esta humildad íntima, cordial y
verdadera, que tanto a vos agrada, merezca aliviaros de tan dolorosa caída, y
después ser levantado a gozaros en la Gloria. Amén.
Padre nuestro, Ave María y Gloria.
Señor ten piedad y misericordia de nosotros.
ESTACION OCTAVA.
V. Adorámoste Señor mío Jesucristo y
te bendecimos.
R. Que por tu santa cruz redimiste
al mundo.
Consuela Jesús a las hijas de Jerusalén.
En esta octava estación se representa el lugar donde
el benignísimo señor consoló a unas dolorosas y afligidas mujeres de Jerusalén.
Considera, que tú tienes mucho mayor
motivo de llorar, de llorar por Jesús, que tanto padece por tí, y por tí mismo,
que ingrato con tus pecados, eres la causa de aquellos grandes tormentos. ¿Y
por qué a vista de tantas penas, permaneces aun en tu dureza? A lo menos,
mirando aquí a Jesús, que muestra tanta piedad con aquellas mujeres santas,
emprende grande confianza; y con grande dolor y compunción dile a tu Señor así:
¡Oh amabilísimo Salvador mío! ¿Cómo mi corazon no se
deshace en lágrimas de dolor, al ver que por mí estáis entre indecibles
tormentos? Lágrimas. Señor; os pido, y lágrimas de dolor y compasión, a fin de
que con lágrimas en los ojos, y con dolor en el corazon, merezca aquella piedad
que mostraste a las piadosas mujeres. Ea, pues, concededme esta consolación
divina, que mirado de vos con ojos piadosos en la vida, asegure en la muerte el
pasar a veros en la Gloria. Amen.
Padre nuestro, Ave María y Gloria.
Señor ten piedad y misericordia de nosotros.
ESTACIÓN NONA
V. Adorámoste Señor mío Jesucristo y te
bendecimos.
R. Que por tu santa cruz redimiste al
mundo.
Cae Jesús tercera vez con la Cruz.
En esta nona estación se representa el lugar, donde
el pacientísimo Jesús, destituido en gran manera de fuerzas, cayó tercera vez
en tierra con el pesado madero de la Cruz.
¡Oh qué penosa fue ésta caída de nuestro amado Jesús!
mira con que furor y rabia embisten aquellos crueles lobos al mansísimo Cordero
Jesús, pues todos ansiosos de verlo puesto en la Cruz, con golpes y desprecios,
hacen que se levante del suelo. ¡Oh maldito pecado, que así se maltraté
al hijo de Dios! Pues, alma cristiana, ¿merece bien tus lágrimas un Dios así
oprimido, un Dios así atormentado? Ya se ve que las merece pues con ellas en
los ojos, dile así al Señor:
Omnipotente Dios mío, que con solo un dedo sustentáis
la tierra y el Cielo, ¿quién, Señor os ha hecho caer desmayado en ese suelo?
¡Pero ay de mí! que quien os ha postrado han sido mis reincidencias, y mis repetidas
culpas, añadiendo en vos tormentos tras tormentas con añadir yo pecados a
pecados. Pero ya reconocido me postro a vuestros pies arrepentido, y con
propósito firme de no repetir más mis culpas, y suspirando, repito una y mil
veces no más pecar mi Dios, no más pecar. Amén.
Padre nuestro, Ave María y Gloria.
Señor, ten piedad y misericordia de nosotros.
ESTACION DECIMA.
V. Adorámoste Señor mío Jesucristo y
te bendecimos.
R. Que por tu santa cruz redimiste al
mundo.
Desnudan a Jesús de sus vestidos y danle a beber hiel amarguísima
En esta décima estación se representa el lugar, donde
a nuestro Redentor Jesús le quitaron sus propias vestiduras, y le dieron a
beber amarga hiel.
Considera alma cristiana, como aquellos tigres
inhumanos desnudaron a tan dulce Jesús y con la túnica pegada a las doloridas
carnes, salieron pedazos de carne y sangre, quedando en lo exterior todo de
pies a cabeza, hecho una llaga, y e n lo interior martirizado el gusto con la
hiel que le dieren a beber. Mira como tu divino Redentor, que es el que viste
de hermosura a los Cielos, entre sus tormentos sufre al quedarse desnudo en
presencia de un numeroso concurso; y movido de lástima y compasión, dile así a
tu Redentor:
Afligidísimo Jesús mío, ¿qué horrible, mutación es la
que veo? Vos Señor, todo sangre todo llagas, todo desnudez, todo amarguras, y
yo todo deleites todo vanidad, todo dulzura. ¡Ah, Señor, que no camino bien!
Bien lo conozco en vos, que sois e verdadero camino, pero dadme vuestro auxilio
para mudar de vida, y poned tal amargura en mi gusto a las cosas de este mundo,
que de aquí en adelante no guste ya otra cosa, que las amarguras de vuestra
pasión santísima, para que consiga el; pasar a gozar las dulzuras de la gloria.
Amen.
Padre nuestro, Ave María y Gloria.
Señor, ten piedad y misericordia de nosotros.
ESTACIÓN UNDECIMA.
V. Adorámoste Señor mío Jesucristo y te
bendecimos.
R. Que por tu santa cruz redimiste al
mundo.
Clavan a Jesús en el duro madero de la Cruz.
En esta undécima estación se representa el lugar,
donde los impíos tendieron sobre la Cruz al Dulcísimo Jesús, y lo enclavaron en
ella en presencié de su Madre Santísima.
Considera el profundísimo dolor que
sentiría el buen Jesús, al traspasarle con duros clavos sus divinos pies y
manos, quedando el sagrado cuerpo clavado en un madero; y ¿qué pena sería la de
la dulcísima Madre, al ver delante de sí a su hijo querido, todo tan destrozado
y lastimado, que aun a las criaturas insensibles movía á compasión? ¿Pues cómo
no se deshace tu corazón en lágrimas a vista de tantas penas? A lo menos,
explica con el llanto tu dolor, diciendo así a tu señor:
Clementísimo Jesús mío, crucificado por mí: barrenad,
Señor, y traspasad mi duro corazón con los clavos de vuestro santo amor y
temor; y ya que mis pecados fueron los clavos crueles, que traspasaron a
vos los pies y manos, haced que vuestro santo temor, y el dolor de mis pecados
sean el artífice que fijen y moderen en mí todas mis desordenadas pasiones, a
fin de conseguir la feliz suerte de que viviendo con vos crucificado en la
tierra, pase a reinar con vos en las felicidades de la gloria. Amen.
Padre nuestro, Ave María y Gloria.
Señor, ten piedad y misericordia de nosotros.
ESTACION DUODECIMA.
V. Adorámoste Señor mío Jesucristo y te bendecimos.
R. Que por tu santa cruz redimiste al mundo.
Levantan en la Cruz a Jesús y espira en ella el Redentor del mundo.
En esta duodécima estación se representa el lugar,
donde nuestro Salvador, después de puesto en la Cruz, fue levantado en ella, y
dio su amorosa vida redimiendo al mundo.
Pues alma cristiana, alza los ojos, y mira en el aire
pendiente de tres clavos al dulcísimo Jesús; mira aquel Divino Rostro entre
agonías, mira todas sus llagas renovadas, y de pies y manos corren tres fuentes
de sangre, que llegan hasta la tierra: oye como perdona a quien le agravia,
ofrece el Paraíso a1 que lo quiera, deja al cuidado de Juan su Madre amada,
encomienda al Padre su santísima Alma; y al fin, inclinando su cabeza, espira;
¿Con qué ya murió Jesús? ¿Y ha muerto en la Cruz por tí? Y tú, ¿qué es lo que
haces? Ea, pues, resuelve no apartarte de este lugar santo; sin estar renovado
y compungido: y así, abrazado a la Cruz del Redentor, dile a su Majestad:
Amabilísimo Redentor mío, yo conozco, y yo confieso,
que mis gravísimas, culpas so los verdugos más despiadados, qué os han quitado
la vida, y que no merezco el perdón de tan crecida ofensa, pero oyéndoos a vos
en esa cruz perdonar a vuestros enemigos, ¡oh cuánto ánimo y fuerza recibe mi
corazon! Y si me enseñáis a perdonar; aquí me tienes pronto para perdonar de
corazon a todos mis enemigos, sí, mi Dios, por amor vuestro, los perdono, y
deseo bien a todos, para que así me concedáis, que en la última hora de mi vida
escuche de vuestra boca aquella feliz palabra; Hoy serás conmigo compañero en la
Gloria Amen.
Padre nuestro, Ave María y Gloria.
Señor ten piedad y misericordia de nosotros.
ESTACIÓN DECIMOTERCERA.
V. Adorámoste Señor mío Jesucristo y
te bendecimos.
R. Que por tu santa Cruz
redimiste al mundo.
Descienden de la Cruz a nuestro Redentor, y lo ponen en bs brazos
de su beatísima Madre.
En esta terciadécima estación se representa
el lugar, donde el cuerpo difunto de Jesús fué bajado de la Cruz, y puesto en
los brazos de su afligidísima Madre.
Considera, cuál sería la espada de dolor, que
traspasó el corazon de ¡aquella inocente Madre, cuando recibió en
sus brazos a su divino Hijo ya difunto. ¡Que sentimiento tendría, al ver
aquel divinizado cuerpo, que se había formado en sus entrañas por obra
del Espítu Santo, todo acardenalado, y todo de pies a cabeza destrozado! Allí
se renovaron en María todas las penas. Pero contemplando tú, que tus pecados
fueron la pésima fiera, que hizo aquel destrozo en el amado hijo de María,
desata tu corazón en lágrimas, y uniéndolas con las que vierte aquella afligida
Madre, dile así:
¡Oh valerosa reina de los mártires! ¡Qué mar inmenso
de penas y tormentos esta hecho vuestro pecho! Conozco no ser digno de
acompañaros en vuestro sentimiento, porque he sido la causa de que tan cruel
espada de dolor traspase vuestra alma. Pero concededme gran Señora, usando de
vuestra piedad y vuestra misericordia, que yo conozca mis ceguedades pasadas,
para que sintiéndolas con amargura, participe de vuestras aflicciones en la
presente vida, y pase después a haceros compañía en las consolaciones de la
eterna. Amen.
Padre nuestro, Ave María y Gloria.
Señor, ten piedad y misericordia de nosotros.
ESTACIÓN DECIMO CUARTA.
V. Adorámoste Señor mío Jesucristo y te
bendecimos.
R. Que por tu santa Cruz redimiste
al mundo.
Ponen el Sagrado Cuerpo de Jesús en el sepulcro.
En esta cuartadecima estación se representa el lugar,
del Santo Sepulcro, donde fue colocado el Cuerpo Santísimo de Jesús.
Considera cuantos serían los llantos de
Juan, de la Magdalena, y de las otras Marías y de todos los seguidores de
Cristo cuando se cerró el sepulcro, pero más que todos considera la desolación
de la piadosa Madre al verse sola, privada de la presencia de su hijo que tanto
la consolaba. Y a vista de tantas lágrimas, avergüénzate de que en el discurso
de todo este santo viaje, hayas mostrado tan poco sentimiento de piedad y
compasión. Ea, pues esfuérzate en esta última estación y besando la piedra de
aquella sagrada tumba desea depositar en ella tu corazon; y con amargo llanto
ruega, a tu Señor difunto, y dile así:
Piadosísimo Jesús mío, que por sólo mi amor quisiste
andar todo este camino doloroso, os adoro ya difunto, y cerrado en sagrado
sepulcro, pero más quisiera teneros en mi pobre corazón, a fin de que unido con
vos después de este santo ejercicio, me levante a una vida de gracia, y merezca
con la perseverancia morir en vuestra amistad. Concédeme, pues, que por los
méritos de vuestra pasión santísima, que he meditado en esta vía sacra, sea en
el extremo de mi vida mi único alimento el Santísimo Sacramento, y mis últimas
palabras aquellos dos dulces nombres Jesús y María; y que mi último aliento, se
una con aquel con que vos espirásteis en la Cruz, que de esta forma, con fe
viva, con esperanza cierta, y caridad fervorosa, muera con vos, y muera por
vos, para reinar con vos por los siglos de los siglos. Amén.
Padre nuestro, Ave María y Gloria.
Señor ten Piedad y misericordia de nosotros.
+ + +
ORACIÓN.
¡Oh Dios Criador y Redentor de todos los fieles!
Concede el perdón de tus ciervos y ciervas, para que la indulgencia que siempre
desearon, la consigan con nuestras piadosas súplicas.
ORACIÓN.
Señor mío Jesucristo, te suplicamos intercedas por
nosotros para con tu divina clemencia tu Santísima Madre la siempre Virgen
María ahora y en la hora de nuestra muerte cuya alma fue traspasada de dolor en
la hora de tu dolorosísima pasión. Tú dulcísimo Jesús, que vives y reinas con
Dios Padre en unidad del Espíritu Santo por los siglos de los siglos. Amén.
Se rezará la estación mayor al Santísimo
sacramento y después se dirá:
Dulcísimo y benignísimo Señor de que son excelso
trono los serafines, yo el mayor pecador de cuantos imploran vuestra
misericordia en este santo templo, con la profunda humildad os suplico que así
como concedisteis remisión de todos los pecados al buen ladrón, e indulgencia
plenaria a la Magdalena, del mismo modo, no atendiendo a la pobreza de mi
espíritu, me la concedáis a mí para que sea satisfacción de mis culpas, y sirva
también su mérito a todos los fieles católicos, por cuya salud espiritual y temporal
la aplico, como así mismo por la exaltación de nuestra santa fe católica, paz y
concordia entre los príncipes cristianos, extirpación de las herejías, salud y
acierto en el gobierno de la Santa Iglesia al Sumo Pontífice reinante; a
nuestro prelado diocesano, a nuestro párroco y a nuestro católico gobierno a
quienes como a mí sirva de medio para estrecharse con vos, con un amor puro
para gozar de vuestra deseada vista por eternidades de siglos. Amén.
AÑO DE ESTA OBRA, 1855.
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