CUANDO EL PAPA HABLA DIOS NO SE MUDA

Son atributos del entendimiento de Dios: (i) La Omnipotencia, Salmo 134.6 “Todo cuanto quiso el Señor lo hizo”; (ii) La Bondad, Lucas 17,19 “Nadie es bueno sino solo Dios”; (iii) La Santidad, Salmo 44,5 “Amaste la justicia y aborreciste la iniquidad”; (iv) La Veracidad, Su Fidelidad y Su Justicia, de las cuales podemos predicar que: en cuanto a La Veracidad solo puede enseñarnos la verdad, nunca el error y la mentira, pues según el libro de los Números 23,19 “No es Dios como el hombre para que mienta” y, además, Dios es infinitamente veraz, porque siendo infinitamente sabio, no puede engañarse, y siendo infinitamente santo no puede engañarnos. (v) La Fidelidad, salmo 144, 13 – cumple estrictamente tanto sus promesas como sus amenazas. “Fiel es el Señor en todas sus obras”.  (vi) La Justicia, Proverbios 2,14 “retribuye a cada cual según sus obras, premiando al bueno y castigando al malo”.

Al hablar de los atributos de su esencia podemos decir, que Dios es infinito e inmutable, no puede recibir más perfecciones que las que tiene, dado el hecho incontrovertible que si las necesitara dependería, entonces, de aquel que se las diera y por lo tanto dejaría de ser Dios para que aquel otro lo fuera. 

Así las cosas vemos que todo en Dios es en grado sumo e ilimitado: sus perfecciones, sus atributos y sus cualidades, su: sabiduría, honestidad, bonhomía, justicia, etcétera, son sin límite alguno, las tiene completas: infinitas, por eso no puede recibir nada más de lo que ya tiene, pues no hay más, y además lo que tiene lo tiene en grado de perfección absoluta, por eso no hay error ni en la cantidad, ni en la calidad. 

Dios no cambia.  Junto con su infinitud encontramos su inmutabilidad, esto es, que no está sujeto a cambios ni en su ser, ni en sus designios, ni tampoco, en los propósitos de su voluntad, porque todo lo que sucede ya lo tenía previsto y determinado desde la eternidad.  Y no lo puede hacer, porque no puede adquirir nada nuevo, ni perder nada de lo que tiene, si así pasara ya no sería infinito, y el cambio de designios importa, necesariamente, el conocimiento de cosas que antes se ignoraban y Dios desde la eternidad todo lo sabe, por eso en Santiago 1,17, nos dice, “Dios, en quien no cabe mudanza ni sombra de variación” y en Malaquías 3,6, también, “Yo soy el Señor y no cambio”.

Como la Iglesia fue creada por Jesucristo para que mediante ella participáramos de sus méritos para salvarnos, comparte con Él muchas de sus cualidades y atributos.  Por ejemplo, la Invariabilidad, mediante la cual ha conservado y conservará el tesoro recibido de Cristo Jesús, a saber: (i) El dogma, que es todo ese conjunto de las verdades de la fe, que se nos revelaron en la Sagrada Escritura y en la Tradición;  (ii) La moral, que es la ciencia que guía nuestros actos y ordena nuestra conducta de acuerdo con una determinada norma de obrar; (iii) Los sacramentos, que son signos sensibles instituidos por Cristo para darnos: la gracia, las virtudes, y los dones del Espíritu Santo.   Por ser instituidos por Cristo, la Iglesia no puede cambiarlos ni su esencia, ni establecer nuevos, solo puede reglamentar sus ceremonias; y por último (iv) la estructura de la Iglesia.

A pesar de que ni los dogmas, ni la moral, ni los sacramentos, ni la estructura de la Iglesia puede ser tocada, pues por haber sido dados por Cristo, y por eso son veraces, y comparten sus atributos divinos de la infinidad y la inmutabilidad, Francisco, el falso profeta, ha dado puntadas para realizar cambios en todos los aspectos, planteando cambios y abriendo puertas para adaptar la Iglesia a una modernidad que repugna y contradice todo lo que hemos aprendido y practicado durante 2.000 años.

En Marcos 16,16 el Señor nos dice que “el que crea y sea bautizado se salvará, pero el que no crea se condenará”.  Por eso la Iglesia tiene que ser infalible, es decir que no puede errar en asuntos pertinentes a la fe y a la moral, pues si pudiera errar, tendríamos que aceptar que Dios nos obliga a aceptar el error, lo que repugna a su sabiduría y a su santidad.

Cuando el Papa habla, por ser la máxima autoridad de la Iglesia Católica, por tener privilegios especiales como ser la roca sobre la cual se funda la Iglesia, por la infalibilidad que tienen sus pronunciamientos, tenemos la tendencia a creer a pie juntillas, con los ojos cerrados, lo que esta máxima autoridad diga.  Y participamos de la tendencia, como natural, de no controvertir sus “enseñanzas”, pues es el Vicario de Cristo, entendemos que es el mismo Cristo quien se está pronunciando.

¿Pero por qué personas como nosotros, y en número creciente estamos ahora controvirtiendo y dudando de muchas de las afirmaciones, negaciones, y enseñanzas del falso profeta, el Papa Francisco? ¿Por qué, cada vez es mayor el número de personas que dudan de que Francisco sea el papa?  En el caso mío, ya sé con nivel de certeza que Bergoglio no es un Papa legítimo, y ya estoy sospechando que sea el Falso Profeta de que se habla en el Apocalipsis y algunas de las razones que tengo son las siguientes:

El Papa no puede enseñar el error, si así lo hiciera, significaría que el infierno, esto es el espíritu de error y mentira prevalecería sobre la Iglesia, pues el Papa cuando actúa lo hace como Piedra, y según la promesa de Jesucristo, dada en Mateo 16, 18 “las puertas del infierno no prevalecerán contra ella”, refiriéndose a la Iglesia, y esto no podemos reducirlo únicamente a cuando el Papa habla excátedra, en materias de Fe y de Moral y dirigiéndose a la Iglesia Universal. 

El Papa, como humano que es, no está exento de error, de equivocarse, eso es cierto, pero también es cierto que no puede cometer una equivocación por semana como ha pasado con este Papa.  Desde su elección a hoy a cometido más de 150 despropósitos, errores, contradicción de la doctrina, la moral, los sacramentos, etcétera y todo esto, como se dijo, es intocable, la verdad que son verdades que no pueden ser revisadas, ni cambiadas, ni siquiera por el mismo Dios, pues si así lo hiciera estaría contradiciendo sus propios atributos.

La verdad que Dios nos ha revelado es Inmutable, la verdad que se le ha entregado a la Iglesia Católica es Invariable, por esto no puede ser tocada ni por este Papa, ni por el próximo, ni por ninguno.

MAS DEL INFIERNO | PARTE DOS DE LA CARTA A MI HIJA HABLÁNDOLE DEL INFIERNO

http://maguilera52.blogspot.com.co/2016/02/carta-mi-hija-hablandole-del-infierno.html

Bueno Sofí: Tremendo problema que se me armó, por haber escrito la carta anterior en la que te hablaba del infierno, la verdad es que, como habíamos quedado, empecé esta serie de cartas, hablando de esa realidad tan dura porque es el sitio al que más fácil podemos llegar con las cosas que estamos haciendo con nuestras vidas y sobre todo con las que dejamos de hacer.  El plan original era hablar del infierno, del purgatorio y por último, para cerrar, al menos por ahora, el ciclo de las postrimerías, una carta súper especial, para hablar solo del cielo, del hermoso, deseado, pero tristemente esquivo cielo.

De todas maneras, como no sabemos cuántas veces te pueda volver a hablar de estas cosas, porque vaya uno a ver cuáles son los planes que Dios tiene para nosotros, me voy a extender más y te voy a dar más ejemplos, de pronto no tengamos un mañana, para que te los vuelva a contar.

Bueno, pues tenemos que seguir insistiendo sobre el infierno, muchos creerán que me he equivocado y que soy un exagerado, cuando en realidad lo único a que te invito es a que analicemos las consecuencias de nuestros actos, de los actos buenos y de los actos malos, quien evalúa solo las consecuencias buenas, se hace imprudente y negligente.  Sería como el negociante que al hacer las cuentas para montar un negocio pensara solo en los ingresos y en las rentas y desechara sin analizarlos, los gastos y los riesgos propios del sector, o del país.  

En la vida es necesario abandonar las actitudes fanáticas, por eso te invito a que nunca te montes en el fanatismo de la misericordia de Dios, ni en ningún otro, cree en ella, búscala, ansíala, disfrútala, pero no la sobrevalores, tenla siempre presente, pero dale el valor real que tiene. Nunca hagas como todo ese montón de personas  que se pegan de ese  concepto chimbo, que tienen, de la misericordia de Dios para creer, absurdamente, que se van a salvar sin hacer nada, como los musulmanes asesinos, que creen erradamente que asesinando cristianos se van a salvar.

Es por lo menos curioso, que ni los estudiosos, ni los santos, hayan sostenido nunca, que la salvación sea posible esperando aplastados la misericordia de Dios.  Solo hasta ahora, y esto es una novedad frente a lo que la Iglesia nos ha enseñado siempre,  algunos de los estudiosos, porque lo de santos estará por verse, sostienen que es más fácil salvarse que condenarse.  Yo no les creo y espero darte razones suficientes para que tú tampoco.

La verdad, toda catequesis debería empezar por el infierno, saber que tenemos un enemigo de nuestra salvación, qué existe, identificarlo e individualizarlo y tomar conciencia de lo mal que nos la pasaremos si nuestro comportamiento no se orienta en la dirección correcta y así, con una valoración objetiva dejamos de actuar como tontos y de creer falsamente que solo por negar el infierno y al demonio escaparemos de ello.  Tengamos claro que uno escapa del demonio luchando contra él, enfrentándolo.

Es necesario, también, tratar de entender cómo es que es el tema de los juicios de Dios, así objetivamente sabremos cómo proceder, porque sabremos cómo seremos juzgados, cómo es que es son los temas de la ira de Dios, su misericordia, su justicia, etcétera y solo después de eso, ahí sí, sentarnos cómodamente a decir que es mejor amar a Dios y temerle, y que su misericordia es eterna y esto o aquello, o, más bien, ponerse a trabajar para ganar el destino de la felicidad eterna Pero, por favor, que estas afirmaciones sean hechas siempre después de haber hecho juicios racionales, nunca emocionales, pues esos son pésimos.

En las normas sobre el discernimiento de espíritus, San Ignacio de Loyola dice que es típico del espíritu del mal tranquilizar a los pecadores.  Por eso es que todos los pecadores creen a pie juntillas que se van a salvar, se les olvida, o no tienen en cuenta, que Dios no puede ser burlado y que quien vive en estado habitual de pecado mortal, está en el camino de la condenación eterna.  Es claro que hay milagros de último minuto, que benefician solo a una minoría, y a menos que sostengamos, irracionalmente, que los milagros son la generalidad de las cosas, estamos obligados a aceptar que para la mayoría de las personas que viven en el estado de pecado mortal, la condenación final es la posibilidad más probable.

San Leonardo de Porto Maurizio, que fue un fraile de la orden de los franciscanos reformados del siglo XVI dio un sermón hermoso, que se llamó “El pequeño número de los que se salvan”, en el que se pregunta, entre otras cosas, si será mayor o menor, el número de los cristianos que se salvan frente al de los que se condenan.  Me llamó la atención también, que ya en esa época, hablaba de los libertinos que siempre están hablando de la misericordia de Dios, que viven sumidos en toda clase de pecados y se quedan profundamente dormidos en el camino al infierno.

Me encantaría poder asegurarte que todos iremos para el cielo, que todos nos salvaremos, me gustaría como hacen los protestantes, o sea los que se denominan cristianos, evangélicos y demás, decirte que solo basta con creer en que Jesucristo dio su vida por nosotros y que solo esto es necesario para salvarnos, pero me parece insuficiente, me encantaría como hacen la mayoría de “católicos”, sí, entre comillas, de nuestras parroquias, decirte que solo con creer te salvarás, serás justificada, pero no lo puedo hacer, prefiero decirte la verdad, respetar tu inteligencia, tu racionalidad, tu libertad y darte los elementos para que analices y decidas racionalmente si trabajas por la salvación de tu alma, o si más bien, pero sabiendo y conociendo, te quedas tranquila esperando una muy segura condenación, pues confío en tu inteligencia.

Sea lo primero asegurarte, que sin lugar a ninguna duda Dios nos quiere salvos y que tenemos un lugar reservado para nosotros en el cielo y que además, cada alma que se pierde produce un dolor infinito en Dios, pero también asegurarte que para la salvación Dios nos ha dado instrucciones y medios claros, no hay suposiciones, ni irracionalidades.

Pareciera que nuestro libre albedrío se orienta más a la perdición que a la salvación, más al caos que al orden, por esos parecemos más decididos a la perdición y a la condena, que a la salvación.   No te puedo decir por qué, pues desde mi punto de vista, no lo entiendo.

Mira por ejemplo algunas ideas tomadas del sermón del “pequeño número de los que se salvan”.  dice San Leonardo, que teólogos reconocidos como los cardenales Cayetano y Belarmino, y el padre Suárez, sobre todo este último, después de consultar a todos los teólogos y de hacer un estudio diligente del asunto, escribió: “el sentimiento más común que se tiene, es que, entre los cristianos hay más almas condenadas que almas predestinadas”.  Los padres de la iglesia, tanto griegos como latinos, sostienen lo mismo: "que son más los que se condenan que los que se salvan",  cuentan que a San Simeón Estilita, de la iglesia griega, le fue revelada, por Dios, esta verdad y de la pura impresión decidió asegurar su salvación viviendo en lo alto de un pilar durante cuarenta años, expuesto a la intemperie, orando y haciendo penitencia.  San Gregorio dice que: “Muchos alcanzan la fe, pero pocos hasta el reino celestial.” O San Anselmo quien declaró: “Hay pocos que se salvan.” O San Agustín, quien afirma aún más claramente: “Por lo tanto, pocos se salvan en comparación de aquellos que son condenados“. Y el más terrible de todos, San Jerónimo, que dijo: “Fuera de cien mil personas cuyas vidas han sido siempre malas, encontrarán apenas una que es digna de indulgencia.”

Pero, ahora sí la sentencia final, pues son nada menos que las palabras de la Sagrada Escritura, las sigo tomando del sermón, dice que cuando el diluvio universal, en tiempo de Noé, la raza humana entera quedó sumergida bajo las aguas y sólo ocho personas fueron salvadas en el Arca. Nadie menos que San Pedro dice: “Esta arca, es la figura de la Iglesia“, y San Agustín, añadió: “Y estas ocho personas que se salvaron significa que muy pocos cristianos se salvan, porque son muy pocos los que sinceramente renuncian al mundo, y aquellos que renuncian al mundo sólo con palabras no pertenecen al misterio que representa esta arca.” Dice también la Biblia que solo dos hebreos de cada dos millones entraron en la Tierra Prometida después de salir de Egipto, y que sólo cuatro escaparon del fuego de Sodoma y de las otras ciudades que se incendiaron y perecieron con ésta.  ¿Qué quiere decir esto? Pues que el número de los condenados, que será arrojado al fuego como paja, es mucho mayor que la de los salvados.

Pero no son las únicas citas, cuando le preguntan a Nuestro Señor Jesucristo “¿Señor, son pocos los que se salvan?” contestó, “esforzaos por entrar por la puerta angosta, porque muchos, os digo, tratarán de entrar y no podrán” y en otro pasaje dice: “muchos son los llamados, pero pocos los elegidos”, fíjate lo raro, el Dios de la misericordia que tanto nos predican, se queda sin  misericordia y no llama a todos, solo a muchos, y lo que es peor de esos muchos, solo pocos serán elegidos, como en contravía de todo lo que nos tratan de enseñar ahora, no?  De todas maneras es un tema para pensar.  Además pide que nos esforcemos para entrar por la puerta angosta, porque muchos trataran de entrar, por la puerta ancha de sus propias pasiones, y no podrán.

San Vicente Ferrer, relata que un archidiácono en Lyon renunció a su cargo y se retiró a un lugar desierto para hacer penitencia, y que murió al mismo día y hora que San Bernardo.  Después de su muerte, se le apareció a su obispo y le dijo: “Sepa, Monseñor, que en el mismo momento que morí, treinta y tres mil personas también murieron. De esta cifra, Bernardo y yo fuimos al Cielo sin demora, tres se fueron al purgatorio, y todos los demás cayeron en el Infierno.”

Otro padre franciscano, en una prédica, representó la fealdad del pecado de impureza tan fuertemente, que una mujer cayó muerta de tristeza en frente de todos. De repente volvió a la vida y dijo: “Cuando fui presentada ante el Tribunal de Dios, sesenta mil personas llegaron al mismo tiempo de todas partes del mundo; de ese número, tres fueron salvadas al ir al purgatorio, y todo el resto fueron condenadas”. 

Pero, ¿por qué la proporción de los que se salvan es tan baja frente a los que se condenan?  Siguiendo el razonamiento de este santo, dice que se salvan los inocentes y los arrepentidos, pero no los que no se arrepienten, ni tampoco los que se arrepienten mal, pues ese es el requisito para optar por la misericordia de Dios, acudir al tribunal del perdón, arrepentirse.

Las personas llegan a su destino de acuerdo con el camino que eligieron, el que toma el camino del mal llega al infierno, el que toma el camino del bien al cielo, no es racional creer que tomando el mal camino se llegue al buen destino, claro que existe la posibilidad, como ya te dije, de que por un milagro de último momento, quien va por el mal camino, llegue al buen destino, pero fíjate, el milagro es tan excepcional, que por eso es milagro, y no deja de confirmar que solo sus pocos beneficiarios serían salvos, todos los demás se perderían.

San Juan Crisóstomo creía que muchas personas caminan hacia el infierno a lo largo de su vida y no entendía por qué la gente se sorprende al concluir que terminen en el infierno.  Imagínate cuántos se mueren sin alcanzar a arrepentirse, por una bala perdida, en una tragedia natural, en una operación, simplemente dormidos, o por ejemplo, el caso de los enfermos que se confiesan, por única vez en su vida, en el último momento, acaso se salvarán, yo pienso que ahí es donde se necesita el milagro de la misericordia de Dios, pues se trata de una persona que no se sabe confesar, angustiada, inestable, asustada, sin saber ni siquiera que es pecado, y además con el demonio encima confundiéndolo y tentándolo, buscando por todos los medios echarlo al infierno. 

Ojo, siempre ten presente que la misericordia de Dios es grande.  Sí, eso es cierto, pero para los que le temen y también que su justicia es grande para los que no le temen, y que además condena a todos los pecadores obstinados.

Entonces pilas, porque claro que hay muchas personas que se salvan, obvio, por eso San Juan en un pasaje dice “yo vi una gran multitud", y en otro con palabras de Nuestro Señor Jesucristo, “muchos vendrán de oriente y de occidente y harán fiesta con Abraham, Isaac y Jacob en el reino de los Cielos".  No es que esté diciendo que nadie se salve, ojo, lo que te estoy diciendo, repitiendo a los santos, es que son muy poquitos los que se salvan frente al número de los que se pierden.

Dice, en Juan 17, 25, nuestro Señor: “Padre Justo, el mundo no Te ha conocido“, por qué no dice padre “Padre Todopoderoso, Bondadoso y Misericordioso“. Dice “Padre Justo“, por que se debe entender, en sana lógica, que de todos los atributos de Dios, ninguno debe ser más reconocido que Su justicia.  Sabes qué es lo que pasa, que los hombres se niegan a creer lo que tienen miedo a sufrir.


El padre misericordioso y bondadoso, que también existe, aparece, pero después del perdón, del arrepentimiento.  Por eso el que cree y obedece vive con el padre misericordioso, y el que cree pero no obedece, al igual que el que no cree, convive con el padre justo.

No me vayas a malinterpretar, no estoy diciendo que Dios te condena, tampoco a mal entender, independientemente de lo que predican los pelagianos, los protestantes, los evangélicos, los malos cristianos, los herejes, sobre salvación gratuita, cuando estás en el juicio frente a Dios, si te condenas, la condena proviene de ti, pues todo el que está condenado lo está por su propia malicia y porque quiere estar condenado.  Como ya te lo he dicho Dios quiere que todos los hombres se salven y todos nos encontramos en necesidad de la gracia de Dios, la condena, pues, depende del hombre y de su propia malicia, en ningún caso de Dios.  Dios lo que nos pide es que enderecemos nuestros camino, dejemos el pecado, si nos convertimos viviremos. y ahí sí, en esa conversión se tendría un maravilloso encuentro con la Misericordia infinita de Dios.

Te invito a que vayamos juntos a la capilla y frente al santísimo, arrodillados le digamos a Jesucristo, con el corazón en la mano: “Señor, confieso que hasta ahora no he vivido como cristiano. No soy digno de ser contado entre Tus elegidos. Reconozco que merezco ser condenado; pero Tu misericordia es grande y lleno de confianza en Tu gracia, Te digo que quiero salvar mi alma, aunque tenga que sacrificar mi fortuna, mi honor, y hasta mi vida, con tal que sea salvado. Si he sido infiel hasta ahora, me arrepiento, deploro, detesto mi infidelidad, Te pido humildemente que me perdones por ello. Perdóname, buen Jesús, y también fortaléceme, para que pueda ser salvado. Te pido no la riqueza, ni el honor ni la prosperidad; Te pido una sola cosa, que salves mi alma.”

Te quiero mucho

CARTA A MI HIJA HABLÁNDOLE DEL INFIERNO

Querida Sofi:  

Te quiero aclarar con todo el cariño, pero también con toda la firmeza que mis afirmaciones a cerca del infierno no tienen nada que ver con terrorismo moral, no quiero asustarte, quiero despertarte, abrirte los ojos.

A pesar de que ya lo sabes, mi único interés es alertarte sobre el hecho incontrovertible, además de fe, que tiene que ver con el hecho de que una vez muera nuestro cuerpo material nos enfrentaremos a la realidad eterna a que nos hemos hecho acreedores, que puede ser vida, pero también muerte, en ambos casos eterna y en ambos casos irreversible.

Sabemos, porque así está escrito en la Biblia y en esa realidad nos educaron, que Dios nos creó, casi tan perfectos como a los ángeles, para que lo adoráramos y para nuestra propia felicidad, esta realidad, este plan original se vio trastocado por cuenta del pecado original, que implicó que fuéramos expulsados del Paraíso y enviados a este "valle de lágrimas".

Solo por comer del fruto del árbol del Bien y del mal, fuimos castigados y expulsados del Paraíso, desde ahí, conscientes de nuestra desnudez y condenados a ganarnos el pan con el sudor de la frente y esclavos del pecado; esta, la primera gran prueba de que Dios si castiga.  Castigos de los que tenemos multitud de ejemplos: La Torre de Babel, Sodoma y Gomorra, el diluvio universal, la persecución y expulsión de Israel, su pueblo, durante 1.800 años.

Nuestro Dios es un Dios de amor, es un Dios de Misericordia, pero también, y no nos llamemos a engaño, es Justicia infinita, no seamos inocentes y no nos comamos las herejías y las patrañas que ahora nos están tratando de meter por entre los ojos algunos curas y laicos a quienes les ha dado por negar la existencia del mismo.

Claro que Dios nos ama y nos quiere con Él, tanto así, que para redimirnos del pecado envió a su hijo, Nuestro Señor Jesucristo, para que diera su vida por nosotros, quien derramó, en la cruz, hasta la última gota de su sangre para el perdón de nuestros pecados.  Pero esto no es así no más.  Él nos creó gratuitamente, eso es verdad, nos llenó de dones, también es cierto, pero la salvación necesita de trabajo y esfuerzo por parte nuestra.  Pretender cínicamente, que porque Dios es amor, nos salvaremos del castigo, no solamente es irresponsable, sino que además, esa actitud por sí misma, es pecado, es pecado mortal y es uno de los únicos cinco pecados que no tiene perdón de Dios porque va contra el Espíritu Santo, es el pecado de presunción.

A pesar de lo que te puedan llegar a decir algunos curas, una vez muere la persona, enfrenta su juicio particular, conoce a Jesucristo y su Grandeza, prueba el Amor Infinito, la Verdad Infinita, la Misericordia Infinita, lo malo, es que también prueba la Justicia Infinita.  Este juicio consiste, en que uno mismo compara su vida, sus hechos, sus actos, sus ejecutorias, sus acciones y sus omisiones contra la palabra, contra Dios, y el alma sabe en un instante, en un momento, cuál será su destino, si el cielo, el purgatorio o el infierno.

El infierno existe, existe y, además, es un dogma de fe, luego es obligatorio para todos los católicos creer en su existencia, es un lugar físico, también es un estado del alma, es un castigo eterno y además es terrible.  Si el destino del alma es el infierno, en ese terrible lugar, el alma es privada de la chispa del Espíritu Santo que tiene, por eso se dice que el infierno es la ausencia de Dios, esto es terrible, no como lo tratan de pintar algunos.  Es que, una cosa es no sentir a Dios teniéndolo, como nos pasa a todos muchas veces a lo largo de la vida y otra es no sentirlo porque no lo tiene, ese es el primer castigo del infierno, ausencia que se mantendrá para siempre, por toda la eternidad; el segundo castigo es saber de lo que se está perdiendo, pues durante el juicio particular estuvo frente a Él y percibió lo infinito de sus dones y de sus bendiciones; el tercer castigo, tiene que ver con experimentar la presencia permanente de Satanás, recuerda el susto que genera estar frente a una persona mala, así sea por segundos, que tal estar frente a la encarnación del mal por toda la eternidad, piensa en eso, cómo será ese terror; el cuarto castigo, es estar en el lago de fuego, pagando, las consecuencias del pecado y el suplicio correspondiente al pecado cometido.  Solo odio, dolor, y mal por toda la eternidad.

Nuestro Señor menciona varias veces la existencia del infierno. Basta ver la sentencia de Mateo (25, 31-46) "Id malditos al fuego eterno", y el Apocalipsis nos habla del "lago de fuego. Muchos Concilios han declarado de fe pública la existencia del infierno y purgatorio y consideran hereje a quien lo niegue.  Por ejemplo el Concilio Lateranense IV (D. 801) dice van a él, los que mueren en pecado mortal (D1002; D 1306, Etc.), el purgatorio es verdad de fe divina y católica definido por los Concilios Lyon (D8569) Florentino (D1304) y Tridentino (D1820) refrendados por el Vaticano II (Lg Nos 48, 49,50). 

El catecismo de la Iglesia Católica, ordenado y realizado por Juan Pablo II, desde el numeral 1033 advierte sobre la existencia del infierno, sobre esa realidad tan terrible y siguiendo las enseñanzas de Cristo, la Iglesia advierte a los fieles de la triste y lamentable realidad de la muerte eterna, llamada también infierno.

La Virgen en Fátima mostró el infierno a los niños, quienes, terriblemente asustados, convirtieron sus inocentes vidas en una penitencia total. De su gravedad y dificultad advierten también: Santa Teresa de Jesús, Don Bosco, la Beata Ana Catalina Emmerick, santa Faustina Kowalska, Martha Robin y muchos otros.

Solo en la mala fe absoluta y en el intento de llevar almas al infierno se puede entender la pertinaz insistencia de teologías modernas como la Holandesa, la Alemana, la Hedonista, la de la Liberación, negando su existencia y sustrayendo a los fieles de sus obligaciones y cargas para lograr la salvación del alma, pero claro, al negar el castigo, así como el lugar del castigo, podría uno concluir que daría lo mismo portarse como Teresa de Calcuta o como el peor de los criminales, pues en todos los casos los méritos o reprimendas por la conducta durante la vida conducen al mismo sitio.  Le oímos a Francisco hace pocos días comentar que las almas de los egoístas una vez muertas se difuminarían, y que todos los demás nos veríamos en el cielo, qué teología tan horrorosa, pues sabemos de boca del mismo Jesucristo que la Justicia de Dios es retributivo y, recompensa a quien le obedece y castiga al que no vive su palabra y la rechaza, ignora o desobedece.  Mateo 25: 31-46 "venid benditos de mi Padre al Reino, pues obedecieron la ley del amor y las obras, e, id malditos al fuego eterno" para quienes rehusaron obedecer sus mandatos de dar la vida por los demás.  Esta frase es terrible pues llegado el momento de perder a Dios para siempre, el condenado exclamará y se dará cuenta que ha perdido a su Creador, a su Redentor y a su Padre.  Ha perdido a Dios y con Dios ha perdido a María, ha perdido la vista de los ángeles, ha perdido todo.  No puede haber nada peor que saberse condenado para siempre.

"Muchas almas van al infierno porque nadie ora por ellas", dice la Virgen de Fátima e invita a la conversión de todos y a no ignorar las realidades eternas que, so pretexto de no asustar a las personas, guardan silencio y quitan a las personas el conocimiento de aquello que les infundía "un santo temor de Dios" terminando así en un facilismo religioso en donde Dios se convierte en un alcahuete de nuestros pecados.

Te puedo dar decenas de citas bíblicas o doctrinales donde se habla del Infierno, del demonio y del castigo eterno.  Hay libros enteros dedicados a eso.  Te recomiendo, leer directamente de la Biblia y del Catecismo de la Iglesia Católica, pero además pedir en oración al Espíritu Santo que te ilumine y te llene de gracia, y sobre todo pedir por los sacerdotes que no creen en el infierno y arrastran con ellos a muchas almas a la perdición.   

Al ver todo esto decidí no callarme más  y alertar a la gente, no puedo seguir cómodo en mi silencio, viendo como dos o tres personas de manera aislada defienden mi religión, es necesario que abramos los ojos y desmontemos esa religión farsante y ridícula que se está organizando desde las más altas jerarquías.

Si en tu proceso racional, lo que quieres es usar el criterio de autoridad, te puedo dar citas de verdaderas autoridades en temas eclesiásticos y teológicos, como por ejemplo: Santo Tomás de Aquino, uno de los más grandes doctores de la Iglesia, quien dice que "...la justicia de Dios requiere la eternidad del infierno como pena indicativa del mal.  Es un principio admitido que debe existir proporción entre la culpa y la pena, entre el crimen y el castigo.  Y en verdad la gravedad de la culpa se deduce de la dignidad de la persona ofendida.  El pecado ofendido a una Majestad Infinita reviste, por lo mismo, una malicia infinita, haciéndolo merecedor de un castigo infinito.  Pero como el hombre es limitado y finito en su ser, no puede ser susceptible de una pena infinita en intensidad, pero puede ser castigado con una pena infinita en duración, es decir, eterna... la existencia del infierno es un dogma de la razón y un artículo de fe".

San Pablo, otro gigante de nuestra fe dice: "trabajad con temblor y temor por vuestra salvación".  Hay dos caminos, uno es estrecho y áspero, por el que caminan unos pocos, y el otro es ancho y lleno de flores, el de la perdición, que es por donde camina la mayoría.  

Cuando le preguntan Jesús dice, al final muchos querrán entrar y no podrán. Muchos son los llamados, pocos son los elegidos.  Sabemos que la salvación exige violencia, negación de sí mismo y una decidida y férrea voluntad para trabajar por la salvación, con seriedad y disciplina.  Sabemos que es muy difícil y solo los más esforzados lo logran, pero también sabemos que uno pone lo poco, lo posible, lo más fácil y Dios pone todo lo demás.

Para empezar a cerrar vuelvo al principio.  En el Diluvio fue salvo únicamente Noé con su familia, en Sodoma y Gomorra Lot con sus hijas, pero no son los únicos ejemplos, hay más.  Luego algo pasa entre el Dios bondadoso, misericordioso, madre, cómplice y parcero que debería salvar a todos como nos lo están predicando muchas de las jerarquías de nuestra Iglesia y el Dios de verdad que premia o castiga de acuerdo con los merecimientos de cada uno.

Con todo el respeto por tu libre albedrío, por tu libertad, te invito a que busquemos a Dios con disciplina, pero al Dios que aparece en la Biblia y en la doctrina de la Iglesia, al Dios verdadero, no a ese dios hecho a tu imagen y semejanza, no te hagas un dios tan chiquito como los de la nueva era, acuérdate que tú eres hecha a imagen y semejanza de Dios, es decir al revés de lo que te están enseñando, El Dios de verdad, es un Dios que exige renuncia, sacrificio, penitencia, negación, morir a sí mismo, coger los propios bienes, venderlos, darlos a los pobres y seguirlo, ese es nuestro Dios, el Dios de la vida eterna, no el que el mundo nos está dando, el del placer, comodidad, el poder, el tener, el acumular riqueza, a recorrer la vida por el camino ancho y lleno de flores, sin esfuerzo alguno para salvar el alma, enfrentándonos sin dudarlo a la condenación eterna.

DIDACHÉ (DIDAJÉ)


La Didache (Didajé), o Enseñanzas de los Doce Apóstoles, fue escrito entre el año 65 y 80 A.D. y encontrado en 1873 en Macedonia, cerca de Constantinopla. Es el primer catecismo escrito que conocemos. Reconocido con gran estima por los Padres de la iglesia.  Por este documento sabemos como ellos interpretaban las enseñanzas de los Apóstoles y como vivían. Codifica las reglas de vida que deben saber los cristianos de manera práctica para la enseñanza.

CAPITULO 1

1:1 Hay dos caminos, el de la vida y el de la muerte, y grande es la diferencia que hay entre estos dos caminos.

1:2 El camino de la vida es éste: Amarás en primer lugar a Dios que te ha creado, y en segundo lugar a tu prójimo como a ti mismo. Todo lo que no quieres que se haga contigo, no lo hagas tú a otro.

1:3 Y de estos preceptos la enseñanza es ésta:
Bendecid a los que os maldicen y rogad por vuestros enemigos, y ayunad por los que os persiguen. Porque ¿qué gracia hay en que améis a los que os aman? ¿No hacen esto también los gentiles? Vosotros amad a los que os odian, y no tengáis enemigos.

1:4 Apártate de los deseos carnales. Si alguno te da una bofetada en la mejilla derecha, vuélvele la izquierda, y serás perfecto. Si alguien te fuerza a ir con él durante una milla, acompáñale dos. Si alguien te quita el manto, dale también la túnica. Si alguien te quita lo tuyo, no se lo reclames.

1:5 A todo el que te pida, dale y no le reclames nada, pues el Padre quiere que se dé a todos de sus propios dones. Bienaventurado el que da conforme a este mandamiento, pues éste es inocente. ¡Ay del que recibe! Si recibe porque tiene necesidad, será inocente; pero si recibe sin tener necesidad, tendrá que dar cuenta de por qué recibió y para qué: puesto en prisión, se le examinará sobre lo que hizo, y no saldrá hasta que no devuelva el último cuadrante.

1:6 También está dicho acerca de esto: que tu limosna sude en tus manos hasta que sepas a quién das.

CAPITULO 2

2:1. El segundo mandamiento de la Enseñanza es éste.

2:2 No matarás, no adulterarás, no corromperás a los menores, no fornicarás, no robarás, no practicarás la magia o la hechicería, no matarás el hijo en el seno materno, ni quitarás la vida al recién nacido. No codiciarás los bienes del prójimo.

2:3 No perjurarás, no darás falso testimonio. No calumniarás ni guardarás rencor.

2:4 No serás doble de mente o de lengua, pues la doblez es lazo de muerte.

2:5 Tu palabra no será mentirosa ni vana, sino que la cumplirás por las obras.

2:6 No serás avaro, ni rapaz, ni hipócrita, ni malvado, ni soberbio. No serás codicioso, o hipócrita, o malicioso ni orgulloso, no escucharás consejos maliciosos contra el prójimo.

2:7 No tramarás planes malvados contra tu prójimo. No odiarás a hombre alguno, sino que a unos los convencerás, por otros rogarás, a otros los amarás más que a tu propia alma.

CAPITULO 3

3:1 Hijo mío, aléjate de todo lo que es malo, y de todo lo que se le parezca.

3:2 No te irrites, porque la furia lleva al asesinato. No seas celoso, querelloso, de temperamento rápido, pues todo esto lleva a matar.

3:3 Hijo mío, no seas carnal, porque la carne lleva a la fornicación, no seas un hablador sucio, no te vanaglories mucho, porque de todas estas cosas sale el adulterio.

3:4 Hijo mío, no seas un observador de presagios o agüeros, no seas un hechicero, ni astrólogo, ni purificador, ni desees ver estas cosas, porque de todo esto nace la idolatría.

3:5 Hijo mío, no seas mentiroso, la mentira lleva al robo, no seas codicioso o engreído, de todas estas cosas surge el robo.

3:6 Hijo mío, no seas un murmurador, ya que lleva a la blasfemia, no seas de mente enferma o voluntad egoísta, porque de todo esto nacen las blasfemias.

3:7 Mas bien sé manso, porque los mansos heredarán la tierra;

3:8 Se sin embargo generoso, ten compasión, no hagas daño, se pacífico, y bueno, y ten temor siempre de las palabras que has escuchado.

3:9 No te exaltarás a ti mismo, ni darás demasiada confidencia a tu alma. Tu alma no se debe unir con las engreídas, sino que debe caminar con las almas justas y humildes.

3:10 Acepta todo lo que te pasa como bueno, sabiendo que sin Dios nada pasa.

CAPITULO 4

4:1 Hijo mío, te acordarás de día y de noche del que te habla la palabra de Dios, y le honrarás como al Señor porque donde se anuncia la majestad del Señor, allí está el Señor.

4:2 Buscarás cada día los rostros de los santos, para hallar descanso en sus palabras.

4:3 No harás cisma, sino que pondrás paz entre los que pelean. Juzgarás rectamente, y no harás distinción de personas para reprender las faltas.

4:4 No andarás con alma dudosa de si sucederá o no sucederá.

4:5 No seas de los que extienden la mano para recibir, pero la retiran para dar.

4:6 Si adquieres algo por el trabajo de tus manos, da de ello como rescate de tus pecados.

4:7 No vaciles en dar, ni murmurarás mientras das, pues has de saber quién es el buen recompensador de tu limosna.

4:8 No rechazarás al necesitado, sino que tendrás todas las cosas en común con tu hermano, sin decir que nada es tuyo propio; pues si os son comunes los bienes inmortales, cuánto más los mortales.

4:9 Tu mano no se levantará de tu hijo o de tu hija, sino que les enseñarás desde su juventud el temor de Dios.

4:10 No mandarás con aspereza a tu esclavo o a tu esclava que esperan en el mismo Dios que tú, no sea que dejen de temer a Dios que está sobre unos y otros... porque El viene no a llamar de acuerdo a las apariencias, sino a lo que el Espíritu ha preparado.

4:11 Vosotros, los esclavos, someteos a vuestros señores como a imagen de Dios con reverencia y temor...

4:12 Odiarás la hipocresía y todo lo que no es grato a Dios.

4:13 No abandonarás los mandamientos del Señor, sino guardad lo que has recibido, sin agregarle o quitarle;

4:14 En la Iglesia confesarás tus pecados, y no te acercarás a la oración con mala conciencia. Este es el camino de la vida

CAPITULO 5

5:1 El camino de la muerte es éste. Primero de todo, es maligno, y lleno de maldiciones, se encuentran asesinatos, adulterios, concupiscencia, fornicación, robos, idolatrías, brujerías, orgullo, malicia, engreimiento, mal hablados, celos, audacia, orgullo, arrogancia.

5:2 Hay aquellos que acosan al bueno-amantes de la mentira, no conocen la recompensa de la rectitud, no se acercan al juicio bueno y correcto, no miran por lo bueno sino que por lo malo, de quienes la humildad y paciencia están lejos, amando cosas que son vanas, buscando recompensas, no teniendo compasión del necesitado, no trabajando por el que está en problemas, no conociendo al que los hizo, asesinos de niños, corruptores de la imagen de Dios, quienes se alejan de los necesitados y los oprimen más en sus problemas, jueces injustos de los pobres, errando en todas las cosas. De todo esto, hijos, sean librados.

CAPITULO 6

6:1 Ve que nadie te impulse a errar de este camino de la doctrina, porque te aparta de Dios.

6:2 Si tú eres capaz de soportar el yunque del Señor, serás perfecto; pero si no eres capaz, haz lo que seas capaz.

6:3 Referente a la comida, soporta lo que seas capaz, pero ten cuidado con las cosas ofrecidas como sacrificios a los ídolos, porque es el servicio de dioses infernales.

CAPITULO 7

7:1 Y referente al bautismo, bautiza de este modo: habiendo recitado estos preceptos, bautiza en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo, en agua viva;

7:2 Pero si no tienes agua corriendo, bautiza en otra agua, y si no puedes bautizar en agua fría, hazlo con agua tibia;

7:3 Pero si no tienes ninguna, echa agua tres veces sobre la cabeza, en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

7:4 Y antes del bautismo, el bautizado y el que bautiza debe ayunar previamente, y todos los que puedan. Tu le ordenarás al que esta bautizando que ayune uno o dos días antes.

CAPITULO 8

8:1 Pero no hagas que tu ayuno sea con los hipócritas, porque ellos ayunan en el segundo y quinto día de la semana. Mas bien, ayuna en el cuarto y sexto día.

8:2 No ores como los hipócritas, sino como el Señor lo ha ordenado en Su evangelio, ora así: Padre Nuestro que estás en los Cielos, santificado sea tu nombre, venga a nosotros Tu reino, hágase Tu voluntad así en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día, perdona nuestras deudas como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. No nos dejes caer en tentación y líbranos del mal. Tuya es la gloria y el poder por siempre.

8:3 Tres veces al día reza de esta manera.

CAPITULO 9

9:1 Referente a la Eucaristía, da gracias de esta manera.

9:2 Te damos gracias, Padre nuestro, por la santa viña de David Tu siervo, la que nos diste a conocer a nosotros por medio de Jesús, Tu siervo. A Ti la gloria por los siglos.

9:3 Luego sobre el trozo de pan: Te damos gracias, Padre nuestro,  por la vida y el conocimiento, que nos diste a conocer por medio de Jesús Tu siervo. A Ti la gloria por los siglos.

9:4 Como este fragmento estaba disperso sobre los montes, y reunido se hizo uno, así sea reunida Tu Iglesia de los confines de la tierra en Tu reino.  Porque Tuya es la gloria y el poder, por Jesucristo, por siempre.

9:5 Que nadie coma ni beba de vuestra comida de acción de gracias, sino los bautizados en el nombre del Señor, pues sobre esto dijo el Señor: No deis lo que es santo a los perros.

CAPITULO 10

10:1 Después de saciaros, da gracias así:

10:2  Te damos gracias, Padre santo, por Tu santo nombre que hiciste morar en nuestros corazones, y por el conocimiento, la  fe y la inmortalidad que nos has dado a conocer por medio de Jesús, Tu Hijo, para El sea la gloria por siempre.

10:3 Tú, Señor omnipotente, creaste todas las cosas por causa de tu  nombre, y diste a los hombres alimento y bebida para su disfrute,  para que te dieran gracias. Mas a nosotros nos hiciste el don de un  alimento y una bebida espiritual y de la vida eterna por medio de tu  Hijo.

10:4 Por sobre todo, te agradecemos que nos puedas salvar; para El sea la gloria por siempre.

10:5 Acuérdate, Señor, de tu Iglesia, para librarla de todo mal y hacerla  perfecta en tu caridad, y congrégala desde los cuatro vientos, santificada, en Tu reino que le has preparado. Porque tuyo es el poder y la gloria por los siglos.

10:6 Has que venga la gracia, y deja que pase este mundo. Hosana al Hijo de David. Si alguien es santo déjalo venir a la Eucaristía; si no lo es, déjalo que se arrepienta. Amén.

10:7 A los profetas, dejadles dar gracias cuanto quieran.

CAPITULO 11

11:1 Quienquiera que, entonces, venga y te enseñe todas las cosas que se han dicho antes, recíbelo.

11:2 Pero si el mismo maestro, extraviado, os enseña otra doctrina para vuestra disgregación, no le prestéis oído;  si, en cambio, os enseña  para aumentar vuestra justicia y conocimiento del Señor, recibidle como al mismo Señor.

11:3 Concerniente a los apóstoles y profetas, actúa de acuerdo a la doctrina del Evangelio.

11:4 Deja que cada apóstol que viene a ti sea recibido como al Señor.

11:5 El se quedará un día, y si es necesario, dos, pero si se queda por tres días, él es un falso profeta.

11:6 Cuando el apóstol se vaya no tome nada consigo si no  es pan hasta su nuevo alojamiento. Si pide dinero, es un falso profeta.

11:7 Y no atentarás o discutirás con ningún profeta que hable en el Espíritu, porque todos los pecados serán perdonados, pero este pecado no será perdonado.  11:8 Con todo, no todo el que habla en espíritu es profeta, sino el que tiene el modo de vida del Señor.  En efecto, por el modo de vida se distinguirá el verdadero profeta del falso.

11:9 Y cada profeta que ordene en el Espíritu que se tienda la mesa, no deberá comer de ella él mismo, si lo hace, es un falso profeta;

11:10 y cada profeta que enseñe la verdad, si no la practica, es un falso profeta;

11:11 y cada profeta, probado como verdadero, y trabajando en el misterio visible de la Iglesia, pero que no enseña a otros a hacer lo que el hace, no debe ser juzgado por ti, porque tiene su juicio con Dios, porque así hicieron los profetas del pasado.

11:12 Pero al que dice en espíritu: Dame dinero, o cualquier otra cosa, no le prestéis oído. En cambio si dice que se dé a otros necesitados, nadie lo juzgue.

CAPITULO 12

12:1  Todo el que viniere en nombre del Señor, recibidle. Luego examinándole le conoceréis por su derecha y por su izquierda, pues tenéis discernimiento, conocimiento de lo bueno y de lo malo

12:2 Si la persona que viene es un peregrino, asístelo en lo que puedas, pero no se debe quedar contigo por más de dos o tres días, al menos haya una necesidad.  12:3 Si quiere quedarse entre vosotros, teniendo un oficio, que trabaje para su sustento.

12:4 Si no tiene oficio, proveed  según prudencia, de modo que no viva entre vosotros cristiano alguno ocioso.

12:5 Si no quiere aceptar esto, se trata de un traficante de un traficante de Cristo. De ésos mantente lejos.

CAPITULO 13

13:1 Todo auténtico profeta que quiera morar de asiento entre vosotros es digno de su sustento.

13:2 Igualmente, todo auténtico maestro merece también, como el trabajador, su sustento.

13:3 Por tanto, tomarás siempre las primicias de los frutos del lagar y de la era, de los bueyes y de las ovejas, y las darás como primicias a los profetas, pues ellos son vuestros sumos sacerdotes.

13:4 Pero si no hay profetas, dalo a los pobres.

13:5 Si haces pan, toma las primicias y dalas conforme al mandato.

13:6  Si abres una jarra de vino o de aceite, toma las primicias y dalas a los profetas.

13:7 De tu dinero, de tu vestido y de todas tus posesiones, toma las primicias, según te pareciere, y dalas conforme al mandato.

CAPITULO 14

14:1 En el día del Señor reunios y romped el pan y haced la Eucaristía, después de haber confesado vuestros pecados, a fin de que vuestro sacrificio sea puro.

14:2 Todo el que tenga disensión con su compañero, no se junte con vosotros hasta que no se hayan reconciliado, para que no sea profanado vuestro sacrificio.

14:3 Este es el sacrificio del que dijo el Señor: “En todo lugar y tiempo se me ofrece un sacrificio puro: porque yo soy el gran Rey, dice el Señor, y mi nombre es admirable entre las naciones”


CAPÍTULO 15

15:1 Elegíos obispos y diáconos dignos del Señor.  hombres mansos, no amantes del dinero, sinceros y probados; porque también ellos os sirven a vosotros en el ministerio de los profetas y maestros.

15:2 No los despreciéis, ya que tienen entre vosotros el mismo honor que los profetas y maestros

15:3 Repréndanse unos a otros, no con ira sino pacíficamente, como lo manda el Evangelio; y, no dejes que nadie hable a nadie que actúe desordenadamente referente al prójimo, ni le dejes escuchar de ti hasta que se arrepienta.

15:4  Que tus oraciones y alma y todas tus obras hagan como lo manda el Evangelio de nuestro Señor.

CAPITULO 16

16:1 Vigilad sobre vuestra vida. No se apaguen vuestras linternas, y no dejen de estar ceñidos vuestros lomos, sino estad preparados, pues no sabéis la hora en que vendrá nuestro Señor.

16:2 Reunios con frecuencia, buscando lo que conviene a vuestras almas, pues de nada os servirá todo el tiempo en que habéis creído si no consumáis vuestra perfección en el último momento.

16:3 En los últimos días se multiplicarán los falsos profetas y los corruptores, y las ovejas se convertirán en lobos, y el amor se convertirá en odio.

16:4 En efecto, al crecer la iniquidad, los hombres se odiarán entre si, y se perseguirán y se traicionarán: entonces aparecerá el extraviador del mundo, como hijo de Dios, y hará señales y prodigios, y la tierra será entregada en sus manos, y cometerá iniquidades como no se han cometido desde siglos.

16:5  Entonces la creación de los hombres entrará en la conflagración de la prueba, y muchos se escandalizarán y perecerán. Pero los que perseveren en su fe serán salvados por el mismo que había sido maldecido.

16:6 Entonces aparecerán las señales auténticas: en primer lugar el signo de la abertura del cielo, luego el del sonido de trompeta, en tercer lugar,  la resurrección de los muertos.

16:7 Como  está dicho: “Vendrá el Señor y todos los santos con El (Zac 14, 5).

16:8 Entonces el mundo verá al Señor viniendo de entre las nubes del cielo

CARTA AL SECRETARIO DE LA CONFERENCIA EPISCOPAL COLOMBIANA

A continuación la carta que envié el día de hoy al secretario General de la conferencia episcopal pidiendo explicación a unas acusaciones que él hace y que más que tranquilizarme, sembraron desconcierto en mi corazón.


Bogotá, 16 de febrero de 2016


Señores
CONFERENCIA EPISCOPAL COLOMBIANA
Atención Monseñor José Daniel Falla
Secretario
Ciudad

Buenas tardes, señor Obispo:

Lo primero sea informarle que soy católico raso, no tengo ningún título, ni ningún cargo dentro de la Iglesia Católica, simplemente soy una oveja del rebaño fiel.  El motivo de esta comunicación es porque estoy muy extrañado y preocupado por la manera como usted, en apoyo al recientemente despedido gerente de Teleamiga,  rechaza “de manera enfática” las afirmaciones que han hecho, en dicho canal, los doctores José Galat y Rafael Arango, en contra de... insinuando que estas son contrarias a la doctrina católica.

Como yo, sí, he oído todas las declaraciones de estos doctores y no veo error alguno en ellas, me gustaría que usted me señalara, al menos uno, así yo podría evitar los peligros a que estos doctores me están llevando en la búsqueda de la salvación de mi alma, es lo menos que espero de usted como pastor de mi Iglesia,

Por otro lado quisiera comentar que, el Papa Francisco ha hecho toda clase de afirmaciones sobre todos los temas habidos y por haber, creo que ha tocado todas las áreas de la religión, he leído decenas de artículos en los que contrastan sus afirmaciones frente a lo que la Iglesia ha enseñado durante los 2013 años anteriores a su papado y francamente más que el Papa encargado de custodiar la fe, pareciera que es el Papa a que hace alusión San Francisco de Asís, cuando en una profecía dice que para estas calendas tendremos uno que será "el destructor de la Iglesia".

Las verdades de nuestra Fe, Señor Obispo, no son mutables, parece que el Papa, así como muchos otros en la curia, no hubieran oído hablar de conceptos básicos, pero fundamentales para entender las cosas de Dios, como por ejemplo, el tiempo único de Dios, la eternidad, la inmutabilidad de Dios, y despojándolo de toda su majestad, lo equiparan con una pobre criatura, como nosotros, para que se revise y se reinvente, o como si fuera un vulgar empresario japonés hacer reingeniería de sus afirmaciones y de sus procesos.

Pero además, el Papa es el guardián de la fe, no el reformador de la misma.  Comedidamente le solicito a usted como mi pastor, me aclare por qué el Papa está diciendo todas estas herejías y pisoteando todas las cosas que me enseñaron: en mi casa, mis papás católicos; o en el colegio donde hice la primera comunión, los padres agustinos; o donde hice mis estudios universitarios, los padres jesuitas; o, ahora en la televisión, los doctores Arango y Galat.  Todos ellos dentro de la más clara ortodoxia de la fe.

Le pido, expresamente, que deje de señalar en abstracto, y, diga en concreto donde están las faltas a la verdad de estos predicadores, pues con todo el respeto que me merece usted y su investidura, me parece que ese es el trabajo del pastor, proteger a las ovejas del lobo. Y si Arango y Galat son los lobos vestidos de ovejas, señálelo.

Es claro que nos debemos completamente, en fidelidad y obediencia, a Nuestro Señor Jesucristo y a la Santa Iglesia Católica, pero también que nuestras lealtades son con Él y con ella, con los Diáconos, Presbiterios, y Obispos, únicamente en la medida en que se correspondan con lo que Dios quiere de nosotros, y lo que nos ha enseñado, y únicamente en cuanto a eso, pues nuestra fe es en Dios, no en los hombres,

Me da pena con usted señalárselo, desde el puesto tan abajo que ocupo dentro de la Iglesia Católica, pero la oscuridad está saliendo de las propias jerarquías de la Iglesia, lo invito a que sea usted quien encienda la luz y nos comience a predicar con los evangelios, y el catecismo, que es donde encontramos las verdades con las cuales nos podremos justificar.

¿Qué hacemos, escuchamos a Francisco o escuchamos a San Pablo? este último decía que a quien cambie una coma de la sagrada escritura es un anatema y a él no se le debe escuchar.  O será que esto también será punto de contradicción.

Quedo atento a sus comentarios y explicaciones, pues sin duda serán de mucha luz para mí y para mis amistades.  No está demás solicitarle mucha misericordia con su respuesta, la que, dicho sea de paso, el papa no ha tenido con quienes están dentro de la línea más ortodoxa de la Iglesia.

Que Dios lo bendiga y la santísima Virgen María lo cubra con su manto.

MIGUEL AGUILERA NEIRA
Laico católico