ORACIÓN - El Santo Rosario




1.- Persignarse

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos Señor, Dios nuestro.
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

2.- Rezar el Acto de Contrición:

Opción 1.

Pésame Dios mío y me arrepiento de todo corazón de haberte ofendido.

Pésame por el infierno que merecí y por el cielo que perdí; 
pero mucho más me pesa porque pecando ofendí un Dios tan bueno y tan grande como vos;
antes querría haber muerto que haberle ofendido,
y propongo firmemente ayudado por tu divina gracia,
no pecar mas y evitar las ocasiones próximas de pecado.
Amen

Opción 2.
Señor mío Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío; por ser Vos quien sois, Bondad infinita, y porque os amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón de haberos ofendido; también me pesa porque podéis castigarme con las penas del infierno. Ayudado de vuestra divina gracia, propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuere impuesta para el perdón de mis pecados.
Amén.

3.- Rezar el CREDO símbolo de los Apóstoles

Creo en Dios, Padre Todopoderoso,
Creador del cielo y de la tierra.
Creo en Jesucristo, su único Hijo,
Nuestro Señor,
Que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo,
nació de Santa María Virgen,
padeció bajo el poder de Poncio Pilato,
fue crucificado, muerto y sepultado,
descendió a los infiernos,
al tercer día resucitó de entre los muertos, subió a los cielos
y está sentado a la derecha de Dios,
Padre todopoderoso.
Desde allí ha de venir
a juzgar a vivos y muertos.
Creo en el Espíritu Santo,
la santa Iglesia católica,
la comunión de los santos,
el perdón de los pecados,
la resurrección de la carne
y la vida eterna.
Amén.

3.- En función del día de la semana, elegimos los misterios a meditar, según lo que se indica más abajo.

Tras enunciar el misterio, se reza un padrenuestro, diez avemarías y un gloria.

MISTERIOS GOZOSOS (lunes y sábados)

1. El anuncio del ángel a nuestra señora.
2. La Visitación de Nuestra Señora a su prima santa Isabel.
3. El Nacimiento del Hijo de Dios en Belén.
4. La Presentación de Nuestra Señora.
5. El Niño perdido y hallado en el Templo.
Se rezan 10 avemarías, un gloria y a continuación la Jaculatoria:

Oh, Dios, ten misericordia de nosotros
Líbranos del fuego del infierno
Lleva al cielo a todas las almas especialmente a las más necesitadas de tu infinita misericordia

Dios mío, yo creo, adoro, espero y Os amo. Os pido perdón por los que no creen, no adoran, no esperan y no Os aman.

Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, Os adoro profundamente y Os ofrezco el preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Jesucristo, presente en todos los tabernáculos  de la tierra, en reparación de los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con que El mismo es ofendido. Y por los méritos infinitos de su Santísimo Corazón y del Corazón Inmaculado de María, os pido la conversión de los pobres pecadores.»


María, Madre de gracia, Madre de misericordia, defiéndenos de nuestros enemigos y ampáranos ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén

MISTERIOS DOLOROSOS (martes y viernes)
La Oración del Huerto.
La Flagelación del Señor.
La Coronación de espinas.
La Cruz a cuestas.
Jesús muere en la Cruz.
Se rezan 10 avemarías, un gloria y a continuación la Jaculatoria: María, Madre de gracia, Madre de misericordia, defiéndenos de nuestros enemigos y ampáranos ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén

MISTERIOS GLORIOSOS (miércoles y domingos)
La Resurrección del Señor.
La Ascensión del Señor
La Venida del Espíritu Santo sobre Maria y los apóstoles.
La Asunción de Nuestra Señora.
La Coronación de María Santísima como reina de la iglesia

Se rezan 10 avemarías, un gloria y a continuación la Jaculatoria: María, Madre de gracia, Madre de misericordia, defiéndenos de nuestros enemigos y ampáranos ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén

MISTERIOS LUMINOSOS (jueves)
El Bautismo en el Jordán
La autorrevelación de Jesús en las bodas de Caná;
El anuncio del Reino de Dios invitando a la conversión;
La Transfiguración;
La institución de la Eucaristía.
Se rezan 10 avemarías, un gloria y a continuación la Jaculatoria: María, Madre de gracia, Madre de misericordia, defiéndenos de nuestros enemigos y ampáranos ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén

Una vez se terminan los misterios del día Se reza un padre nuestro y tres avemarías, por las intenciones del papá, por nuestro obispo Rubén Salazar y por tu párroco

En la siguiente pepa se manifiesta:  Para obtener las indulgencias ofrecidas al santo Rosario por el papa.  Padre Nuestro, Avemaría, y Gloria.

En la siguiente pepa, se ofrece por las almas del purgatorio.   Padre Nuestro, 3 Avemarías, y Gloria
 En la siguiente pepa por la santificación de nuestro obispo y párroco. Padre Nuestro, Avemaría, y Gloria.

SALVE:

Dios te salve, Reina y Madre, Madre de misericordia, vida, dulzura y esperanza nuestra; Dios te salve.  A Ti llamamos los desterrados hijos de Eva; a Ti suspiramos, gimiendo y llorando, en este valle de lágrimas. Ea, pues, Señora, abogada nuestra, vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos; y después de este destierro muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre. ¡Oh clementísima, oh piadosa, oh dulce siempre Virgen María!

V. Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios.
R. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo.

Finalmente, se rezan las Letanías de la Santísima Virgen María

Señor, ten piedad
Cristo, ten piedad
Señor, ten piedad
Cristo, óyenos
Cristo, escúchanos
Dios, Padre celestial
Dios, Hijo Redentor del mundo
Dios, Espíritu Santo
Trinidad santa, un solo Dios
Santa María
Santa Madre de Dios
Santa Virgen de las Vírgenes
Madre de Cristo
Madre de la Iglesia
Madre de la Divina Gracia
Madre purísima
Madre castísima
Madre y Virgen
Madre sin mancha
Madre inmaculada
Madre amable
Madre admirable
Madre del buen consejo
Madre del Creador
Madre del Salvador
Virgen prudentísima
Virgen digna de veneración
Virgen poderosa
Virgen acogedora
Virgen fiel
Ideal de santidad
Trono de sabiduría
Causa de nuestra alegría
Templo del Espíritu Santo
Obra maestra de la gracia
Modelo de entrega a Dios
Rosa escogida
Fuerte como la torre de David
Hermosa como torre de marfil
Casa de oro
Arca de la Nueva Alianza
Puerta del cielo
Estrella de la mañana
Salud de los enfermos
Refugio de los pecadores
Consoladora de los tristes
Auxilio de los cristianos
Reina de los Ángeles
Reina de los Patriarcas
Reina de los Profetas
Reina de los Apóstoles
Reina de los Mártires
Reina de los confesores de la fe
Reina de las Vírgenes
Reina de todos los Santos
Reina concebida sin pecado original
Reina llevada al cielo
Reina del Santo Rosario
Reina de la Familia
Reina de la paz

OFRECIMIENTO A LA SANTÍSIMA VIRGEN

¡Oh Señora mía! ¡Oh Madre mía! Yo me ofrezco enteramente a ti y en prueba de mi filial afecto te consagro en este día, mis ojos, mis oídos, mi lengua, mi corazón; en una palabra, todo mi ser. Ya que soy todo tuyo Oh Madre de bondad, guárdame y defiéndeme como a pertenencia y posesión tuya. Amén.


Dios es el fin para el cual fuí creado



El hombre es creado para alabar, hacer reverencia y servir a Dios Nuestro Señor.  El hombre es creado.  Nos lo dice la fe, nos lo demuestra la razón.  Como católico estoy obligado a creerlo, lo dice el Concilio Lateranense: “Creó Dios de la nada en el principio del tiempo ambas criaturas, la espiritual y la corporal, la angélica y la mundana, y después la humana, constituida como de la unión del espíritu y del cuerpo.  En el Concilio Vaticano I anatemiza a quien no confiesa “…que el mundo  y las cosas todas en el contenidas, espirituales y materiales, según toda su sustancia, han sido producidas por Dios de la nada”.  Lo repetimos en todos los símbolos (credos), la Biblia se abre con la afirmación del dogma de Dios creador, “Y creo Dios al hombre (Génesis 1,27)”; Nos lo demuestra la razón, ni el acaso, ni nosotros mismos, ni nuestros padres, ni las fuerzas ocultas de la naturaleza pudieron ser el origen del hombre, ni pudo su cuerpo, ni su alma proceder del bruto por evoluciones naturales sin intervención de Dios.

 Creado,  de la nada como punto de partida y por Dios mismo como agente.  El hombre puede componer y descomponer, traer y llevar, ordenar y desordenar, juntar y combinar; pero no crear ni aniquilar.  Solo Dios puede crear y aniquilar, el hombre nada puede hacer de la nada y nada puede reducir a la nada.

En síntesis salí de la nada; me sacó Dios. Nada y Dios.  De mi cosecha nada soy, nada tengo, nada puedo: mi capital es nulo. Esta es la verdad, nada soy, no soy nada: esta es la base más sólida de la humildad.

Con relación a dios me hallo en dependencia absoluta, pues El es mi dueño y mi origen.  Pero ojo,  todo lo había creado por el imperio de su voz: Hágase.  Pero cuando llegó el momento de crear al hombre, la Santísima Trinidad, no dijo hágase como lo había hecho con el resto de la creación, manifiesta: “hagamos al hombre a imagen y semejanza nuestra.  Y forma del barro de la tierra un hombre, se inclinó amoroso al barro que plasmara, respiró en su faz respiración de vida y fue hecho el hombre con su alma viva Génesis 2,7).


Pero por qué hizo Dios al hombre tan amorosamente, tan especialmente, por qué no lo hizo como al resto de la creación y lo hizo con sus propias manos?

Tertuliano dice, que la Trinidad pensaba que Cristo había de ser hombre.  Veía que aquella naturaleza había de ser sublimada al consorcio con la divinidad, enlazada, estrecha y misteriosa, en la unidad de la persona de Jesucristo Dios y hombre verdadero.  Y también porque habría de ser la más perfecta de todas las criaturas del orden visible y natural y destinada a que se sirviera de todas y a presidir la creación para los más elevados fines.

Y creo Dios al hombre a su imagen y semejanza.  El alma fue creada a imagen de Dios en cuanto que, dotada de razón, puede conocer la verdad; fue creada a semejanza de Dios, en cuanto que puede amar la virtud y conformar sus operaciones  a las operaciones divinas.  La imagen es indestructible, la semejanza puede desaparecer y de hecho desaparece con el pecado mortal.

 San Crisóstomo refiriéndose a este tema de la creación del hombre dice que Dios lo trató como a un rey, pues cuando un rey va a entrar a una ciudad envía primero a los oficiales, prefectos, ministros, criados, guardias, etcétera para amueblar y preparar el palacio con grande honor, así: “como si hubiese de recibirse al rey, precedió el sol, corrió delante el cielo; entró primero la luz y fueron creadas y perfeccionadas todas las cosas y entonces, con grande honra, se introdujo al hombre.

De ese primer hombre y de de la primera mujer creada poco después, por una serie de generaciones sucesivas procedo yo en cuanto al cuerpo, en lo que al alma toca se creado directa e inmediatamente por Dios.

 Como consecuencia natural y necesaria, este hecho: Dios es mi dueño y Señor.  De Él lo he recibido todo y por eso su dominio es absoluto, pues me sacó de la nada.  Y su señorío sobre mi es esencial e inalienable, pues podría someterme a otros, pero no desprenderse de mi a favor de otro propietario: es universal ya que alcanza a todos y cada uno de los elementos que hay en mi: mi cuerpo, mis sentidos, mi alma, mis facultades, mi tiempo hasta el último instante, todo es un don actual de Dios. Es riguroso y glorioso porque me priva de todo derecho sobre mi mismo, pero honra mi libertad y me permite someterme a su dominio ejercitando el más sublime de todos los actos o someterme a todos los demás dominios  que me envilecen, degradan y esclavizan.

Y claro cuántas veces he obrado como si pudiera algo, como si tuviera algo, olvidando mi dependencia de Dios y obrado con independencia sin consultar el divino querer (Divina Voluntad) a merced de mis caprichos  irracionales, no siendo la voluntad  de Dios la regla  única de mi conducta, sino por el contrario el capricho momentáneo o el ímpetu de la pasión.

Dios tiene derecho a tomar lo suyo, es decir todo mi corazón y si por el ejercicio desmedido o el abuso de mi libertad, me niego a reconocer ese derechos de Dios de poseerlo, Él no dejará de tomarlo pero ya no con la mano de la misericordia, sino que lo hará con la mano de la justicia.  No hay remedio, o me rindo a los halagos de la Misericordia o aguanto eternamente las heridas de la Justicia porque el dominio de Dios sobre los hombres es ineludible.  Dijo San Agustín: has de glorificar a Dios o haciendo lo que Él quiere o padeciendo lo que tu no quisieras.

Ahora sí, para qué es creado el hombre? Dios es mi fin. He sido creado para albar, hacer reverencia y servir a dios nuestro Señor.

De mi origen divino se desprende mi condición de criatura, de mi condición se deduce mi oficio o fin inmediato.  Dios al crearme hubo de proponerse un fin para mi, pues si todo ser racional cuando obra como tal, obra por un fin, mucho más Dios, sabiduría infinita, inteligencia suma.  Como criatura inteligente y libre debo tender a mi fin de manera consciente y libre y cuáles mi fin? Como ya lo dije: mi fin es Dios.  Cualquier otro fin sería indigno de Él e indigno de mí.

Que sea Dios mi fin, me lo dice la fe: Yo soy el principio y el fin, el alfa y el omega, el primero y el último (Apocalipsis 1, 8);  Todo lo hizo por si el señor (proverbios 16,8); A solo el señor tu Dios adorarás y a Él solo servirás.

Que sea Dios mi fin, me lo demuestra la razón: cuando me dice que dios infinitamente sabio e infinitamente perfecto, no podía criarme sino para Él, para conocerlo, amarlo y servirle.  El fin debe ser algo que conseguido de reposo y perfección; es para todo ser un verdadero bien.  Mi alma no reposa cumplidamente sino en Dios, mi alma no llega a su perfección posible sino por la verdad y la bondad, por el conocimiento y sobre todo por el amor.  Y no hay conocimiento que me perfeccione, ni amor que me sacie sino el de Dios.

Que sea Dios mi fin,  me lo demuestra mi naturaleza: mis facultades tienen tendencia a trascender a ir más allá de lo estrictamente perceptible, superan a mis sentidos, buscan el infinito.

Que sea Dios mi fin, me lo confirma mi experiencia: lejos de Dios he hallado, inquietud, y remordimiento, mientras que en Dios he hallado Paz, gozo y tranquilidad.

En consecuencia, dice san Ignacio, que he sido creado para Dios, Dios es mi fin, “Criado para alabar, hacer reverencia y servir a Dios Nuestro Señor, y mediante esto salvar el alma”.   La alabanza surge del conocimiento de su bondad, pues nada puedo sin Él, nada tengo sin Él,  es mi bien supremo.  Tenerle reverencia, surge espontáneamente y únicamente por la conciencia que tengo de su grandeza, tan grande es que de solo pensar en Él me lleno de temor reverencial, me lleno de respeto.  Servirle, que no es otra cosa que sujetar mi voluntad a la suya, es decir: hacer lo que Él quiere, como Él lo quiere y porque Él lo quiere.

En cuanto a las dos primeras alabarlo y reverenciarlo, necesito una disposición especial, de cuerpo y de mente, y no puedo hacerlas todo el tiempo, pero servirle si lo puedo hacer todo el tiempo, sin interrupción ninguna., pues a Dios lo sirvo orando, trabajando, estudiando, pero también, estudiando, comiendo, descansando e incluso divirtiéndome..  El secreto está en no hacer nunca mi voluntad, sino la de Dios.  Pues el que sirve nunca hace su propio querer sino el de su dueño.  Esto lo logramos guardando los mandamientos de la ley de Dios, las leyes de la República, los reglamentos del trabajo, respetando los deberes de mi estado de vida.

En conclusión: la alabanza, es el homenaje que doy con mis labios y lo hago principalmente con la oración; la reverencia, es el homenaje del corazón que doy con el culto, sin avergonzarme jamás de ser siervo de Dios; y el servicio, es el homenaje de mis manos con que abrazo todas las acciones de mi vida.    

EN QUÉ ES EN LO QUE HAY QUE CREER


Durante 1960 años la Iglesia siempre ha mantenido un Magisterio igual así mismo, veraz y coherente sobre puntos esenciales: los dogmas, la moral y el culto; las relaciones con el Mundo, el Corán, los judíos; y, las consecuencias de los errores doctrinales, herejías y cismas y su castigo y penalización.

A partir del pontificado de Juan XXIII, en 1958, comienza un cambio, al principio únicamente como en cosas formales, pero a la final manteniendo la visión doctrinal revelada por Dios sobre estos temas.  Luego, con el pasar de los años, arranca ese cambio doctrinal, ese “golpe de estado” sobre muchos de estos puntos, en realidad sobre casi todos.

Estos cambios conceptuales, a pesar de no ser formalizados en definiciones Ex Cáthedra, después del Concilio Vaticano II pasaron a ser como la doctrina enseñada y creída por la “nueva iglesia católica”, y esto, a pesar de que el mismo Concilio declaró claramente, qué ese era un concilio pastoral sin intención de definir doctrina, la cual, por supuesto, debería seguir como siempre.

Seguramente es por eso que el encabezamiento del Concilio Vaticano II no acude a la solemne presentación de los concilios doctrinales, como en el de Trento, en donde se invoca la Definición Infalible de Doctrina dada Ex Cáthedra.

En la práctica, y esto es constatable, el Concilio Vaticano II sí cambió la doctrina de la Iglesia:

1.        Los judíos, de pérfidos, pasaron a ser "hermanos mayores"...

2.       El Corán, libro donde se manda de parte de un dios a subyugar y matar cristianos si no abjuran de su fe y que mereció siempre condenas del magisterio y de los doctores de la iglesia, ahora en el post concilio mereció un beso aprobatorio.  Hasta llegar a la aberración actual con Bergoglio en que se dice que es la religión de la paz y del amor.

3.       Sabemos desde siempre, que los tres enemigos del alma son el mundo, el demonio y la carne, hablando solo del mundo, sabemos que este siempre fue hostil para el Reino de Dios, tal cual lo dice el Nuevo Testamento y fue reiterado por  1960 años de Tradición y Magisterio, ahora, en el Post Concilio, por obra de Karl Rahner y Theilard de Chardin principalmente, pasó a ser el modelo y única realidad a la que la iglesia debía seguir, imitar.

4.       En los dogmas ya no se está creyendo, la existencia del Infierno se niega a pesar de estar definida por varios concilios, ahora se habla de que para la salvación es necesario únicamente creer, tener fe, cuando todos sabemos que la fe sin obras es nula y que seremos juzgados por nuestras obras.  Por otras parte la Salvación se da, únicamente, dentro de la Iglesia, en eso se ha dejado de creer.  En uno de los últimos pronunciamientos del Papa se dijo que las almas que pierdan el cielo y se empecinen en no aceptar, en no recibir a Dios serán difuminadas.

5.       Del Teocentrismo hemos pasado al antropocentrismo, de la mano de la nueva era toda trascendencia fue negada, caímos de nuevo en el engaño de satanás, coman de este fruto y serán como dioses, y estamos comiendo toda la basura que satanás y sus esbirros nos sirven, hasta los padres hoy en día dictan cursos de oración que no es más que una mala copia del yoga.

6.       La metafísica cristiana es ridiculizada por el modernismo y el realismo objetivo, tomista, reemplazado por filosofismo y basura intelectual suministrada por satanás y sus áulicos.

7.       Los Mandamientos cayeron de haber sido impresos en nuestra alma por Dios mismo en la creación, de ser revelados por Dios a Moisés en el Sinaí y de ser confirmados por Nuestro Señor Jesucristo a ser, meramente, legalismo farisaico, pelagianismo puro y falta de amor con el pecador, por efectos de la última teología Vaticana.  Expresada por el mismo Bergoglio.

8.       La penalización y corrección de los errores desapareció, fue dejada de lado por "La Era de la Misericordia".  Ahora, los errores doctrinales expandidos por doquier en la vida de la iglesia, no son castigados, ni corregidos, simplemente son mirados con una sonrisa de misericordia, sin misericordia.  Y sin misericordia, ahí sí, con los pecadores que aún en los casos de buena fe están poniendo en riesgo la salvación de sus almas.

Entonces, sí, la doctrina cambio, la moral cambio y el culto también cambió, la apologética también cambió.  Todo cambió, todo sigue cambiando bajo las riendas destructoras de Bergoglio y los religiosos que lo acompañan.  Y sí esto es así, es decir que vemos y constatamos que casi todo cayó, ¿En qué deberemos creer entonces? Pues parece ser que la religión católica, es una nueva religión con nueva doctrina y nuevo culto.

Esa es la idea precisamente de esta serie de escritos, presentar la doctrina segura que, además sabemos, fue revelada por Cristo a la Iglesia y esta la enseñado durante 1960 años, para, entonces, aferrarnos al magisterio infalible dado ex cathedra, a los dogmas, los concilios doctrinales dogmáticos y al magisterio ordinario que ha sido coherente durante 1960 años.

Creemos que se puede creer con toda tranquilidad en lo que la Iglesia ha enseñado desde siempre hasta Pio XII;  podemos creer, con cierto grado de tranquilidad, aunque preguntando y discerniendo con prudencia lo correspondiente al período desde Juan XXIII hasta Benedicto XVI y ¿por qué?, porque acá a pesar de que el magisterio es bastante claro comienzan a pulular los teólogos contrarios a la doctrina clásica.

Toda esta contaminación, el mismo Pablo VI la denuncio desde el principio de la Nueva Iglesia conciliar, cuando advirtió que el humo de satanás se había metido y había infiltrado a la Iglesia.  Y parece, como se dice por ahí, que ahora mismo ya no se puede ni respirar.

1.     La iglesia actual ha predicado por boca de quien está en la silla de Pedro que “No estoy interesado en la conversión de los evangélicos al Catolicismo. Quiero que la gente encuentre  a Jesús en su propia comunidad. Son tantas las doctrinas que nunca vamos a estar de acuerdo. No vamos a gastar nuestro tiempo en ellas.  Más bien, tratemos de mostrar el amor de Jesús.”

Cuando, solo por citar a uno de muchos, Pio XI había dicho “La unión de los cristianos no se puede fomentar de otro modo, que procurando el retorno de los disidentes a la única y verdadera Iglesia de Cristo, de la cual un día desdichadamente se alejaron” (Pío XI, Mortalium Animos, 16).

2.    La introducción de una estatua de Lutero en el Vaticano es consecuencia de la consideración del mayor hereje –blasfemo y sanguinario- de todos los tiempos, como “Testigo del Evangelio” (Del conflicto a la comunión, n. 29). Tal declaración es un insulto para la inteligencia y la inspiración divina de la Iglesia en los últimos cinco siglos. Quien esto defienda no puede ser sino un perverso hereje infiltrado o un loco.

3.    El Papa oficial desconoce a S. Pablo y su Magisterio. Francisco I manifiesta que S. Pablo se gloriaba de sus pecados. Fue con motivo del 90º cumpleaños del Cardenal Sodano /07/12/17). Dijo que estas celebraciones son motivo para “el recuerdo también de nuestra pequeñez, de nuestros errores, incluso de nuestros pecados. San Pablo se enorgullecía de ellos.”

Lo que en realidad dijo el apóstol es que sin Cristo nada somos. Él mismo nos lo enseña: “Sin Mí nada podéis hacer” (Jn 15,5). S. Pablo conoce el remedio: Llama al Espíritu Santo que “acude en ayuda de nuestra debilidad” (Rom 8,26) y le hace poderoso contra el pecado; por eso dice a los filipenses: “Todo lo puedo en Aquel que me conforta” (Fil 4,13). Cualquier teólogo o simple fiel con sentido común, exclamaría con S. Agustín: “¿De qué, pues, podrá gloriarse toda carne?, ¿Acaso del mal? Pero eso no es gloria sino miseria” (Soliloquio del alma con Dios, n. 15).

4.    Francisco predica falsedades.: Qué la Justificación se da solo por la Fe, que fue lo que dijeron los protestantes, que las obras no son necesarias.

5.    “Por las venas de Jesús corre sangre pagana” (Homilía del 08/09/2017). No existe contexto que pueda ocultar la gravedad de esta blasfemia. Porque la genealogía de S. Mateo termina con “José, Esposo de María”. Pero los católicos sabemos que lo concebido por Ella es Obra del Espíritu Santo, que Cristo no es hijo biológico de José. Esta blasfemia acerca a su autor a la postura protestante que asigna más hijos a la Inmaculada.

6.    “El camino de la Iglesia es el de no condenar a nadie eternamente”. (Homilía con los nuevos cardenales, 15 de febrero de 2015). Es decir no cree en el dogma del Infierno.

7.    En Amoris Laetitiae, atropella el Magisterio del mismo Cristo y por supuesto de sus predecesores:“ Todo el que se divorcia de su mujer y se casa con otra, comete adulterio; y el que se casa con la que está divorciada del marido, comete adulterio (Lc 16,18).

Olvidando que “No os engañéis: ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los sodomitas,… heredarán el Reino de Dios” (1Cor 6, 9-11).

8.    -Viola el Catecismo y el Derecho Canónico, al decir que se puede dar la absolución y la comunión a los adúlteros, analizando cada caso en particular, pues, los divorciados vueltos a casar viven en «adulterio público y permanente» (n. 2384). “El acto sexual debe tener lugar exclusivamente en el Matrimonio; fuera de éste constituye siempre un pecado grave y excluye de la comunión sacramental» (n. 2390). «No deben ser admitidos a la sagrada Comunión […] los que obstinadamente persistan en un manifiesto pecado grave» (Canon 915).

Con esta exhortación, el Papa oficial ha ensanchado las grietas de la Iglesia que denunciaba el Beato Pablo VI, hasta el punto de haber roto la Unidad. Los divorciados y vueltos a casar pueden  acceder a la Comunión en unos países o en determinadas diócesis, mientras que en otros son rechazados. Es una situación cismática; una revolución luterana dentro de la Iglesia, que deja de ser Una y Católica, pues ya su moral no es universalmente válida.

Para finalizar podemos decir que quien defiende lo que aquí denunciamos, prostituye a la Iglesia oficial por la unión en la “libertad, hermandad e igualdad” con religiones no cristianas o cristianas no católicas. ¿Estamos asistiendo a la manifestación de la Gran  Ramera por estar de lleno en el fin de los tiempos de los gentiles (Lc 21,24)?

Pero entonces qué debo hacer?  Yo creo que debemos buscar los cimientos, de tal manera que podamos con base en conocimientos sólidos contrastar lo que nos están enseñando y predicando para poder decidir con conciencia recta lo que debo hacer con mi vida.

¿Tengo que seguir yendo a misa, aunque vea que se predican herejías en los púlpitos? ¿Son válidas esas misas? ¿Cristo baja a la Eucaristía? ¿No sería mejor irse a la FSSPX? Si Francisco acepta a otras religiones, ¿por qué tanta inquina con Lefebvre, que al fin y al cabo no hizo más que guardar íntegro el depósito de la fe?

Para empezar, debemos decir que no se debe nunca dejar la misa dominical. El hecho de que el sacerdote celebre bien o mal no es una excusa que exima de cumplir el precepto. Ciertamente, es triste que veamos el comportamiento o escuchemos las prédicas de algunos ministros, muy alejadas del querer y de la voluntad de Dios. Procurar encontrar una parroquia ortodoxa es algo muy importante, pero no siempre es posible. Pero nosotros tenemos un mandamiento de la Santa Madre Iglesia por cumplir y este es “Oír misa entera todos los domingos y fiestas de guardar”. Por tanto, sea como sea, debemos cumplirlo.

Si el sacerdote cumple con el requisito y tiene intención de querer hacer lo que hace la Iglesia, consagrará y recibiremos a Cristo Eucaristía en el momento de comulgar. Si el sacerdote no cumpliera con alguno de los requisitos o no pronuncia correctamente las palabras consacratorias no estaría obedeciendo su ministerio porque estaría dejando de dar a los fieles lo que se merecen: esto es, entregar a los fieles la Santa Comunión. Igualmente incurre en pecado de desobediencia si en la homilía no predica conforme al magisterio de la Iglesia.

¿Qué hacer ante esta situación?

La respuesta no es otra que RESISTIR. Resistir porque vienen tiempos de pruebas más duras que las que estamos enfrentando ahora.

Debemos ser fieles al magisterio de siempre. Al catecismo. Al dogma, a la tradición y ser perseverantes en la oración. Sabemos, precisamente por el punto 675 del Catecismo de la Iglesia católica, que tendremos que atravesar unos momentos críticos antes de la segunda venida de Nuestro Señor. Momentos donde gran parte de la Iglesia caerá en la apostasía y en los que solo un resto fiel permanecerá unido a Cristo y al Evangelio. Momentos que nos pueden parecer insoportables porque pasaremos una gran tribulación, como no la hubo ni la habrá y que incluso nos podrían llevar a pensar que la Iglesia verdadera ha desaparecido. Más no ha de ser así, ciertamente, porque Cristo no fallará a su palabra y la Iglesia nunca perecerá, porque vivirá en cada uno de los fieles que permanezca firme en la verdad inmutable de las enseñanzas de Cristo, en ese pequeño rebaño que quedará, unido al Inmaculado Corazón de María.

Por tanto, la clave es ésta: Oración, frecuencia de sacramentos mientras tengamos sacerdotes cerca, estudio de las verdades de la fe y de los documentos de la iglesia católica y del magisterio, lectura diaria de las escrituras, rezo del santo rosario, que es el arma que atará a satanás en estos tiempos, sanas y ejemplares lecturas de vidas de santos que nos dan coraje ante las adversidades.

Esta es la regla que tenemos que tener ante nuestros ojos. Todo esto unido a la esperanza de que Dios nunca falla en sus palabras y nunca abandona a su pueblo. Él quiere que le demostremos nuestra fidelidad, quiere que le demostremos nuestro valor y el amor que tenemos por su palabra. Si le hemos pedido caminar como Pedro sobre las aguas, no podemos pensar que nos va a dejar en medio de la nada para que nos ahoguemos. Seamos confiados, seamos almas de fe que creemos en su palabra.  Son tiempos duros, sí, pero si duros son los tiempos, más fuerte lo es la mano de Dios que intervendrá, como lo hizo en Egipto para salvar a su pueblo cuando se hallaba en el punto más alto de su sufrimiento, como lo hizo con Abraham en el momento más doloroso, en el momento en que en obediencia a Dios le estaba por ofrecer a su hijo único y amado en sacrificio.

Yo creo que Dios quiere y espera de nosotros que le demostremos si realmente le amamos y confiamos en su palabra.

DOGMAS DE FE


A veces la Iglesia define algunas verdades dogmas de fe. No es que esas cosas empiecen entonces a ser verdad. Son verdades que siempre han existido; pero que su creencia ha empezado a ser obligatoria al definirse.

La definición de una doctrina no es su invención, sino la declaración autoritativa de que ha sido revelada por Dios, es decir, que forma parte del conjunto de verdades que constituyen la Revelación cristiana.

Algunas veces la aparición de nuevos errores obliga a la Iglesia a definir y declarar más lo que siempre ha sido verdad, pero que las circunstancias del momento reclaman aclaración.

Los dogmas no son verdades que la Iglesia impone arbitrariamente. Son iluminaciones de la verdad objetiva. No son muros para nuestra inteligencia. Son ventanas a la luz de la verdad. En la Iglesia católica, un dogma es una verdad absoluta, definitiva, inmutable, infalible, irrevocable, incuestionable y absolutamente segura sobre la cual no puede flotar ninguna duda.  Una vez proclamado solemnemente, ningún dogma puede ser derogado o negado, ni por el Papa ni por decisión conciliar.  Por eso, los dogmas constituyen la base inalterable de toda la Doctrina católica y cualquier católico está obligado a adherir, aceptar y creer en los dogmas de una manera irrevocable.

Los dogmas tienen estas características porque los católicos confiamos en que un dogma es una verdad que contiene, implícita o explícitamente, la inmutable Revelación divina o en que tiene con ella una "conexión necesaria".  Para que estas verdades se tornen en dogmas, ellas necesitan ser propuestas directamente por la Iglesia Católica a sus fieles como parte de su fe y de su doctrina, a través de una definición solemne e infalible por el Supremo Magisterio de la Iglesia (Papa o Concilio ecuménico con el Papa) y de la posterior enseñanza de éstas por parte del Magisterio ordinario de la Iglesia. Para que tal proclamación o clarificación solemne acontezca, son necesarias dos condiciones:  La primera, que el sentido debe estar suficientemente expresado como una auténtica verdad revelada por Dios; y, la segunda, que la verdad o doctrina en causa debe ser propuesta y definida solemnemente por la Iglesia siendo una verdad revelada y una parte integrante de la fe católica.

Mas, "la definición de los dogmas a lo largo de la historia de la Iglesia no quiere decir que tales verdades solamente habían sido reveladas, sino que se tornaron más claras y útiles para la Iglesia en su progresión en la fe".  Por eso, la definición gradual de los dogmas no es contradictoria con la creencia católica de que la Revelación divina es inalterable, definitiva e inmutable desde la ascensión de Jesús.

Algunos dicen: «La vida es movimiento. Estancarse es morir. Las ideas petrificadas no hacen avanzar a la humanidad». Esto es verdad sólo en parte. Hay verdades definitivas -y los dogmas lo son- que cambiarlas no es avanzar sino retroceder.  Así pues, quien quiera cambiar que «la suma de los ángulos de un triángulo vale dos rectos», no avanza, sino que retrocede al error.  El norteamericano Fukuyans, de origen japonés, pretende que la Iglesia Católica renuncie a declarar que su doctrina es la verdad absoluta, y se vuelva tolerante contentándose con ser una opinión más en la sociedad, igual que las otras. Esto es tan ridículo como pedirle a un químico que sea tolerante y acepte que el agua es NH3 en lugar de H2O; o pedirle a un matemático que sea tolerante y acepte que Pi es 8,2014 en lugar de 3,1416.

El contenido de los dogmas es inmutable, pero la formulación de ese contenido se puede desarrollar para acomodarse mejor al modo de hablar de los tiempos.  El Magisterio de la Iglesia puede ir mejorando el modo de expresar las verdades que creemos. Toda formulación dogmática puede ser mejorada, ampliada y profundizada.  Pero ninguna formulación dogmática del futuro puede contradecir el sentido de anteriores formulaciones, sino solamente completar lo que ya ha sido expresado por ellas.

Otras veces un estudio cada vez más profundo nos hace progresar en nuestro conocimiento de la Revelación, y nos hace ver más claramente verdades que antes no parecían tan claras.  La Iglesia, asistida por el Espíritu Santo, penetra cada vez más profundamente en el contenido de la Revelación Divina, descubriendo nuevos aspectos en ella implícitos, como son los dogmas de la Inmaculada Concepción y de la Asunción.

La Revelación fue un hecho histórico, y no puede crecer el número de verdades reveladas contenidas en el depósito de la Revelación que es la Sagrada Escritura y la Tradición, porque este depósito, quedó cerrado con la muerte del último Apóstol.  «Ninguna verdad puede añadirse a la fe católica que no esté contenida, explícita o implícitamente, en este depósito revelado. (...) Lo único que cabe es una mayor explicación de los dogmas, pero conservando el mismo sentido, que es definitivo e indeformable una vez definido por la Iglesia».

Sí puede y debe crecer continua y armónicamente nuestro conocimiento del dogma, pasando de lo implícito a lo explícito.  Y la Iglesia, al crecer con el tiempo los conocimientos humanos, puede aprobar infaliblemente este progreso.  Y esto no es crear nuevas verdades reveladas: es descubrir lo que se encerraba en el viejo legado de los Apóstoles. Lo mismo que ocurre con las estrellas del firmamento recientemente descubiertas, existían desde mucho antes pero, nosotros solamente hasta ahora las hemos conocido.

Para que una cosa sea dogma de fe es necesario que haya sido revelada por Dios, y que la Iglesia así lo declare. Bien sea por una declaración solemne o por la enseñanza de su Magisterio Ordinario.  «Pero el ámbito de las verdades de fe es mucho más amplio que el de las verdades expresamente definidas. Hay verdades que llamamos ´de fe divina´ porque se encuentran en la Sagrada Escritura o en la Tradición, que han de ser igualmente creídas, pero que no han sido nunca definidas como dogma, como es el caso de la resurrección de Cristo.  Nadie ha negado en la historia esta verdad; y por eso la Iglesia no ha sentido nunca la necesidad de definirla».

El Depósito de la Revelación Pública, como ya se dijo, acabó con la muerte del último Apóstol. Cualquier otra revelación que se reciba es enteramente privada, y no puede tener valor, a no ser que esté de acuerdo con la única Revelación Pública que Dios ha hecho a los Apóstoles.  «La fe cristiana no puede aceptar ´revelaciones´ que pretenden corregir la Revelación de Cristo. Es el caso de ciertas religiones no cristianas, y también de ciertas sectas recientes» ni aun viniendo del propio papado. 

La Revelación, pues, ha terminado, pero «nosotros debemos usar nuestra inteligencia para explorar el dato revelado, deduciendo verdades que a primera vista no aparecen claramente explícitas en el mismo, pero que no por eso dejan de estar contenidas virtualmente en él. (...) La garantía de lo que así descubrimos está en la Iglesia, portadora de toda la Tradición cristiana e intérprete autorizado de la Escritura Santa. (...) Es función del Magisterio definir los contenidos de la Revelación. (...) La teología no debe suplantar al Magisterio. (...) La última palabra la tiene el Magisterio».  

«Algunos teólogos que critican la doctrina del Magisterio de la Iglesia, después quieren que sus opiniones personales sean doctrina infalible».  A propósito de esto dijo el Papa Pablo VI a los participantes en el Primer Congreso Internacional de Teología del Concilio Vaticano II, el 1º de Octubre de 1966: «Los teólogos deben investigar el dato revelado para iluminar los artículos de la fe; pero sus aportaciones quedan sujetas a la enseñanza del Magisterio auténtico. (...) Su preocupación ha de ser proponer la verdad universal creída en la Iglesia bajo la guía del Magisterio más que sus ideas personales».

Al Magisterio de la Iglesia hay que obedecerle, no sólo cuando se trata de verdades de fe, sino también cuando se refiere a opiniones que pueden desorientar al pueblo de Dios; pues también en estos casos está protegido por la autoridad recibida de Dios, cosa que el teólogo, como tal, no tiene, por mucha ciencia que tenga.  Por eso dice el Sínodo de los Obispos de 1967: «No les corresponde a ellos la función de enseñar auténticamente».

La Conferencia Episcopal Española, por ejemplo, hizo una llamada a «la responsabilidad de los teólogos» para que acatasen los planteamientos de la encíclica Veritatis Splendor sobre las cuestiones fundamentales de la moral y su enseñanza.  En el documento titulado Nota sobre la enseñanza de la moral se alude a los teólogos «que disienten públicamente de la enseñanza del Magisterio. (...) Es necesario evitar esta actitud que empobrece y esteriliza el trabajo teológico y lo vuelve contraproducente para la misión evangelizadora de la Iglesia»

«Los que ejercitan el Magisterio de la Iglesia son exclusivamente el Papa y los Obispos, porque a ellos solamente ha confiado Jesucristo la potestad de enseñar».  «Fuera de los legítimos sucesores de los Apóstoles (que son el Papa y los Obispos) no hay otros Maestros de derecho divino en la Iglesia de Cristo».

Cuando el Papa habla en una encíclica enseña como auténtico Maestro y no como un doctor más. Por eso no es válido apelar a la autoridad de otro teólogo para sostener lo contrario de lo que el Papa ha enseñado.  «Los fieles católicos han de aceptar las enseñanzas del Magisterio de la Iglesia con obediencia religiosa, sabiendo que les obliga en conciencia».  «La misión del Magisterio de la Iglesia es velar para que el Pueblo de Dios permanezca en la verdad». 

La Iglesia se compone de Pueblo de Dios y Jerarquía: pluralidad en los súbditos y autoridad que unifica mirando por el bien común de todos, pues hay que armonizar el pluralismo en lo accidental con la unidad en lo esencial.  No son dos Iglesias, sino dos partes de una única Iglesia. Separar estas dos partes sería la muerte de la Iglesia; como es la muerte de una persona separar el cuerpo del alma.

Un católico tiene que aceptar todos los dogmas de fe revelados por Dios. No puede rechazar ni uno. O se es católico del todo, o se deja de ser católico. No se puede ser «casi católico», lo mismo que no se puede estar «casi vivo», porque eso es estar muerto. Si «casi» me toca la lotería, no tengo derecho a cobrar el premio: o me toca el número entero o no me ha tocado. El «casi» me toca, no vale.

Esta sumisión al Santo Padre es exigida también a los sacerdotes y teólogos. Quienes instruyen a otros en la fe, tienen que enseñar el mensaje auténtico de la Iglesia. El católico tiene derecho a ser enseñado por un sacerdote que esté de acuerdo con el Papa». Quien desobedece a la Jerarquía Eclesiástica desobedece al mismo Jesucristo. Él nos dijo: «El que a vosotros escucha, a Mí me escucha; el que a vosotros desprecia, a Mí me desprecia. Y el que me desprecie a Mí desprecia a Aquél que me ha enviado» pero, y qué pasa en momentos como el actual, en que un Papa lidera una enseñanza que contradice a la de los 2000 años anteriores?  Pues es necesario ubicar el mensaje auténtico de la Iglesia, lo que se ha enseñado desde siempre, pues ahí está la verdad. 

La fe de la Iglesia está condensada en el Credo de los Apóstoles. Se le suele llamar símbolo, que es una profesión de fe abreviada.  El Credo de los Apóstoles fue retocado por los Concilios de Nicea y Constantinopla para aclarar la doctrina revelada frente a las herejías que entonces empezaban a aparecer.  No podemos decir que nuestras formulaciones de fe sean las mejores posibles. Están sujetas a perfeccionamiento. Pero sin contradecir nunca u olvidar el sentido primitivo»


Los dogmas más importantes, que tratan de asuntos como la Santísima Trinidad y Jesucristo, "fueron definidos en los primeros concilios ecuménicos; el Concilio Vaticano I fue el último en definir verdades dogmáticas (primacía e infalibilidad del Papa)". Entre las definiciones de dogmas "más recientes están la Inmaculada Concepción [...] (1854) y la Asunción de Nuestra Señora [...] (1950)".

Dios, sus atributos



Al estudiar la figura de Dios, para tratar de dilucidarlo, saber cómo es, quién es, encontré lo siguiente:

Revisando LOS ATRIBUTOS DE LA ESENCIA DIVINA, que son la Unidad, la Simplicidad, la Eternidad, la Inmensidad, encontré dos que llamaron mucho mi atención y comienzan a dar piso a mi raciocinio:

La Infinidad, es decir que Dios es infinito, lo que quiere decir que tiene todas las perfecciones en grado sumo e ilimitado, es decir que es infinito, porque de no serlo pudiera recibir más perfecciones y si así fuera, dependería, entonces, de aquel que se las diera y dejaría de ser Dios. 

La consideración de la infinita grandeza de Dios, unida al reconocimiento de nuestra miseria y pequeñez, debe humillarnos profundamente ante ÉL.  Este es el sólido fundamento de la humildad cristiana;

La inmutabilidad, que quiere decir que Dios no está sujeto a cambio ni en su ser, ni en sus designios. Santiago 1,17 “Dios, en quien no cabe mudanza ni sombra de variación” y Malaquías 3,6 “Yo soy el Señor y no cambio”.

Porque Dios no cambia en su ser, porque no puede adquirir nada nuevo, ni perder nada de lo que tiene, pues ya no sería infinito.

Dios no cambia, tampoco, en los propósitos de su voluntad, porque todo lo que sucede ya lo tenía previsto y determinado desde la eternidad.  El cambio de designios importa, necesariamente, el conocimiento de cosas que antes se ignoraban y Dios desde la eternidad todo lo sabe.

Encuentro también que LOS ATRIBUTOS DEL ENTENDIMIENTO DIVINO y LOS ATRIBUTOS DE LA VOLUNTAD DIVINA, son:

·       La Omnipotencia, Salmo 134.6 “Todo cuanto quiso el Señor lo hizo”.

·       La Bondad, Lucas 17,19 “Nadie es bueno sino solo Dios”.

·       La Santidad, Salmo 44,5 “Amaste la justicia y aborreciste la iniquidad”.

·       La Veracidad, Su Fidelidad y Su Justicia, de las cuales:

o   La Veracidad consiste en que no puede enseñarnos el error y la mentira, sino siempre la verdad Números 23,19 “No es Dios como el hombre para que mienta”.

Dios es infinitamente veraz, porque siendo infinitamente sabio, no puede engañarse, y siendo infinitamente santo no puede engañarnos.

o   La Fidelidad, salmo 144, 13 – cumple estrictamente tanto sus promesas como sus amenazas. “Fiel es el Señor en todas sus obras”.

o   La Justicia, Proverbios 2,14 “retribuye a cada cual según sus obras, premiando al bueno y castigando al malo”.


LA IGLESIA CATÓLICA

Es la sociedad espiritual y visible de todos los bautizados que profesan la doctrina de Cristo y obedecen al Papa con el fin de participar de los méritos de Cristo y salvarse.  Son requisitos para participar de ella:

·      (i)ser bautizado, (ii) profesar la doctrina de Cristo, y (iii), obedecer al Papa.

La Iglesia fue fundada por Nuestro Señor Jesucristo:

Preparó su fundación, instruyendo durante tres años a sus apóstoles y haciéndolos aptos para la predicación de su doctrina. 

Fundó a la Iglesia cuando eligió a los doce apóstoles para directores de su obra, dándoles por jefe a san Pedro

o    y les dio la misión de predicar su doctrina por todo el mundo;
o   y les confirió el triple poder de:
§  enseñar,
§  santificar,
§  y gobernar a los fieles.

Porque según dijo él mismo en Mateo 28, 18 “Todo poder se me ha dado  en el cielo y en la tierra.  Id pues y enseñad a todas las gentes, bautizándolas en el nombre del Padre, del Hijo y del espíritu Santo, haciéndoles observar las cosas que yo he mandado”.

Su desarrollo comenzó el día de Pentecostés, de tal suerte que el primer día con su prédica se convirtieron 3.000 personas en la primera predicación y 5.000 en la segunda.
SON CUALIDADES DE LA IGLESIA CATÓLICA, las siguientes:

·       LA VISIBILIDAD,  es una sociedad visible y exterior.

o   Estableció un signo visible para entrar en ella: el bautismo.
o   Puso a su cabeza autoridades visibles: los apóstoles y sus sucesores.
o   Les procuró medios exteriores de santificación:
§  La predicación
§  Los sacramentos
§  Su Perpetuidad, estará siempre pues tiene la promesa de Cristo contenida en Mateo 28, 20 “Yo estaré con vosotros hasta el fin de los siglos”.

·       LA INVARIABILIDAD, ha conservado y conservará invariable el tesoro que recibió de Cristo, a saber:
o   El dogma, todo el conjunto de las verdades de la fe, que se nos revelaron en la Sagrada Escritura y en la Tradición.
o   La moral, que es la ciencia que guía nuestros actos y ordena nuestra conducta de acuerdo con una determinada norma de obrar.
o   Los sacramentos, que son signos sensibles instituidos por Cristo para darnos
§  la gracia
§  las virtudes,
§  y los dones del Espíritu Santo.
Por ser instituidos por Cristo, la Iglesia no puede cambiar: ni la esencia de los sacramentos, ni establecer nuevos sacramentos, solo puede reglamentar sus ceremonias.
o   La organización interna.

·     LA INFALIBILIDAD, consiste en no poder errar en asuntos pertinentes a la fe y a la moral.  Esta es una cualidad necesaria, porque Dios obligó a todos los hombres bajo pena de condenación a que pertenecieran a ella Marcos 16,16 “el que crea y sea bautizado se salvará, pero el que no crea se condenará”. 

    Pero si la Iglesia pudiera errar, Dios obligaría a los hombres a aceptar el error, lo que repugna a su sabiduría.

FINES Y PODERES DE LA IGLESIA
-       
    Un fin remoto, la salvación de los hombres.

-  Un fin próximo, santificar a los hombres mediante la comunicación de los bienes espirituales que Cristo puso en sus manos.

o   la Enseñanza DE SU doctrina.
o   El Cumplimiento de los mandamientos.
o   La recepción de los sacramentos.
Este fin próximo consiste en procurar el cumplimiento de los medios necesarios para dar consecución del fin remoto.  Para ello Cristo dejó tres poderes:

o Enseñar, que es el DERECHO Y DEBER que tiene de enseñar y defender la doctrina DE CRISTO, de la cual es depositaria.  Cristo confió a la Iglesia este poder cuando dijo en Mateo 28, 18, “Todo poder se me ha dado en el cielo y en la tierra.  Id y enseñad a todas la naciones”.  Este poder se ejercita mediante la predicación y enseñanza de la doctrina católica.  Pero obviamente de la doctrina verdadera no de cualquier cosa que se le ocurra al presbítero, al Obispo y aún al Papa.

En virtud de este poder de enseñar, la Iglesia defiende la integridad de la fe y de la moral cristiana, condena los errores, prohíbe los malos libros y vigila la enseñanza para que no se deslice en ella nada contra la fe y las buenas costumbres.