Dios, sus atributos



Al estudiar la figura de Dios, para tratar de dilucidarlo, saber cómo es, quién es, encontré lo siguiente:

Revisando LOS ATRIBUTOS DE LA ESENCIA DIVINA, que son la Unidad, la Simplicidad, la Eternidad, la Inmensidad, encontré dos que llamaron mucho mi atención y comienzan a dar piso a mi raciocinio:

La Infinidad, es decir que Dios es infinito, lo que quiere decir que tiene todas las perfecciones en grado sumo e ilimitado, es decir que es infinito, porque de no serlo pudiera recibir más perfecciones y si así fuera, dependería, entonces, de aquel que se las diera y dejaría de ser Dios. 

La consideración de la infinita grandeza de Dios, unida al reconocimiento de nuestra miseria y pequeñez, debe humillarnos profundamente ante ÉL.  Este es el sólido fundamento de la humildad cristiana;

La inmutabilidad, que quiere decir que Dios no está sujeto a cambio ni en su ser, ni en sus designios. Santiago 1,17 “Dios, en quien no cabe mudanza ni sombra de variación” y Malaquías 3,6 “Yo soy el Señor y no cambio”.

Porque Dios no cambia en su ser, porque no puede adquirir nada nuevo, ni perder nada de lo que tiene, pues ya no sería infinito.

Dios no cambia, tampoco, en los propósitos de su voluntad, porque todo lo que sucede ya lo tenía previsto y determinado desde la eternidad.  El cambio de designios importa, necesariamente, el conocimiento de cosas que antes se ignoraban y Dios desde la eternidad todo lo sabe.

Encuentro también que LOS ATRIBUTOS DEL ENTENDIMIENTO DIVINO y LOS ATRIBUTOS DE LA VOLUNTAD DIVINA, son:

·       La Omnipotencia, Salmo 134.6 “Todo cuanto quiso el Señor lo hizo”.

·       La Bondad, Lucas 17,19 “Nadie es bueno sino solo Dios”.

·       La Santidad, Salmo 44,5 “Amaste la justicia y aborreciste la iniquidad”.

·       La Veracidad, Su Fidelidad y Su Justicia, de las cuales:

o   La Veracidad consiste en que no puede enseñarnos el error y la mentira, sino siempre la verdad Números 23,19 “No es Dios como el hombre para que mienta”.

Dios es infinitamente veraz, porque siendo infinitamente sabio, no puede engañarse, y siendo infinitamente santo no puede engañarnos.

o   La Fidelidad, salmo 144, 13 – cumple estrictamente tanto sus promesas como sus amenazas. “Fiel es el Señor en todas sus obras”.

o   La Justicia, Proverbios 2,14 “retribuye a cada cual según sus obras, premiando al bueno y castigando al malo”.


LA IGLESIA CATÓLICA

Es la sociedad espiritual y visible de todos los bautizados que profesan la doctrina de Cristo y obedecen al Papa con el fin de participar de los méritos de Cristo y salvarse.  Son requisitos para participar de ella:

·      (i)ser bautizado, (ii) profesar la doctrina de Cristo, y (iii), obedecer al Papa.

La Iglesia fue fundada por Nuestro Señor Jesucristo:

Preparó su fundación, instruyendo durante tres años a sus apóstoles y haciéndolos aptos para la predicación de su doctrina. 

Fundó a la Iglesia cuando eligió a los doce apóstoles para directores de su obra, dándoles por jefe a san Pedro

o    y les dio la misión de predicar su doctrina por todo el mundo;
o   y les confirió el triple poder de:
§  enseñar,
§  santificar,
§  y gobernar a los fieles.

Porque según dijo él mismo en Mateo 28, 18 “Todo poder se me ha dado  en el cielo y en la tierra.  Id pues y enseñad a todas las gentes, bautizándolas en el nombre del Padre, del Hijo y del espíritu Santo, haciéndoles observar las cosas que yo he mandado”.

Su desarrollo comenzó el día de Pentecostés, de tal suerte que el primer día con su prédica se convirtieron 3.000 personas en la primera predicación y 5.000 en la segunda.
SON CUALIDADES DE LA IGLESIA CATÓLICA, las siguientes:

·       LA VISIBILIDAD,  es una sociedad visible y exterior.

o   Estableció un signo visible para entrar en ella: el bautismo.
o   Puso a su cabeza autoridades visibles: los apóstoles y sus sucesores.
o   Les procuró medios exteriores de santificación:
§  La predicación
§  Los sacramentos
§  Su Perpetuidad, estará siempre pues tiene la promesa de Cristo contenida en Mateo 28, 20 “Yo estaré con vosotros hasta el fin de los siglos”.

·       LA INVARIABILIDAD, ha conservado y conservará invariable el tesoro que recibió de Cristo, a saber:
o   El dogma, todo el conjunto de las verdades de la fe, que se nos revelaron en la Sagrada Escritura y en la Tradición.
o   La moral, que es la ciencia que guía nuestros actos y ordena nuestra conducta de acuerdo con una determinada norma de obrar.
o   Los sacramentos, que son signos sensibles instituidos por Cristo para darnos
§  la gracia
§  las virtudes,
§  y los dones del Espíritu Santo.
Por ser instituidos por Cristo, la Iglesia no puede cambiar: ni la esencia de los sacramentos, ni establecer nuevos sacramentos, solo puede reglamentar sus ceremonias.
o   La organización interna.

·     LA INFALIBILIDAD, consiste en no poder errar en asuntos pertinentes a la fe y a la moral.  Esta es una cualidad necesaria, porque Dios obligó a todos los hombres bajo pena de condenación a que pertenecieran a ella Marcos 16,16 “el que crea y sea bautizado se salvará, pero el que no crea se condenará”. 

    Pero si la Iglesia pudiera errar, Dios obligaría a los hombres a aceptar el error, lo que repugna a su sabiduría.

FINES Y PODERES DE LA IGLESIA
-       
    Un fin remoto, la salvación de los hombres.

-  Un fin próximo, santificar a los hombres mediante la comunicación de los bienes espirituales que Cristo puso en sus manos.

o   la Enseñanza DE SU doctrina.
o   El Cumplimiento de los mandamientos.
o   La recepción de los sacramentos.
Este fin próximo consiste en procurar el cumplimiento de los medios necesarios para dar consecución del fin remoto.  Para ello Cristo dejó tres poderes:

o Enseñar, que es el DERECHO Y DEBER que tiene de enseñar y defender la doctrina DE CRISTO, de la cual es depositaria.  Cristo confió a la Iglesia este poder cuando dijo en Mateo 28, 18, “Todo poder se me ha dado en el cielo y en la tierra.  Id y enseñad a todas la naciones”.  Este poder se ejercita mediante la predicación y enseñanza de la doctrina católica.  Pero obviamente de la doctrina verdadera no de cualquier cosa que se le ocurra al presbítero, al Obispo y aún al Papa.

En virtud de este poder de enseñar, la Iglesia defiende la integridad de la fe y de la moral cristiana, condena los errores, prohíbe los malos libros y vigila la enseñanza para que no se deslice en ella nada contra la fe y las buenas costumbres.

SERMONES DE SANTOS: El Valor del Tiempo por San Alfonso María de Ligorio

Sermón para la Domínica Tercera después de Pascua, por San Alfonso María de Ligorio: VALOR DEL TIEMPO. (Lectura necesaria)
Modicum, et jam non videbitis me +Dentro de poco ya no me veréis. (Joann, XVI, 16).

No hay cosa más breve que el tiempo; pero tampoco hay ninguna más preciosa que él. No la hay más breve que el tiempo, porque el pasado ya no existe, el futuro es incierto, y el presente se reduce a un momento. Esto es lo que quiso manifestar Jesucristo, cuando hablando de su muerte que se aproximaba, dijo: Modicum, et non videbitis me: «Dentro de poco ya no me veréis». Lo mismo podemos decir nosotros de nuestra vida, que , como dice el apóstol Santiago, no es otra cosa que un vapor que se disipa en un momento: Quœ est enim vita vestra? Vapor est ad modicum parens. «¿Qué cosa es nuestra vida? Un vapor que por un poco tiempo aparece». (Jac. IV, 15). Pero cuanto tiene de breve el tiempo de nuestra vida, tanto tiene de precioso; porque en cada momento podemos adquirir tesoros de méritos para el Paraíso, empleándolo con juicio; más si lo empleamos mal, a cada momento podemos pecar y merecer el Infierno. Este es el asunto de que quiero hablaros en la plática de hoy, a saber: de cuan precioso es cada momento de tiempo que Dios nos concede, no para disiparle, y mucho menos para pecar y perdernos, sino para obrar bien y salvarnos.
1.Hablando Dios, por boca de Isaías, dice: «En el tiempo de mi beneplácito otorgué tu petición y en el día de la salvación te auxilié»: In tempore placito exaudivi te, et in die salutis auxiliatus sum tui. (Isai. XLIX, 8). Y san Pablo explica este texto diciendo: que «el tiempo conveniente es aquel en que Dios ha determinado favorecernos»; y por esto añade enseguida: Ecce nunc tempus acceptabile, ecce nunc dies salutis: «Llegado es ahora el tiempo favorable, llegado es ahora el día de la salvación». (II, Cor. VI, 2). Con estas palabras nos exhorta el apóstol a no emplear inútilmente el tiempo presente, que él llama día de salvación, porque pasado éste día, quizá ya no habrá salvación para nosotros. Este tiempo, empero, es breve, sigue diciendo san Pablo: «y así lo que importa es, que los que lloran obren como si no llorasen, y los que huelgan como si no se holgasen, y los que gozan del mundo como si no gozasen de él»: Tempus breve est: reliquum est, ut… qui flent (sint)tamquem non flentes, et qui guadent, tamquam non gaudentes, etc; et qui utuntur hoc mundo, tamquam non utantur. (I. Cor. VII, 29, ad 31). Si es breve, pues, el tiempo que hemos de vivir en este mundo, aprovechémosle para conseguir la salvación eterna.
2. El Espíritu Santo dice: Fili conserva tempus. (Eccl. IV, 23). Hijo mío, ten cuenta del tiempo, empléale bien; porque es la cosa más preciosa, el don más grande que Dios puede hacerte. Y san Bernardino de Sena dejó escrito: «Tanto vale un momento de tiempo como Dios; porque si le empleamos bien, podemos ganar en el a Dios». (In serm. 4, post. Dom. I. Quadr. cap. 5). En efecto, añade el santo; en cada momento de tiempo puede el hombre alcanzar el perdón de sus pecados, la gracia de Dios, y la gloria del Paraíso.
3. En otro lugar se lamenta san Bernardino de ver, que «no hay otra cosa más preciosa que el tiempo», y sin embargo, los hombres le tienen por cosa vil y despreciable: Nil pretiosius tempore, nil vilius reputatur. (Ser. 2, ad Schot). Alguno se está cuatro o cinco horas jugando; y si se le dice: Hermano mío, ¿En qué pierdes ese tiempo? responde: Me divierto. Otro pasa en la calle la mitad del día; y si se le pregunta: ¿Que es lo que haces allí? responde: Pasar el tiempo. ¿Y porque perder el tiempo de ese modo? dice el mismo santo. «Aún cuando no se tratase de otra cosa que de una hora, ¿porque habéis de perderla, si acaso esta hora será la última que Dios os concede para llorar vuestros pecados, y merecer la gracia divina?» Donec hora pertanseat, quam tibi at agendam pænitentiam, ad acquirendam gratiam miseratio conditoris indulserat.
4. ¡Oh, cómo echarán menos los hombres a la hora de la muerte, y aún más en la otra vida, el tiempo que tanto despreciaron mientras vivieron! El tiempo es un bien que sólo se encuentra en esta vida, no en el Cielo, ni en el Infierno. Por eso los condenados lloran sin cesar, diciendo: «¡Oh, si se nos concediese una hora de tiempo!» Pagarían a gran precio una hora, un minuto, que se les concediese para reparar su eterna condenación; pero, no conseguirán jamás esta hora ni este minuto. En el Cielo nadie se lamenta; pero, si pudieran quejarse los bienaventurados, solamente se quejarían de haber perdido en esta vida el tiempo en que podían haber adquirido mayor gloria, y de no poder volver a recobrarlo. Una monja benedictina difunta se apareció cercada de gloria a cierta persona, y le dijo: que estaba en el Cielo y que era enteramente feliz; pero, que si fuese capaz de desear alguna cosa, solamente desearía volver a éste mundo para sufrir y merecer de este modo la mayor gloria: y añadió, que estaría contenta de sufrir y merecer de nuevo la larga y dolorosa enfermedad de la cual murió, aunque fuese hasta el día del juicio, para adquirir la gloria que corresponde al mérito de una sola Ave María. San Francisco de Borja estaba siempre atento a emplear en honra y gloria de Dios cualquier minuto de tiempo que tenía. Cuando otros hablaban de cosas inútiles, él se entretenía hablando afectuosamente con Dios; y lo hacía con tal atención, que preguntando después su parecer acerca del asunto de que se trataba, no sabía que responder. Le advirtieron este defecto, pero él respondió: «Más quiero que me tengan por necio que perder el tiempo en cosas inútiles».
5. Pero, dicen algunos: ¿que mal hacemos en pasar el tiempo? Y yo respondo: ¿no es obrar mal perder el tiempo en juegos, en conversaciones inútiles que de nada sirven al alma? ¿Os concede acaso Dios este tiempo para que lo perdáis? No, dice el Espíritu Santo: «Del buen don o bien que te da el Señor, no dejes perder ninguna parte»: Particula boni doni non te prætereat.(Eccl. XIV, 14). Aquellos operarios de quienes habla san Mateo en el capítulo XX, no perjudicaban a nadie, pero perdían el tiempo permaneciendo ociosos en la plaza; y el padre de familias les reprendió por esto diciéndoles: «¿Cómo os estáis ociosos todo el día?» ¿Quid hic statis tota die otiosi? (Matth. XX, 6). En el día del juicio nos pedirá cuenta Jesucristo, no solamente de los meses y los días que hemos perdido, sino hasta de cualquiera palabra ociosa, como dice el Evangelio (Matth. XXII, 36) «Porque todo el tiempo que no hemos empleado en el servicio de Dios, es tiempo perdido para nosotros», como asegura san Bernardo: Omne tempus, quo de Deo non cogitasi, cogita te perdidisse. (San Bern. Coll. 1, cap. 8). Por eso el Señor nos aconseja, que no esperemos a hacer mañana lo que podemos hacer hoy, diciéndonos: «Todo cuanto pudieses hacer de bueno, hazlo sin perder tiempo; puesto que, ni obra, ni pensamiento… ha lugar en el sepulcro, hacia el cual vas corriendo»(Eccl IX, 10) Porque quizá mañana habremos muerto y pasado a la otra vida, en la cual ya no hay tiempo para obrar bien, ni motivo, puesto que allí ya no se trata sino de gozar de la recompensa merecida, o de sufrir la pena en que hemos incurrido por el pecado.
6. Pero yo soy joven dicen algunos, más tarde me dedicaré al servicio de Dios. Es verdad que sois jóvenes, respondo yo; pero bien sabéis, hijos míos, que Jesucristo maldijo aquella higuera que no daba fruto, a pesar de que no era aún tiempo de higos. Con esto quiso manifestarnos el Salvador; que el hombre debe dar frutos de buenas obras en cualquier edad de su vida, y, por consiguiente, en la misma juventud; y de no hacerlo así, será maldecido y no dará fruto en adelante. El demonio cree que es poco tiempo toda nuestra vida, y por esto no deja de tentarnos día y noche, ni un sólo momento: «El diablo bajó a vosotros lleno de furor, sabiendo que le queda poco tiempo». (Ap. XII, 12) ¿Y no es otra cosa chocante y admirable, que nuestro enemigo no pierda un momento de tiempo, preparando nuestra ruina, y que perdamos nosotros todo el que Dios nos concede para asegurar nuestra salvación?
7. Dice el pecador: Más tarde me dedicaré al servicio de Dios. pero san Bernardo le responde «¡Infeliz! ¿porqué presumes que podrás hacerlo más, tarde cómo si Dios hubiese puesto el tiempo a tu disposición? ¿Quién te ha dicho, que podrás volverte a Dios cuando quieras? El santo Job temblaba, porque no sabía si le quedaba un momento de vida: Nescio enim, quamdiu subsistam, et si post modicum tollat me factor meus: No sé yo cuanto tiempo existiré aún, ni si dentro de poco me llevará mi Creador (Job. XXXII, 22) ¿Cómo te atreves tu, pues, a decir : no quiero confesarme hoy, ya veremos mañana? ¿Que es lo que dices? -replica san Agustín- «No tienes seguro un momento de vida, y ¿confías en el día de mañana?» Por esto dice santa Teresa: «Si hoy no estás dispuesto a morir, teme morir mal».
8. San Bernardino se lamenta de la ceguedad de los hombres negligentes, que pasan en la ociosidad los días en que podían asegurar su salvación, sin pensar que no han de volver a pasar los días que pierden. Desearán los desdichados en la hora de la muerte otro año, otro mes, otro día de tiempo, pero no se les concederá, y oirán que se les dice: Tempus non erit amplius: Ya no hay tiempo. ¿A que precio pagarían entonces los que ahora desperdician el tiempo, una semana, un día, al menos una hora, para ajustar las cuentas con Dios, y asegurar su salvación? San Lorenzo Justiniano dice: que darían para obtener una hora de tiempo: sus ropas, sus honores, sus riquezas y sus placeres. pero esta hora no se les concederá. Y el sacerdote que les asista les dirá: Partid presto de esta tierra, que ya no es tiempo.
9. De que les servirá entonces decir: ¡Oh, si yo hubiese vivido santamente!¡Oh, si hubiese empleado mi vida en amar a Dios! Dicen esto después de haber pasado su vida en el vicio y en el desorden. ¿Qué sentimiento no tiene un viajero cuando advierte que ha errado el camino, después de llegada la noche, y no es tiempo ya de remediar el error? Pues mayor será a la hora de la muerte la pena de los que han vivido muchos años en el mundo, y no los han empleado en el servicio de Dios. Leemos de san Juan: «Viene la noche de la muerte, cuando nadie puede trabajar». (Joann. IX, 4) Y más adelante: «Caminad pues, mientras tenéis luz, para que las tinieblas no os sorprendan». (Joann. XXII, 35) Este es el modo de no tener que llorar a la hora de la muerte el tiempo perdido, como lo lloran tantos desventurados, que no pensaron más en saciar sus pasiones, mientras vivieron sobre la tierra.
10. En la hora de la muerte nos recordará la conciencia, todo el tiempo que hemos tenido para hacernos santos, y lo hemos empleado en acumular pecados y más pecados: todas las inspiraciones, todas las gracias que el señor nos ha hecho para que le amásemos, y nosotros no quisimos aprovechar, nos serán recordadas. Entonces ya será tarde, porque ya no podremos hacer ningún bien. El desdichado moribundo, rodeado de los remordimientos y de las tinieblas de la muerte, exclamará: ¡Oh, necio de mí! ¡Oh vida que he malogrado! ¡Oh años perdidos! Yo podía haber acumulado un tesoro de méritos; podía haberme hecho santo, si hubiera querido; pero no lo hice entonces, y ahora no me queda tiempo para hacerlo. Y ¿de que servirán entonces estos lamentos y estas reflexiones, cuando va a a desaparecer la escena del mundo, cuando está próxima a apagarse la lámpara de la vida, y puesto el moribundo a las puertas de la eternidad?
11. Nos dice Jesucristo por san Lucas (XII, 40) «Estad siempre preparados, porque a la hora que menos pensáis, vendrá el Hijo del Hombre». No nos dice que nos preparemos a la hora de la muerte, sino estote parati, que estemos preparados cuando ella llegue. Porque en aquella confusión, en aquellos últimos instantes, será cosa muy difícil preparar la conciencia de modo que no salgamos condenados del tribunal de Jesucristo. Quizá la muerte puede tardar veinte o treinta años; pero también puede que nos sorprenda dentro de un año, de un mes o de una semana. Esto supuesto, si uno creyese que debía tratarse de su fortuna y fallar dentro de breve tiempo, no esperaría a que se viese la causa, sino que buscaría inmediatamente un buen abogado para que preparase y presentase a los jueces su defensa. Y nosotros ¿que es lo que hacemos? Sabemos de positivo, que se ha de tratar un día el negocio que más nos importa, cual es nuestra vida, no la temporal, sino la eterna; y que éste día quizá esté próximo; y, sin embargo perdemos el tiempo; y en lugar de ajustar las cuentas, estamos acumulando delitos, para que recaiga sobre nosotros la sentencia de eterna condenación.
12. ¡Ea, pues, oyentes míos! si hasta aquí, por desgracia nuestra, hemos empleado el tiempo en ofender a Dios, procuremos llorar nuestras culpas en el plazo de vida que nos resta, a ejemplo del rey Ezequías, quien decía: «Repasaré, oh Dios mío, delante de Tí, con amargura de mi alma todos los años de mi vida». (Isa. XXXVIII, 15) El Señor nos conceda la vida con el fin de que remediemos el tiempo que hemos gastado malamente. San Pablo dice: «Mientras tengamos tiempo, obremos bien». (Galat. VI, 10) No irritemos al Señor para que nos castigue con una mala muerte; y si hasta aquí hemos sido necios y le hemos disgustado obrando contra su voluntad, oigamos al apóstol que nos exhorta, diciendo: Mirad hermanos, que andéis en gran circunspección; no como necios, sino como prudentes, recobrando el tiempo, porque los días de nuestra vida son malos… estad atentos sobre cual es la voluntad de Dios. Pero ¿que significa recobrar el tiempo? San Agustín lo explica de esta manera: «Aplicarse a las cosas del alma, y no reparar en la pérdida de las cosas temporales cuando se trata de asegurar las eternas. (De Hom. 50, Hom. 1) Debemos vivir solamente para cumplir la voluntad divina con todo cuidado; y en caso necesario, vale más sufrir algún detrimento en los intereses temporales, que descuidar los eternos, como dice san Agustín: ¡Que bien supo san Pablo recobrar el tiempo que había perdido en la vida pasada! Dice de él san Jerónimo, que aunque fué llamado al apostolado después de todos, fue, sin embargo, el primero en méritos, por lo que trabajó después de que fue llamado. Por lo tanto, oyentes míos, reflexionemos que cada momento podemos aumentar el tesoro de los bienes eternos. Y decidme: si os asegurasen, que se os daría todo el terreno que pudieses rodear andando todo un día, o todo el dinero que pudieses contar, ¿os entretendrías en otras bagatelas? ¿no comenzaríais a caminar inmediatamente, o a contar aquel dinero? ¿Cómo, pues, perdéis el tiempo, sabiendo que cada momento podéis aumentar el tesoro de virtudes y de méritos que os han de aprovechar en la otra vida? Lo que podéis hacer hoy, no lo dejéis para mañana; porque este hoy pasará presto, y ya no volverá para vosotros; y el día de hoy le tenéis a vuestra disposición, y quizá no tendréis el de mañana. ¡Ea pues! Prometed de corazón aprovechar el tiempo para aumentar el tesoro de vuestros méritos; y hacedlo todo por la honra y gloria de Dios, como dice el apóstol san Pablo por estas palabras: «Ora comáis, ora bebáis, o hagáis cualquier otra cosa, hacedlo todo a gloria de Dios». Sirve ergo manducatis, sirve bibilis, sirve atiud quid facilis, omnia in gloriam Dei facite. (I, Cor. X, 32) Este es el modo de gozar en esta vida la paz de los justos, y después en la otra la gloria eterna. Amén.
Fuente: Ecce Christianus.

ORACIÓN: cómo debo hacerla

En cuanto a la mecánica de la oración, es decir a la manera cómo llevamos nuestra oración me permito hacer algunas consideraciones:

La primera, es que cualquier oración se puede hacer con oraciones propias o ajenas.  A mí en lo personal, me llama más la atención hacerla con palabras propias, porque al hacerla así establecemos una comunicación personal y directa con el Señor, en tanto que si nos dedicamos a repetir oraciones de otras personas, terminamos es rezando, repitiendo, leyendo y se dificulta mucho más establecer la conexión con el Señor.

La segunda, debemos distinguir entre la oración personal y la oración comunitaria, en la primera atiendo a la manera y a las formas en que yo me comunico con Dios, se compone de mis reflexiones personales, las palabras y los dichos y las formas que yo uso para entrar en intimidad con mi Señor, en tanto que cuando oro en público oración comunitaria debo utilizar palabras y formas neutras, es una falta de respeto con quienes esté orando que los obligue a orar de la manera en que a mí me gusta, salvo que se trate de enseñar o mostrar cómo hacerlo. En este evento debo orar de la manera más neutral posible.

La tercera, tendría que ver con las intenciones de la oración, en ella en general doy gracias a Dios por la Creación, por la redención y pidiendo misericordia para el día de mi juicio final.  Pero también pido las tres virtudes teologales: Fe, Esperanza y Caridad, pues ellas dependen exclusivamente de Dios, Él las da cuando quiere y en el grado que quiere.

La cuarta y última, sería el amén, él es el compendio y resumen de toda la oración. Si se pronuncia sin atención se echa a perder todo lo que se expresó durante toda la oración.  La oración es un llamado a Dios, nos une con Dios, y nos atrae su misericordia, con la palabra Amén bien dicha recibimos el don de Dios agradecidos. Es el así sea, es pedir a Dios, elevar a Dios y poner en manos de Dios.  Amén es qué así sea, qué sea como tú dices, Señor.

En cuanto a la forma propiamente tal, la Iglesia ha enseñado siempre sobre la manera correcta cómo se debe orar, es la siguiente:

Al empezar la oración lo primero que debo hacer es saludar a Dios, Me signo, persigno y signo, son cinco cruces, una por cada una de las llagas de Nuestro Señor Jesucristo: la primera, en la frente, para pedir por la pureza de mis pensamientos; la segunda en la boca, para pedir que mis palabras sean solamente de bendición; y, la tercera en el pecho pidiendo por la pureza de mi corazón.

Luego invoco a Dios, Dios mío ven en mi auxilio, Señor date prisa en socorrerme y ahí sí con toda la humildad de que pueda hacer gala, lo saludo diciendo: "buenos días Señor, soy Miguel y vengo a saludarte", pues a pesar de que es Dios y todo lo sabe no me gusta asumir que tenga por qué saber quién soy yo, por eso los saludo identificándome.

Y agradezco la Creación, que nos haya sacado de la nada, gratuitamente, porque nada lo obliga y que, además, me mantenga vivo y sé, y así lo reconozco, que lo hace porque quiere, porque yo no tengo ningún mérito ni merecimiento para tener ese privilegio.  Dos regalos nos da Dios que son irrevocables: la existencia y la libertad, ninguno de los dos se revoca, es un error creer que las almas que no siguen o aceptan sus enseñanzas y que no ganan el cielo se difuminen, como se está enseñando ahora.  Las almas que no aceptan a Dios, con la libertad que el mismo nos da, se van al infierno.

En la humildad está la clave de la vida del cristiano, sabemos que Dios aborrece a los soberbios y así consta en Santiago 4:6 "Pero mayor es la gracia que da; por eso dice: Dios resiste a los soberbios y a los humildes da la gracia". Y en 1 Pedro 5:5 De la misma forma vosotros, los jóvenes, estad sujetos a los presbíteros (mayores). Y todos, revestíos de humildad en vuestro trato mutuo, porque Dios resiste a los soberbios y a los humildes da la gracia. Y en Isaías 2:12 Porque el día del Señor de los ejércitos {vendrá} contra todo el que es soberbio y altivo, contra todo el que se ha ensalzado, y será abatido. Isaías 23:9 El SEÑOR de los ejércitos lo ha planeado para abatir el orgullo de toda hermosura, para humillar a todos los nobles de la tierra.

Después viene un momento de adoración, glorificación y alabanza, como muchas veces no sabemos muy bien cómo hacerlo, se sugiere tomar la Biblia, en ella hay varios ejemplos de cómo debe hacerse esto, es un momento clave, en la alabanza casi siempre se da la sanación y la liberación, pues el demonio suele no poder soportarla y termina desesperándose y abandonando a su víctima.

Algunos ejemplos bíblicos, un Ángel del Señor se apareció a los pastores, y les dijo que hoy había nacido el Salvador, que es el Cristo, el Señor. Y según nos narra el evangelio de San Lucas 2, 13 “De pronto apareció junto al ángel una muchedumbre de la milicia celestial, que alababa a Dios diciendo: <<Gloria a Dios en las alturas y paz en la tierra a los hombres en los que Él se complace>>”, en el Apocalipsis hay otro ejemplo en el capítulo 4,8 nos dice que están los cuatro ángeles y “sin descanso día y noche dicen: <<Santo, santo, santo es el Señor, el Dios Todopoderoso, el que era, el que es el que va a venir>>” y luego en 4,11 “ eres digno, Señor y Dios nuestro, de recibir la gloria, el honor y el poder, porque Tu creaste todas las cosas y por tu voluntad existían y fueron creadas” y en 4,9 “eres digno de recibir el libro y de abrir sus sellos, porque fuiste inmolado y con tu sangre compraste para Dios gente de toda tribu, lengua, pueblo y nación. Y los hiciste un reino de sacerdotes para nuestro Dios, y reinarán sobre la tierra” y adelante en el 4,12 “Digno es el Cordero inmolado de recibir el poder, la riqueza, la sabiduría, la fuerza, el honor, la gloria y la alabanza. Y a toda criatura que existe en el cielo y en la tierra, por debajo de la tierra y en el mar, y a todo cuanto existe en ellos les oí decir: <<Al que está sentado en el trono y al Cordero, la alabanza, el honor, la gloria y el poder por los siglos de los siglos>>. Y los cuatro seres vivos respondían: <<Amén>>”.

Luego damos gracias a Dios, por lo bueno y por lo aparentemente malo que nos pasa. Porque Salmo 106:1 “¡Aleluya! Dad gracias al SEÑOR, porque es bueno; porque para siempre es su misericordia”. Y en el Salmo 107:1-3 “Dad gracias al SEÑOR, porque Él es bueno; porque para siempre es su misericordia. Digan los redimidos del SEÑOR, a quienes ha redimido de la mano del adversario, y los ha reunido de las tierras, del oriente y del occidente, del norte y del sur. Y en 1 Tesalonicenses 5:18 “dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para vosotros en Cristo Jesús”.

Sabemos que el Señor se glorifica en la salud y en la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza, todo lo que nos pasa en la vida tiene el propósito de facilitar o propiciar la salvación de nuestra alma, en las situaciones difíciles curiosamente es cuando más lo buscamos, en tanto que, en las situaciones fáciles tendemos a olvidarnos de Él.  Pues damos gracias a Dios de lo bueno y de lo malo, pues todo es un don de Él.

Este es un buen momento de la oración para pedirle al Señor que aplaste nuestra voluntad y nos de su Divina Voluntad, nos permita morir a nosotros mismos y a nuestras pasiones y caprichos para que Él pueda vivir y manifestarse y actuar en nosotros.  Nos entregamos a Él y pedimos que nos llene con su gracia.  Que sea Él quien actúe.

En el siguiente momento pedimos perdón por nuestros errores y pecados porque, Miqueas 7, 18 “¿Qué Dios hay como tú, que perdone la maldad y pase por alto el delito del remanente de su pueblo? No siempre estarás airado, porque tu mayor placer es amar. O el Salmo 86, 5 “Tú, Señor, eres bueno y perdonador; grande es tu amor por todos los que te invocan” Y Proverbios 28,13 “Quien encubre su pecado jamás prospera; quien lo confiesa y lo deja, halla perdón”.  Este es un buen momento para hacer un breve examen de conciencia, caer en cuenta de todas nuestras maldades, debilidades, faltas y pedir perdón a Dios por todas ellas, tratar de compensar la ecuación, El un Dios tan bueno que solo nos da cosas buenas y nosotros que…  


En este, el penúltimo momento de la oración pedimos a Dios y a mí me gusta, porque tengo dos escenarios el material y el espiritual, pedirle al Señor para cada uno de estos campos, pido en lo espiritual: Fe, Esperanza y Caridad, pero también, le pido como Jacob lo hizo en su oración: el rocío del cielo, los bienes del cielo, que bendiga mi inteligencia, que se haga su voluntad y por último por el reino del cielo, también le pido por cosas materiales, lo que necesito, trabajo, vestido, alimentos, salud, etcétera.

Y por último guardo silencio, me quedo en absoluto silencio esperando la respuesta de Dios, ya hablé yo, ahora es el turno de Él.  La respuesta de Dios llega, inevitablemente llega.  Hay personas que lo escuchan, yo no, pero me habla a través de las circunstancias, una lectura, una palabra que alguien me da, un sacerdote en la homilía, un instrumento de Dios que me habla.

LA ORACIÓN CRISTIANA: La Armadura de Dios



Conforme nos han enseñado, la oración es un diálogo entre Dios y los hombres. De acuerdo con lo señalado en el primero de todos los mandamientos, el hombre ha sido creado para glorificar a Dios y es precisamente a través de la oración que se le da gloria, y al hacerlo, nos beneficiamos espiritualmente recibiendo el Amor del Padre, por la comunión con Jesucristo a través del Espíritu Santo.

La oración es hablar con Dios; conversar con nuestro Padre del Cielo, con Jesús, con el Espíritu Santo; conversar con nuestra Madre la Virgen María, con el ángel custodio, con los santos del cielo.

En este diálogo con Dios lo más natural es que digamos alabanzas, demos gracias, pidamos perdón o imploremos por lo que necesitamos.

Para un cristiano orar es un deber. Y si lo consideramos bien es una suerte, una inmensa suerte: poder hablar con Dios Padre, con Jesucristo, o con la Virgen, con la sencillez y confianza de un hijo con su papá, como con la charla entre dos hermanos, o de un hijo con su mamá! Porque esto es lo que ellos son para nosotros Padre, Madre y hermano. Pero además sabemos que nos aman y que todo lo pueden.

Dios escucha siempre nuestras oraciones; así lo dice la Biblia: "Me invocarán, y yo les escucharé" (Jer 29,12); "Pidan y recibirán" (Jn 16,24).

Varias son las cualidades que debe tener la oración: debe ser atenta, oportuna, devota, humilde, confiada y perseverante, pero también debe ser en el nombre de Jesús, pidiendo cosas buenas, principalmente la voluntad de Dios, por supuesto que debe ser agradecida, porque todo tiene que ver con la gratuidad con que Dios nos concede todas las cosas, pero también debe ser sin pena, impertinente, coherente, todo esto se puede ver con más detalle en la entrada: http://maguilera52.blogspot.com.co/2016/11/apuntes-sobre-la-oracion-catolica.html.

Quien va a orar y seguir a Cristo ha de tomar las armas de Dios, porque una vez inicie con decisión y devoción su vida espiritual, será probado y tentado por eso San Pablo en la carta a los Efesios capítulo 6, 10-17 dice: “Revístanse con la armadura de Dios, para que puedan resistir las insidias del demonio. Porque nuestra lucha no es contra enemigos de carne y sangre, sino contra los Principados y Potestades, contra los Soberanos de este mundo de tinieblas, contra los espíritus del mal que habitan en el espacio. Por lo tanto, tomen la armadura de Dios, para que puedan resistir en el día malo y mantenerse firmes después de haber superado todos los obstáculos. Permanezcan de pie, ceñidos con el cinturón de la verdad y vistiendo la justicia como coraza. Calcen sus pies con el celo para propagar la Buena Noticia de la paz. Tengan siempre en la mano el escudo de la fe, con el que podrán apagar todas las flechas encendidas del Maligno. Tomen el casco de la salvación, y la espada del Espíritu, que es la Palabra de Dios”.

A diario podemos escuchar a las personas que se revisten con la armadura de Dios, como si de ponerse prendas de vestir se tratara, cuando lo correcto, sería más bien, tomar actitudes y definiciones de largo plazo. Tomar decisiones de verdad que muestren madurez en la Fe. Arrodillarse y decir me pongo el yelmo, o las botas, o la coraza suena hasta divertido y no debe tener más valor que el de expresar en voz alta algunas ideas, claro está que no quiero de ninguna manera descartar la manera tan especial como Dios actúa en los humildes y en los sencillos, a quienes seguramente pondrá la Armadura de Dios solo con que así lo clamen al cielo.
Pero cómo podemos poner en acción la invitación que San Pablo nos hace de vestir la Armadura de Dios.

1.          “Revístanse con la armadura de Dios, para que puedan resistir en el día malo”, es la sagrada comunión la mejor manera de ponerse la armadura de Dios, porque Ella es Dios mismo.

El diablo durante siete días a la semana, las 24 horas del día, trabaja sobre mi alma, si esto es así, ¿por qué no dar a Dios siete días a la semana para que pueda contrarrestar toda esa acción del mal?

Al ingerir la Eucaristía es a Cristo mismo a quien recibimos. Él entra en nosotros que somos el templo del espíritu Santo, y de la misma manera a como lo hizo en el templo de Jerusalén, lo limpia de cosas malas, y así como sacó a los mercaderes, saca y expulsa a los demonios, saca y expulsa todas las cosas malas. Jesús, cuando lo recibimos entra a librar una tremenda batalla espiritual por nosotros, dentro de nosotros.

2.         “Resistir en el día malo y mantenerse firmes después de haber superado todos los obstáculos”, quiere decir resistir al demonio, y así en la carta a Santiago 4,7 dice “sométanse a Dios. Resistan al diablo y huirá de ustedes. “

Y al diablo lo resistimos entregándonos a Dios, por eso le decimos que lo amamos, que tome nuestra voluntad y la aplaste y en su lugar ponga su Divina Voluntad, para eso pedimos la intercesión de la Santísima Virgen María para que con su Inmaculado Corazón podamos fundir nuestro corazón en el Sagrado Corazón de Jesús y así poder arder de amor por Él y en Él y todo esto lo hago de rodillas frente al sagrario.  Allí me debo arrodillar todos los días, así sea solamente por algunos minutos, pues no se necesitan más que unos pocos para poder ofrecerle el día, agradecerle, pedirle perdón y entrar en comunión con Él.  

Así es, esta es la manera en que recibimos el poder y la fuerza para poder resistir en el día malo.

Empezamos con algunos minutos la adoración al Santísimo y el mismo Señor va disponiendo las cosas para que poco a poco podamos pasar más tiempo en su compañía.

3.         “Permanezcan de pie, ceñidos con el cinturón de la verdad”, el cinturón es la prenda que mantiene juntas todas las otras partes de la armadura, así, o de la misma manera como la verdad conecta todas las partes de la vida del creyente.

En el uniforme de los soldados, es el cinturón el que permitía que el soldado se moviera libremente y no se enredara en su túnica. El cinturón también era la prenda en que se enganchaba la espada. La espada, la palabra de Dios, se ciñe en la Verdad. Era pieza cardinal, sostenía todo el uniforme en su posición. La túnica era colocada por dentro de ese cinturón; la espada colgaba del cinturón y la coraza que protegía el tórax también estaba conectada con el cinturón de alguna manera. De tal forma que si el cinturón no estaba bien puesto, era probable que al soldado no le fuera tan bien en la batalla. Parece pues, que el texto nos invita a ceñirnos la cintura con la verdad y esta va a sostener toda mi armadura.

4.         “Y vistiendo la justicia como coraza”, la coraza es central también en la Armadura de Dios, esta pieza protegía el corazón, los pulmones, los intestinos y demás órganos vitales del soldado que iba a la lucha. Esta pieza protege el cuerpo contra los ataques de Satanás y sus huestes.

El corazón para los judíos tenía que ver como con el órgano que simbolizaba la mente y la voluntad, es como lo que está más adentro, por su parte las entrañas eran consideradas el centro de las emociones y los sentimientos, que justamente son las áreas donde el demonio ataca con mayor fuerza a los cristianos. Satanás oscurece la mente con doctrinas falsas, principios falsos y todo tipo de información falsa para confundirnos y desviarnos, confundiendo las emociones y dañando los afectos, la moralidad, la lealtad, etcétera.

Estar vestido con la coraza de justicia significa que vivimos en obediencia al Señor y por lo tanto somos cristianos productivos, hijos de Dios que con nuestro testimonio reflejamos a nuestro Padre celestial.

La coraza de justicia, es pues, la vida de santidad en la que Dios quiere que vivamos. La falta de santidad frustra el propósito de Dios, por eso en Romanos 13, 12-14 nos dice la palabra “la noche está avanzada, y se acerca el día.  Desechemos, pues, las obras de las tinieblas, y vistámonos con las armas de la luz. Andemos como de día, honestamente; no en glotonerías y borracheras, no en lujurias y lascivias, no en contiendas y envidia, sino vestíos del Señor Jesucristo, y no proveáis para los deseos de la carne".

5.         “Calcen sus pies con el celo para propagar la buena noticia de la paz”. Es la invitación para que seamos apóstoles, heraldos del evangelio, difusores de la verdad, la invitación a que prestemos nuestras potencias, nuestros cuerpos, nuestras vidas para llevar a todos los que más podamos las buena nueva de Dios, es poner al servicio de los demás los dones y los bienes que gratuitamente hemos recibido.

6.         “Tengan siempre en la mano el escudo de la fe, con el que podrán apagar todas las flechas encendidas del Maligno”. El escudo del cristiano, es el santo rosario, somos invitados a su rezo diario, pues al unirnos con Santa María, la archienemiga de satanás, Génesis 3,15 y apocalipsis 12, 13-17, estamos adquiriendo la mejor protección posible contra las flechas de satanás.

Ningún otro humano tiene más fe en Cristo que María.  Por eso somos invitados también a consagrarnos a la Santísima Virgen María, esta consagración refuerza nuestro escudo, sabemos que el demonio es muy superior a nosotros en el plano intelectual, su inteligencia es muy superior a la nuestra, por eso en el plano del intelecto no tenemos ninguna oportunidad contra él, pero, también sabemos que el demonio no tiene corazón y que el Corazón Inmaculado de María unido por siempre al Sagrado Corazón de Jesús, es francamente invulnerable a las insidias del demonio, por eso siempre María lo derrota con su corazón Inmaculado y nosotros con ella al tomarla como escudo.

Otra manera de aumentar el escudo de la fe es meditando en la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo, recordemos que mediante ella fue que Jesús derrotó al malo.

Unidos con la Virgen y con Jesús nos volvemos elementos muy difíciles de derrotar. Si clamamos ayuda del cielo, la recibimos pues no estamos solos.

7.         “Tomen el casco de la salvación”, el casco de la salvación, tiene que ver con la confesión de los pecados. Es en la cabeza donde se albergan nuestros pensamientos, con la confesión frecuente aceptamos las reglas de moral, los mandamientos que Dios mismo nos dio. Al ajustar nuestros pensamientos y conducta al querer de Dios, renunciamos a nuestro propio querer.

Mediante la confesión frecuente de nuestras faltas, hacemos una continua renuncia a la acción de satanás en nuestra vida, estamos permanentemente actualizando una de las promesas de nuestro bautismo. Literalmente nos blindamos a la acción de satanás. Se puede leer más de esto en la siguiente entrada:http://maguilera52.blogspot.com.co/2017/11/el-sacramento-de-la-confesion.html, por último,

8.         “y la espada del Espíritu, que es la Palabra de Dios”, en la palabra de Dios está contenida la revelación completa de Dios, la palabra de Dios es viva y es eficaz, el propósito de la Espada del Espíritu, la Biblia, es fortalecernos y permitirnos resistir los ataques de Satanás.  El Espíritu Santo usa el poder de la Palabra para salvar almas y conferirles la fortaleza para alcanzar a la madurez espiritual y poder ser soldados del Señor.  

A medida que vamos conociendo y comprendiendo la Palabra de Dios, tendremos más oportunidades de hacer la Voluntad de Dios, y podremos, por conocerla, ser más eficaces en el propósito de permanecer firmes contra el enemigo de nuestras almas.

Se dice en “Hebreos. 4: 12-13. Porque La Palabra de Dios es viva y eficaz, (1) y más cortante (2) que toda espada de dos filos;(3) y penetra (4) hasta partir el alma y el espíritu, (5) las coyunturas y los tuétanos, (6) y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón. (7)”.

Se dice que uno debe leer diariamente la palabra de Dios, además de que es un diálogo privilegiado con Dios el que se logra, su lectura goza de indulgencia cuando se hace por espacio de media hora continua.


SER PERFECTOS COMO DIOS ES PERFECTO

Cuando uno decide abrazar la religión católica y seguir a Cristo nos encontramos con el hecho de que Dios nos plantea un reto enorme, que es el reto a partir del cual arrancamos nuestro cristianismo: “Por tanto, sean ustedes perfectos como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto” Mateo 5, 48.

En el levítico 19:2 dice “Habla a toda la congregación de los hijos de Israel y diles: ``Seréis santos porque yo, el SEÑOR vuestro Dios, soy santo”.  En el Deuteronomio 18:13 “Serás intachable delante del SEÑOR tu Dios”. En 2 Corintios 7:1 “Por tanto, amados, teniendo estas promesas, limpiémonos de toda inmundicia de la carne y del espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios”.  En Filipenses 3:15 “Así que todos los que somos perfectos, tengamos esta misma actitud; y si en algo tenéis una actitud distinta, eso también os lo revelará Dios”.  Son muchas más las citas que se encuentran a lo largo de la Biblia en este sentido de buscar la perfección, nada más y nada menos que en ser perfectos, como Dios mismo lo es.

Y encontramos muchas reglas sobre la manera en que lograremos cumplir con este enorme reto, por ejemplo en Mateo 5 : 19 – 23, “un joven rico le dice a Jesús que guarda los mandamientos, no mata, no adultera, no dice mentiras, honra a su padre y su madre, ¿pero qué  más? Pregunta el joven. “Jesús le dijo: Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes y dalo a los pobres, ven y sígueme.” Le dice cumple los mandamientos y sígueme.  En todos los tratados de religión hay un capítulo, junto con el de los dogmas, la apologética y el culto, que es el de la moral, donde se estudian los mandamientos de Dios, es decir las cosas que debo hacer y las cosas que debo evitar para lograr esta perfección.

Pero cuando aceptamos el reto de Dios y decidimos ser perfectos y buscar la perfección cristiana, nos debemos preparar para las pruebas.  Pues como dice en el libro del Eclesiástico: “si te has decidido a servir al Señor prepárate para la prueba”, porque tomada la decisión de seguirlo el Señor empieza a acrisolar, a tallar, a moldear al aspirante.

Por eso ECLESIÁSTICO 2, 1-13: “Si te has decidido a servir al Señor, prepárate para la prueba. Conserva recto tu corazón y sé decidido, no te pongas nervioso cuando vengan las dificultades. Apégate al Señor, no te apartes de él; si actúas así, arribarás a buen puerto al final de tus días. Aceptas todo lo que te pase y sé paciente cuando te halles botado en el suelo. Porque así como el oro se purifica en el fuego, así también los que agradan a Dios pasan por el crisol de la humillación. Confía en él y te cuidará; sigue el camino recto y espera en él.  Ustedes que temen al Señor, esperen su misericordia, no se aparten de él, pues podrían caer.  Ustedes que temen al Señor, confíen en él: no perderán su recompensa. Ustedes que temen al Señor, esperen recibir todo lo que vale la pena: esperen misericordia y alegría eterna. Recuerden lo que les pasó a sus antepasados: ¿quién confió en el Señor y se arrepintió de haberlo hecho? ¿Quién perseveró en su temor y fue abandonado?  ¿Quién lo llamó y no fue escuchado? Pues el Señor es ternura y misericordia; perdona nuestros pecados y nos salva en los momentos de angustia. ¡Ay de los flojos que dejan caer sus brazos, ay del pecador que se niega a elegir! ¡Ay de los flojos que no tienen confianza! por eso no serán protegidos. Ay de ustedes que no han perseverado: ¿qué harán cuando el Señor les pida cuentas? Los que temen al Señor no desobedecen sus mandamientos; los que son fieles en amarle siguen sus caminos. Los que temen al Señor tratan de agradarle; los que lo aman se alimentan de su ley. Los que temen al Señor tienen su corazón preparado; se humillan ante él y dicen:  "¡Pongámonos en las manos del Señor más bien que en las de los hombres, pues su misericordia no es menos que su poder!"

Grande es el premio, enormes las recompensas, por eso el camino es duro y difícil. Y así nos lo recuerda en el libro de los Hechos de los Apóstoles capítulo 14, 22, “fortaleciendo los ánimos a los discípulos exhortándolos a que perseveraran en la fe, y diciendo.  Es necesario que a través de muchas tribulaciones entremos en el reino de Dios”.

EL EXORCISMO


Este ministerio es menos un carisma que un signo de la fe, es decir, que para su ejercicio solo se requiere tener Fe, creer en las palabras de Nuestro Señor Jesucristo, no es necesario nada más.  Qué por supuesto, si se reciben carismas del cielo, o unción sacerdotal mucho mejor, pero si usted es laico, basta solo con tener Fe y creerle a Dios, como se demostrará.

El código de derecho canónico establece en su canon 1172, que “nadie puede legítimamente pronunciar exorcismos sobre los posesos, a menos de haber obtenido del ordinario del lugar un permiso particularmente expreso. Este texto viene del artículo 1152 del Código de Derecho Canónico, lo que generaba en la gente la idea errada, que para poder hacer un exorcismo era necesaria siempre la autorización expresa del Obispo del lugar donde se iba a practicar.

Luego salió otro documento oficial del Vaticano, el Catecismo de la Iglesia Católica que arrojó nuevas luces sobre este asunto, cuando dice en el canon 1673, limitando el artículo del código de Derecho Canónico que el exorcismo privado puede ser practicado por cualquier sacerdote y hasta por todo laico, sin ninguna autorización del Obispo, pues dicha autorización se requeriría únicamente para el solemne, limitándolo únicamente a la prudencia con que se debe actuar y siguiendo las normas de la Iglesia.

El exorcismo intenta expulsar a los demonios o liberar del dominio demoníaco gracias a la autoridad espiritual que Jesús ha confiado a su Iglesia. 

Cristo dijo, y así se recoge en Marcos 16,15, que: “a los que crean los acompañarán estas señales expulsarán demonios en mi nombre”, luego de Él los padres de la Iglesia al hablar del exorcismo no le pusieron limitaciones y después los teólogos han sido más o menos unánimes al limitar únicamente al solemne, de la misma manera en que lo hace el código de derecho canónico.

La Iglesia, eso sí, advierte sobre las precauciones que se han de tomar en la práctica de los exorcismos, solemnes o privados.

Hay dos clases de dogmas, los que provienen del magisterio de la Iglesia y que está compuesto por las verdades de Fe Católica, y el que proviene de la Palabra de Dios, está compuesto por las verdades de Fe Divina,  es decir que las verdades establecidas por la palabra son dogmas y como tales son verdades absolutas, definitivas, inmutables, infalibles, irrevocables, incuestionables y absolutamente seguras sobre las cuales no puede flotar ninguna duda.​ Y, una vez proclamado solemnemente, ningún dogma puede ser derogado o negado, ni por el Papa ni por decisión conciliar.​

Limitar los exorcismos, cuya práctica viene dada por la palabra de Dios es un herejía, pues nada más y nada menos trataría de contradecir palabras formales de Cristo.  El magisterio está supeditado a la palabra de Cristo, de ninguna manera puede contradecirla, pues el magisterio la escucha piadosamente, la guarda religiosamente y la explica fielmente, nunca la niega o la contradice.

Si algún señor Obispo opina, de manera personal, que no deban hacerse exorcismo, esa opinión, por ser contraria al evangelio y herética, como se explicó, debe reservarla en ese ámbito, porque al expresarlo en público pone en riesgo su enseñanza auténtica por la cual proclama el evangelio de la salvación.  

FUNDAMENTOS DE ESTE PODER DE EXPULSAR DEMONIOS.

1.       Cristo por su pasión venció a todos sus enemigos y ha participado a la Iglesia de este poder dominador.

Conocemos el poder del demonio, pero también de nuestro propio poder.  Según se relata en San Mateo 16,18, “Yo te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi iglesia, y las puertas del reino de la muerte no prevalecerán contra ella”, nosotros somos la Iglesia y las puertas del Infierno no prevalecerán contra nosotros”, y Lucas 10,19 “os he dado el poder de pisar sobre las serpientes, escorpiones y sobre todo poder del enemigo y NADA OS PODRÁ HACER DAÑO”.

2.       Cada cristiano participa de este poder como bautizado y confirmado, y así como no escapamos de los influjos del maligno, estamos habilitados para combatir y hacerle retroceder su imperio, él es mediador de su derrota.

3.       Como miembro del cuerpo místico de Cristo y de la Iglesia, todo creyente tiene el poder y la autoridad sobre los demonios por el NOMBRE DE JESÚS, para lo que necesita el cumplimiento de las condiciones debidas, a saber: Creer en las promesas de Dios, recordamos nuevamente Marcos 16,17 “17 Y estas señales seguirán a los que creen: En mi nombre echarán fuera demonios;”

Como este es un poder absoluto, toda vez que fue dado por Cristo, nadie puede contradecirlo, ni siquiera el magisterio de la Iglesia.

4.       La liberación de los posesos ocupa un lugar considerable en la vida pública de Jesús como se narra en los evangelios: Marcos 1,32-34; Mateo 4, 23-24; Lucas, 7,21; Lucas 8,2.  Pero también asocia en ese ministerio a los apóstoles, Mateo 10,1; Marcos 6,7; Lucas 9,1; pero también vincula en el mismo a sus discípulos, a los 72, como consta en Lucas  10, 17-20 y por último cuando nos asocia a todos en el mismo según consta en el varias veces citado Marcos 16,17, solo se necesita ser bautizado y creer para poder expulsar demonios.  De hecho, se narra la historia de los hijos de un tal Esceva que siendo judíos pero no bautizados practicaban exorcismos como muchos otros, y fueron confrontados por el demonio, que los agredió de mala manera sacándolos de la casa desnudos y heridos, como bien lo narra el libro de los Hechos de los Apóstoles capítulo 19, 13-16.

Hasta acá parece que el poder de expulsar demonios viene dado por nuestro señor Jesucristo a todos los bautizados con el único requisito de creer, no es necesario ser ungido, o tener que recibir imposición de manos, o permiso especial de nadie, únicamente creer y tomar precauciones mínimas, más adelante indicaré cuales son.

PRIMEROS AÑOS DE LA IGLESIA, Padres de la Iglesia

Todos los cristianos: clérigos y laicos por el nombre de Jesucristo expulsan a los demonios, así lo sostiene Tertuliano en un relato, en el que dice a algunos paganos, traigan a los poseídos por el demonio y cualquier Cristiano en el Nombre de Cristo expulsará a esos demonios, el poder se toma por el solo nombre de Cristo.

Orígenes, por ejemplo, dice, “la mayoría de los Cristianos expulsan a los energúmenos y esto sin la ayuda de vanas prácticas mágicas o de hechizos, por las oraciones simplemente y por simples conjuraciones de que el hombre menos culto es capaz.  De hecho, son ignorante con más frecuencia los que hacen esto.

ENSEÑANZA COMÚN, Teólogos

Los teólogos enseñan que contra la influencia diabólica los remedios son las penitencias, los sacramentos, los sacramentales y los exorcismos, el solemne que se hace en nombre de la Iglesia y el privado que se hace en propio nombre.

El exorcismo solemne tiene forma, ritual, vestiduras, liturgia; el privado, es libre, se puede usar el ritual romano o fórmulas abreviadas, su eficacia se deriva del poder del Nombre de Dios y de Jesucristo, su eficacia no se deriva de la autoridad o de las oraciones de la Iglesia, ni es realizado en nombre de la Iglesia, como sí el solemne.  A los laicos se les pide prudencia.